10 de septiembre de 2021

Review de "Valley of the T. rex" (El Valle del T. rex)

Luego de un largo tiempo sin publicar una entrada (por lo cual me disculpo), hoy regreso con una bastante extensa. Y es que en conmemoración a su aniversario #20, esta vez hablaremos de un documental bastante controversial y... Bueno, seamos francos. La verdad, es un documental con una narrativa bastante cuestionable y de poco valor informativo. Dado que no recomiendo este documental, hasta nuevo aviso no encontrará un link en esta entrada mediante el que pueda acceder a verlo (aunque si lo desea, puedo publicar otra más adelante en la que incluya uno, lo cual puede solicitar en los comentarios), sino que simplemente me limitaré a hacer una reseña del mismo. Como ya habrá visto en el título, hablamos de "El Valle del T. rex".

Imagen de Discovery Channel

El Valle del T. rex es un documental de origen estadounidense emitido por primera vez el 10 de septiembre de 2001 por Discovery Channel y es tan malo que el día después de su estreno, Al Qaeda lanzó un ataque terrorista a EE.UU en el que murieron cerca de 3,000 personas inocentes (y sí, tomé ese chiste de RickRaptor105, así que crédito a él por el humor retorcido). Sin embargo, el hombre directamente responsable vivió para contarlo y aún sigue respirando y haciendo de las suyas. Se trata del Dr. John (Jack) R. Horner, quien actúa como presentador y único asesor científico del programa.

John (Jack) R. Horner
Imagen de pholder.com

Ups. Los siento. Me equivoqué de imagen.

Dr. John (Jack) R. Horner
Imagen de fossil.fandom.com

Ahora sí. Me disculpo nuevamente. Es que casi no podía distinguirlos.

El hilo conductor del programa es la hipótesis de que el famoso Tyrannosaurus rex era incapaz de cazar, siendo un animal exclusivamente carroñero que se limitaba a alimentarse de criaturas que ya habían muerto antes de que se topara ellas, hipótesis cuyo principal (por no decir "único") expositor en la comunidad científica es el propio Dr. Horner, el cual a lo largo del programa presenta argumentos para apoyar esta idea.

Ahora bien, antes de continuar quisiera dejar clara una cosa: El documental no es malo por sugerir que el T. rex era obligatoriamente carroñero. De hecho, en ese aspecto hay que darle crédito por incentivar el pensamiento crítico, especialmente cuando se tiene en cuenta que la imagen popular del T. rex como depredador activo parece estar inculcada en el subconsciente de las masas y ser mundialmente aceptada sin cuestionamiento alguno cuando se supone que uno de los pilares del conocimiento científico es la duda y como producto de ésta, la falsabilidad de hipótesis y teorías (es decir, que éstas sean sujetas a pruebas que puedan contradecirlas para así poder corroborarse). Con eso dicho, la razón por la que el documental es malo como medio didáctico es más bien por la lógica que utiliza y los argumentos con los que procura respaldarla, siendo obvio que su objetivo no necesariamente es educar a la audiencia, sino simplemente ser sensacionalista y llamar la atención del espectador partiendo de una premisa poco convencional, lo que se refleja en la poca solidez de dichos argumentos.

Terminada esta introducción, comencemos con la "review".

El documental comienza con un prólogo que nos explica cómo el Tyrannosaurus rex ha sido popularizado como un depredador feroz desde su descubrimiento y que es muy difícil derribar esa hipótesis pese a que no hay evidencia que la respalde. Y con esto ya empezamos mal, pues si bien es cierto que T. rex fue proclamado como un depredador desde el principio, para el punto en que el documental fue lanzado, ya eso no era una hipótesis, pues desde poco antes había indicios de que éste cazaba presas vivas en el registro fósil y de hecho, esto ya había sido mencionado en programas emitidos previamente, como por ejemplo, el episodio de La Guía Máxima dedicado al Tyrannosaurus rex (del cual podríamos hablar en otra entrada), en el que curiosamente también participó Horner. En un corto segmento de dicho programa el Dr. Kenneth Carpenter nos muestra el ejemplar de Edmontosaurus DMNH 1493, el cual presenta una serie de vértebras caudales con daños en las espinas neurales. A una de ellas incluso le falta un trozo. Carpenter explica que por la forma del daño, la espina neural aparenta haber sido arrancada de una mordida y que el único animal carnívoro con las características necesarias para producir una herida así en el entorno del Edmontosaurus era el Tyrannosaurus rex, lo cual es respaldado por el hecho de que la herida en la vértebra coincide con la forma de los dientes de un T. rex adulto. Lo más curioso sin embargo, es que la herida muestra signos de cicatrización, lo que indica que ese Edmontosaurus vivió lo suficiente después de recibir la herida como para que ésta sanara, lo que según Carpenter, se traduce en que un T. rex lo atacó mientras estaba vivo. A continuación, una serie de capturas del segmento en el que el Dr. Carpenter explica esto. Desde ya les sugiero que se acostumbren a estas imágenes porque las verán varias veces más en esta entrada.

Traducción: "Si observamos aquí, veremos que falta parte de esta espina. Hay una linda ranura aquí en la que si coloco un diente de Tyrannosaurus veremos que encaja bastante bien. Entonces, lo más probable es que esta parte de la vértebra fue arrancada de una mordida por un Tyrannosaurus rex que atacó por atrás desde la derecha. Interesantemente, vemos recrecimiento óseo alrededor de la espina y de las marcas de mordida, lo que indica que este animal sobrevivió al ataque."
Imágenes de Discovery Channel

*Nota: Disculpen la calidad de los subtítulos. Las capturas provienen de un video en YouTube, por lo que algunas partes se repiten debido al desplazamiento del texto. En vista a esto, subrayé en rojo las partes donde continúa el diálogo en aquellas capturas donde aún queda parte del texto anterior.

Sólo este dato desacredita el prólogo y toda la premisa de "El Valle del T. rex" incluso antes de que el programa si quiera termine su introducción. Sin embargo, el documental lo ignora por completo (presuntamente por conveniencia, aunque arriesgándose a quedar en ridículo, lo cual hace) y procede a maquillarse y a ponerse una peluca colorida acompañada de una nariz falsa de color rojo mientras se dispone a contar un laaargo chiste... Quiero decir, se viste de gala mientras se dispone a presentar una serie de argumentos para respaldar una idea cuya solidez iremos analizando conforme avancemos en la entrada.

Tras la introducción, vemos una secuencia en la que se nos muestra a un T. rex cazando a una manada de Edmontosaurus hace 66 millones de años en lo que hoy es el estado de Montana y dispersándola hasta alcanzar y derribar a uno de ellos. Entre tanto, cortes ocasionales nos remontan al Siglo XXI y nos muestran al Dr. Horner preparando una expedición a la formación Hell Creek mientras propone desafiar esa imagen del T. rex al no haber pruebas de que éste haya sido capaz de cazar presas vivas y que por el contrario, todo apunta a que sólo se habría alimentado de restos de animales que habían muerto antes de que los interceptara.

No obstante, tres años antes:

Imágenes de Discovery Channel

Horner indica que parece haber una tendencia parcial en contra de la idea de que el T. rex era exclusivamente carroñero, lo cual supone un desafío para cambiar la mentalidad del público. Y bueno, tal vez en esa parte tiene razón. Lo que no tiene es relevancia para lo que está tratando de demostrar, pues lo que la gente crea no tiene la más mínima importancia a la hora de sustentar un punto, contrario a lo que dice la evidencia. Al fin y al cabo, una opinión impopular no va a ser aceptada porque haya conciencia de que es impopular. No obstante, al menos hay que darle crédito por simplemente aludir a la parcialidad en lugar de irse por la línea de "Tenemos nueva evidencia que lo hará replantearse lo que cree saber del T. rex", la cual funcionaría bien para un programa con una premisa con más respaldo científico, pero no para esta comedia. De hecho, es irónico que haga referencia a esto, pues poco después Horner explica que hay aspectos de la vida de los dinosaurios que los fósiles no pueden decirnos, tales como su comportamiento específico, lo cual si bien es cierto, cabe resaltar que el documental se vale de este comentario de una manera no muy plausible, pues pese a que los fósiles no nos dan todas las respuestas, nos pueden dar pistas y en este caso, hay pistas que sugieren que el T. rex cazaba presas vivas, pero son ignoradas por completo en el programa, irónicamente asumiendo una postura parcial.

De aquí pasamos a quizá una de las pocas cosas que vale la pena ver en el documental: la excavación de nuevos fósiles de T. rex por parte de un equipo del Museo de las Rocosas, con Horner indicando que espera recuperar partes completas del esqueleto no recuperadas en ejemplares previamente desenterrados, tales como la cola. Esto lo lleva a aludir al ejemplar comúnmente conocido como Wankel Rex (en honor a su descubridora, Kathy Wankel), desenterrado en 1988 por un equipo encabezado por el propio Horner, siendo el primer espécimen en el que se encontró un brazo completo. Y aquí es donde se empieza a abrir el telón para la entrada del payaso.

Horner destaca que se sorprende con lo cortos que son los brazos del T. rex  y empieza a contar chistes... Quiero decir, a presentar argumentos por la línea de que no tiene sentido que un depredador tenga brazos tan cortos. Para empezar, según Horner, estos brazos no le permitirían sujetar a la presa mientras ésta forcejea ni tampoco frenar caídas o levantarse después de una mientras luchaba para abatir a una víctima potencial como muchos depredadores terrestres de hoy. Sin embargo, parece olvidar algunas cosas:

1. No todas las especies de depredadores cazan de la misma manera ni emplean las mismas estrategias de caza, sino que cada una cuenta con mecanismos especializados para atrapar y derribar a sus víctimas según lo dispongan sus adaptaciones. Es de tener en cuenta por ejemplo, que no todos los depredadores terrestres se valen de sus extremidades delanteras para sujetar a su presa al momento de cazar. De hecho, hay depredadores, tales como las serpientes, que ni siquiera presentan extremidades, mas no por eso carecen de mecanismos para matar a sus presas (como un cuerpo constrictor o glándulas venenosas, dependiendo de la especie). Por otra parte, los caninos salvajes, como los lobos y los licaones, tienden a recurrir únicamente a sus fauces al atacar presas vivas. De modo que decir que un animal es incapaz de cazar porque no tiene extremidades aptas para sujetar una víctima resistente podría considerarse una falacia de hombre de paja. Es probable que el Tyrannosaurus simplemente no necesitara extremidades largas y fuertes para capturar y matar a sus presas, especialmente cuando se considera que éste era poseedor de las fauces con la mayor fuerza de mordida registrada hasta ahora en un dinosaurio.

2. El registro fósil indica que había carnívoros terrestres con extremidades delanteras aún más cortas que las del T. rex, tales como los fororrácidos (las llamadas "aves del terror") y los abelisáuridos, de los cuales se sabe que tenían adaptaciones que probablemente les habrían permitido cazar (como patas traseras aptas para correr y por consiguiente, para perseguir presas relativamente rápidas... y es muy poco probable que un animal ya muerto caiga en esta categoría). 

3. No hay pruebas que sugieran que los terópodos utilizaban sus extremidades delanteras para frenar caídas (de hecho, la disposición de sus brazos no parece estar hecha para eso). No obstante, eso no necesariamente es impedimento para que pudiesen volver a ponerse de pie después de una (siempre y cuando no haya sufrido lesiones serias, lo cual no siempre es el caso, como parece indicar Horner). 

"Mira, Mamá. Me puedo levantar sin manos."
Video del canal RM Videos de YouTube

Luego de una breve explicación de lo que es el límite K/Pg y el papel de la estratigrafía a la hora de saber dónde buscar fósiles de dinosaurios en el campo, Horner recurre nuevamente al ejemplar Wankel Rex, esta vez aludiendo a su diseño corporal como un animal macizo y robusto y cuyas patas traseras no parecen estar hechas para moverse a gran velocidad.

Dejando de lado que de momento no es posible determinar con exactitud la rapidez a la que podía moverse un animal extinto y que las estimaciones sobre la velocidad máxima que podía alcanzar el T. rex varían desde los 11 km/h hasta los 40 km/h dependiendo del método y las herramientas implementadas en cada estudio realizado sobre ese aspecto, Horner nuevamente parece desconsiderar un par de cosas:

1. Gracias al registro fósil, sabemos que el menú de un T. rex adulto consistía en dinosaurios herbívoros similares en peso, tales como Edmontosaurus y Triceratops, los cuales, por su complexión corporal y su diseño anatómico, probablemente no hubiesen podido desplazarse mucho más rápido que él, a lo que cabe agregar que a fin de minimizar el gasto de energía y el riesgo de sufrir daños, los depredadores generalmente tienden a cazar a las presas más fácilmente accesibles, como los individuos heridos, enfermos o seniles de las especies que cazan, por lo que es posible que el T. rex no necesitara ser un corredor veloz para alcanzarlos si huían de él.

2. Aún si los animales de los que se alimentaba fuesen más rápidos, es de tener en cuenta que no todas las especies depredadoras necesitan correr a altas velocidades para atrapar a su presa, habiendo diferentes estrategias de caza en las que la rapidez pasa a un plano secundario. Los licaones, por ejemplo, emplean la caza por persistencia, la cual consiste en perseguir a sus presas a paso lento, pero consistente, mientras éstas corren por tramos cortos intentando huir, gastando mucha energía y quedando exhaustas en el proceso hasta terminar por ser alcanzadas sin poder hacer mucho para defenderse, estando la ventaja del depredador en la resistencia y en la minimización del gasto de energía más que en la velocidad. Por otra parte, está la cacería grupal, estrategia mediante la que varios individuos de la especie depredadora forman grupos que les permiten acorralar a su presa potencial, algo para lo que la rapidez no es tan importante como la coordinación. Cabe la posibilidad de que el T. rex empleara alguna estrategia similar (sin perder de perspectiva lo mencionado en el punto anterior de que los depredadores tienden a cazar principalmente a los individuos generalmente débiles y el T. rex probablemente no era la excepción) y de hecho, hay indicios de comportamiento gregario en la familia de los tiranosaurios. Eso, por mencionar algunos ejemplos.

A su vez, Horner sugiere que durante el Maastrichtiano el rol de depredadores en lo que hoy es la formación Hell Creek lo ocupaban terópodos pequeños y ágiles como los dromeosáuridos, aparentemente olvidando que éstos eran criaturas notablemente frágiles y pese a que para el tiempo en que fue emitido el documental la idea de que éstos cazaban en grupo era comúnmente aceptada, incluso en ese entonces la mayoría de los expertos parecía coincidir en que éstos probablemente lo pensarían dos veces antes de intentar atacar a un Triceratops o un Edmontosaurus adulto, ya que aún en grupo, lo más probable es que acabaran muertos antes que la presa (si no morían aplastados en el proceso de derribarla, probablemente terminarían exhaustos antes que ella), por lo que lo más probable es que se limitaran a cazar individuos juveniles. A eso cabe agregar que de acuerdo a lo indicado en el registro fósil hasta ahora, estos herbívoros de al menos, 6 toneladas eran los más comunes de ese ecosistema y dado que los dormeosaurios difícilmente habían podido abatir individuos maduros, el único candidato entre los carnívoros encontrados hasta ahora con potencial para hacerlo y mantener la población de éstos a un nivel estable para el ecosistema era el T. rex.

Tras esto, Horner parece empezar a quedarse sin argumentos (lo cual se refuerza cuando se tiene en cuenta que a partir de aquí, la lógica que utiliza para fundamentarlos cae en picada... más de lo que lo ha hecho hasta ahora, por imposible que parezca) y aparentemente decide apelar a las emociones del público diciendo cosas como: "Los estudiantes de cuarto a sexto grado se muestran testarudos, me critican y me lanzan cosas, se niegan a creerlo aún pese a que yo también crecí creyendo que el T. rex era un depredador."

Pobrecito Horner. Ya no necesito más argumentos. Esto era justo lo que hacía falta para convencerme... No de que el T. rex fue exclusivamente carroñero, sino de que el buen Dr. Horner sólo quiere llamar la atención. Es simplemente increíble que esto venga de un hombre adulto y especialmente, de un científico. No sé cómo pretende ser tomado en serio dándole suficiente importancia a las mofas de algunos niños de primaria como para hacer mención de ello en un programa presuntamente de ciencia. Esto no prueba otra cosa fuera de que Horner parece tendencioso al victimismo y si de verdad pretende sustentar su hipótesis,  debería limitarse a presentar datos objetivos. Poner aspectos personales o sentimentales sobre la mesa es contraproducente, pues refleja parcialidad en un ámbito en el que se supone que se sea neutral.

Pero se pone mejor. Justo después, Horner dice lo siguiente: "Todo lo que intento hacer es lograr que la gente piense en hacer ciencia objetiva. Que no partan de ideas preconcebidas. No me importa si el T. rex fue depredador. Muéstrenme la evidencia."

De acuerdo. Permítame referirlo a su colega, el Dr. Carpenter. Él se la puede mostrar. Aquí está:

Imágenes de Discovery Channel

¿Quiere más? Después de que lanzó este trabajo de propaganda sensacionalista se encontraron estas otras:

  • Una parte de la gola del ejemplar de Triceratops VMNH 120763, el cual presenta marcas de mordida que coinciden con la forma y el tamaño de los dientes de un T. rex. Los círculos rojos en la foto original (a la izquierda) señalan las lesiones en el hueso. La imagen en rayos X a la derecha muestra que el área afectada es más densa que el hueso a su alrededor, lo que indica recrecimiento óseo. La única forma de que esto haya ocurrido es que el Triceratops hubiese vivido lo suficiente después de recibir esta herida como para que ésta cicatrizara.

Imagen de myfossil.org

  • El cuerno izquierdo roto del mismo ejemplar de Triceratops (VMNH 120763), el cual también presenta dos marcas de dientes (señaladas por las flechas amarillas) que coinciden con la forma y el tamaño de los de un T. rex, sugiriendo que éste fue el responsable de la ruptura del hueso. Al igual que el trozo de la gola, las lesiones del cuerno muestran signos de cicatrización.

Imagen de myfossil.org

  • Lo que podríamos llamar "la pistola humeante" (por hispanizar la expresión de origen anglosajón, "the smoking gun" usualmente utilizada para referirse a una prueba innegable): El espécimen PBMNH.P.09.039, consistente en un par de vértebras caudales de hadrosaurio (probablemente, Edmontosaurus) con un trozo de la corona de un diente de T. rex incrustado en una de ellas, el cual está parcialmente cubierto por una capa de hueso regenerado de la vértebra, indicando que, como el Triceratops en el caso anterior, este hadrosaurio fue mordido por un T. rex en vida y sobrevivió el tiempo suficiente después del ataque como para que la herida cicatrizara y el recrecimiento óseo cubriera parte del diente. Las vértebras muestran también indicios de una posible infección, la cual pudo o no haber sido consecuencia de la mordida.

La foto original a la izquierda muestra la vértebra a simple vista con el diente recubierto por hueso regenerado, mientras que la imagen en rayos X a la derecha muestra el diente con más detalle.
Imágenes de PNAS

Dicho esto, lo apoyo en eso de no partir de ideas preconcebidas y hacer ciencia objetiva, pero es difícil tomarle en serio estas palabras cuando segundos antes se ponía en el papel de víctima en un claro intento de incitar al sentimentalismo. Por si eso no fuese suficiente, pedir evidencia cuando sabe que la tiene y simplemente la ignora de manera deliberada no es hacer ciencia objetiva; es hacer el ridículo.

Siguiendo con el programa, éste luego pasa a lo que quizá es la parte más interesante: El hallazgo de un nuevo ejemplar que posteriormente es apodado "G Rex", el cual destaca por ser el más antiguo encontrado hasta la fecha. Usualmente, las implicaciones de este hallazgo darían tela para toda case de interrogantes sobre los orígenes de la especie, el rango temporal durante el que vivió, los cambios en el entorno durante ese período de tiempo y su posible rol en la extinción de la especie, entre otras. Horner sin embargo, aparentemente no puede evitar limitarse a sacar argumentos para su hipótesis del T. rex carroñero, proponiendo que este ejemplar refleja cómo la estructura ósea de las patas traseras parece haber evolucionado para hacer a éste más lento con cada generación que pasaba y por consiguiente, menos capaz de perseguir presas. Esto debido a que el nuevo ejemplar presenta un fémur y una tibia de longitud similar, mientras que en ejemplares encontrados en rocas más recientes se ve un fémur más largo que la tibia, lo que según Horner, es indicativo de un animal lento.

Tomemos un momento para analizar esto. Tras que no hay forma de determinar con exactitud la rapidez a la que podía desplazarse un T. rex (o cualquier especie fósil), la conclusión de Horner parece apresurada y hasta forzada a fin de meterla en el programa como fuese. Para empezar, mediciones realizadas a posteriori indican que el fémur del ejemplar "G Rex" mide aproximadamente, 1.26 metros de largo, mientras que su tibia apenas alcanza los 1.12 metros, lo que levanta dudas sobre las dimensiones estimadas para estos huesos y a su vez, hace cuestionable el escenario propuesto por Horner (especialmente considerando que él nunca especifica las medidas exactas de los huesos de este ejemplar en el programa). Por otra parte, aún si lo que dice Horner fuese verdad, hacen falta varios ejemplares para hacer las debidas comparaciones y así poder probar su hipótesis de que las proporciones de los huesos del T. rex iban cambiando a medida que pasaban las generaciones; no basta con uno solo, pues es de tener en cuenta que los individuos de una misma especie no necesariamente tienen todos los huesos iguales (ni siquiera nosotros, los humanos). Tercero, aún si su teoría fuese correcta y pese a que en animales no corredores es común encontrar una disposición de las patas traseras en la que el fémur es más largo que la tibia, es de tener en cuenta que ese no siempre es el caso. Por poner un ejemplo visual, la siguiente imagen muestra la anatomía de una de las patas traseras de un caballo, una criatura que puede correr a más de 50 km/h:

Diagrama anatómico por Blue Roan Pony modificado por un servidor para resaltar el fémur (en azul) y la tibia (en rojo)

Vemos que el caballo también presenta un fémur más largo que la tibia, por lo que la relación entre las proporciones de estos huesos y la velocidad a la que puede desplazarse un animal no debería tratarse como una regla general, pues no es el único factor a tener en cuenta a la hora de determinar si un animal es capaz de correr o no. Por ejemplo, en el caso del caballo, unos metatarsos (la parte ósea de la pata que conecta los huesos de los dedos con los tobillos y que en el diagrama de arriba está identificada como "cannon bone") relativamente largos también influyen en su capacidad locomotora al permitirle cubrir más distancia en un solo paso. Curiosamente, esta característica también puede verse en el T. rex y según algunos paleontólogos, como el Dr. Thomas Holtz, probablemente habría compensado las potenciales limitaciones de tener una tibia proporcionalmente más corta que el fémur a la hora de desplazarse, algo a lo que Horner no hace referencia en el programa. Por supuesto, también cabe considerar que el caballo y el T. rex tienen métodos de locomoción muy diferentes (el caballo es un cuadrúpedo y el T. rex era bípedo) y que hay una notable diferencia en masa entre ambos, así que esto no automáticamente se traduce en que un T. rex fuese capaz de correr como un caballo. Sin embargo, es de tener en cuenta que una configuración ósea en la que el fémur es más largo que la tibia no necesariamente es impedimento para que un animal pueda correr o moverse con relativa rapidez. Por otra parte, cabe mencionar que desde antes del lanzamiento del documental, se había observado en el T. rex (y en los tiranosáuridos en general) la condición arctometatarsiana, la cual se caracteriza por un metatarso central comprimido por aquellos que lo rodean, formando una sola pieza, con lo que la fuerza aplicada a estos huesos durante la actividad locomotora se habría distribuido de manera uniforme, aparte de probablemente haber reducido la movilidad entre los huesos del pie al realizar movimientos ágiles, haciendo más eficientes dichos movimientos. Pese a que no se puede determinar con certeza qué papel habría jugado en un animal con las características de un T. rex adulto, es de tener en cuenta que esta condición es comúnmente encontrada en dinosaurios (particularmente, coelurosaurios) con adaptaciones formidables para desplazarse con rapidez, tales como los ornitomimosaurios y los troodóntidos y el consenso es que lo más probable es que sirviese para ayudarles a correr más eficientemente, dando espacio a la posibilidad de que el T. rex también tuviese cierta capacidad para correr (quizá, especialmente durante su juventud). Sin embargo, Horner no hace la más mínima mención de esta característica en el programa ni siquiera para presentar un contraargumento.

El documental continúa con Horner insistiendo en ahondar más en la biología del Tyrannosaurus y en la tumba de su propia dignidad al disponerse a examinar un molde del endocasto (la cavidad donde se sitúa el cerebro) de un T. rex para tener una idea de cómo estaba configurado el cerebro de éste. Horner señala que los lóbulos olfativos parecen estar muy bien desarrollados, lo que sugiere un agudo sentido del olfato, mientras que los nervios ópticos parecían pequeños en comparación, lo que lo lleva a sugerir que el T. rex probablemente no podía ver muy bien en un ambiente de poca luz. Esto lo lleva a proponer que lo más probable sería que el T. rex se especializara en detectar cadáveres a gran distancia gracias a su agudo sentido del olfato, algo para lo que no sería muy necesario tener una visión excelente, como sí lo habría sido para un depredador.

Siendo justos, la visión del T. rex no había sido estudiada muy a fondo para el tiempo en que fue emitido el programa, por lo que pese a que hoy tenemos estudios que  indican que el T. rex probablemente tenía mayor agudeza visual que los halcones modernos (los cuales a su vez tienen casi cuatro veces mayor agudeza visual que los humanos), en retrospectiva se le podría dar al documental el beneficio de la duda en cuanto a los detalles sobre la visión del T. rex. Sin embargo, no por eso queda completamente impune. Para empezar, Horner parece aludir exclusivamente a las limitaciones del T. rex para ver en ambientes poco iluminados, lo cual no dice mucho sobre su capacidad para cazar fuera de que probablemente no era un depredador nocturno (lo cual no es razón para suponer que era completamente incapaz de cazar, sino que simplemente es probable que se limitara a hacerlo durante el día). Fuera de eso, Horner parece desconsiderar (o tal vez, omitir deliberadamente) algo que sí se sabía desde antes del lanzamiento del documental y que nos da pistas de que el T. rex pudo haber cazado presas vivas. Se trata del hecho de que el T. rex tenía visión binocular estereoscópica, con ojos situados en la parte alta de la cabeza y posicionados hacia el frente.

Esto le habría permitido percibir la profundidad y divisar objetos de interés desde un punto ventajoso y sin ser estorbado por su propio hocico, siendo una adaptación beneficiosa para fijar un objetivo a distancia, para permitirle enfocarse en una presa en particular cuando ésta fuese parte de un grupo más grande y para mantenerse atento a posibles obstáculos o amenazas al enfrentar a una presa potencial, resultando muy útil si ésta tiene cuernos en su cabeza o un mazo óseo en la punta de la cola.

Por supuesto, no porque un animal sea depredador debe tener visión binocular, pero encontrar esta característica en un animal carnívoro incrementa las probabilidades de que este sea el caso, ya que usualmente encontramos esta adaptación en dos tipos de animales:

1. Depredadores terrestres que utilizan el sentido de la vista para percibir la distancia entre ellos y sus presas, tales como los felinos, los caninos y las aves rapaces.

2. Animales con la capacidad de trepar árboles y que requieren percibir la distancia entre ellos y las ramas a fin de movilizarse en ese medio, tales como los primates.

Y seamos francos. No parece muy plausible que un animal carnívoro de más de 6 toneladas de peso con brazos cortos pudiese o tuviese necesidad de trepar árboles y moverse de rama en rama, ¿o sí?

Video de 3rdAxis de YouTube

Vale. Retiro lo dicho. No tengo forma de negar la evidencia cuando la tengo frente a mis ojos. Tal parece que el T. rex efectivamente es un trepador de árboles. ¿Cómo no lo vi venir?

Pero dejando el sarcasmo de lado y continuando con el programa, Horner procede a comparar los bulbos olfativos del T. rex con los de un buitre moderno, notando que ambos son muy similares. Horner indica que, como carroñeros, los buitres se valen de su agudo sentido del olfato para detectar cadáveres a distancias considerables y dado que el T. rex presenta bulbos olfativos tan desarrollados como los de los buitres de hoy, éste también debió haberse valido de su agudo sentido del olfato para detectar cadáveres a gran distancia e ir por ellos. Partiendo de esta lógica, podemos retomar el sarcasmo y decir que la punta del pico de los buitres es triangular y la punta de los dientes del T. rex también es triangular. Ilumnati confirmado.

Imagen de jhonnys_house de tenor.com

En este punto, la amnesia de Horner parece haber alcanzado un punto crítico, pues parece haber olvidado que muchos depredadores, tales como los caninos salvajes también tienen un sentido del olfato altamente desarrollado que no sólo les permite detectar presas vivas a distancias que exceden su campo visual, sino también seguir su rastro si éstas se alejan. Eso, sin mencionar que los buitres pueden permitirse recorrer grandes distancias en busca de carroña porque pueden llegar a ella volando y dado que son excelentes planeadores, gastan muy poca energía en el trayecto. El T. rex, a diferencia de los buitres, tendría que caminar hasta su comida, lo cual implicaría un mayor gasto de energía, ya que tendría que mantenerse en constante movimiento, sin mencionar la posibilidad de que para cuando un T. rex alcanzara una fuente de alimento potencial, otros carroñeros hubiesen llegado antes y consumido ya la mayoría de los restos.

Tras condenar al T. rex a llevar una vida de trotamundos casi estando a dieta, Horner dice que hasta que alguien aparezca con evidencia de lo contrario, todo apunta a que el T. rex fue 100% carroñero.

Video extraído del canal BusterPrime1 de YouTube

Parece un buen momento para convocar nuevamente al Dr. Carpenter, ¿no?

Imágenes de Discovery Channel

¿Quiere hablar sobre eso, Dr. Horner? Aún está a tiempo para salvar su dignidad, ¿sabe? Todavía quedan 16 minutos y medio de documental... ¿O debería decir, "propaganda"?

Pues creo que debería quedarme con el término "propaganda" porque luego de esto y de algunas tomas del equipo desenterrando más fósiles de T. rex y de un Edmontosaurus en las rocas de Hell Creek, Horner procede a hablar de cómo los dientes del T. rex también sugieren que era exclusivamente carroñero, recurriendo a un sacro de Triceratops hallado en 1990 con marcas de mordida en las que un diente de T. rex encaja a la perfección. Horner indica que eso prueba que el T. rex se alimentó de ese Triceratops, pero no que lo mató, lo cual es muy cierto. No obstante, es de tener en cuenta que si un T. rex tenía una cacería exitosa y mataba a otro animal del cual posteriormente se habría alimentado, hoy no habría forma de probarlo, contrario a lo que sucedería en el caso de un intento fallido en el que el T. rex atacara a la víctima sin lograr matarla y ésta viviera lo suficiente después del evento como para que las heridas producidas en el ataque sanaran, que es lo que aparentemente ocurrió con los ejemplares mencionados más arriba. Pero volviendo al programa, Horner parte de lo observado en el sacro de Triceratops para sugerir que siendo un triturador de huesos, el T. rex debió ser el tipo de carnívoro que evolucionó para mordisquear los restos de las víctimas de otros carnívoros después de que éstos hubiesen desgarrado una buena parte de la carne y el tejido.

Video de Ben Latham de YouTube

Aún sintiendo que he perdido una docena de neuronas tras escuchar esto, simplemente no puedo sacarle sentido, pues es como decir que animales conocidos por triturar o romper huesos con sus mandíbulas, tales como los lobos, las hienas, los cocodrilos y los caimanes, por mencionar algunos ejemplos, no deberían ser depredadores porque esta adaptación es indicio de que evolucionaron para mordisquear restos pese a que es evidente que son depredadores y que de hecho, se valen de ella para matar a sus presas (se ha visto por ejemplo, cómo pueden inmovilizar a sus víctimas al lesionar huesos de sus extremidades con sus fuertes mordidas). En este punto, lo que refleja Horner no es amnesia; es demencia.

A medida que concluye la expedición y con ella, el documental (gracias al cielo), Horner, inspirándose en los buitres e irónicamente, en las hienas (de las cuales se sabe que son depredadores), visualiza y presenta una nueva imagen del T. rex conforme a la información (que más bien es desinformación) que nos ha estado exponiendo a lo largo del programa. Según Horner, el T. rex, como carroñero, debió ser una criatura de aspecto repulsivo y que constantemente tuviese mal olor debido al frecuente contacto con la carne putrefacta de la que generalmente se alimentaba, lo que le habría ayudado a ahuyentar a otros carnívoros para robar su comida.

Video extraído del canal de YouTube VideosCortosAPM

Así, el Dr. Horner nos introduce a su "Thicc Rex": Una criatura bastante robusta con una cabeza roja y llena de verrugas y otras protuberancias con un cuerpo de coloración oscura y que guiada por su olfato, avanza lentamente hacia los cuerpos en descomposición de otros animales, espantando a cualquier otro ser que ya se estuviese alimentando de ellos con su apariencia abominable y dándole un giro de 180 grados al escenario que vimos al inicio como representación de la imagen popular del Tyrannosaurus rex.

El "Thicc Rex" de Horner
Imágenes de Discovery Channel

Si bien es cierto que el escenario presentado al comienzo del programa no parece del todo plausible (ya que representa al T. rex mayormente como un depredador por persecución), la visión propuesta por Horner al final lo parece menos aún por una sencilla razón:

Imagen extraída de giphy.com

Sucede que incluso los fundamentos de los que parte Horner para recrear este escenario hipotético requieren algunas correcciones. Para empezar, cabe señalar que las hienas, a las que, siendo depredadores, Horner se refiere como carroñeros y utiliza como ejemplo para sugerir que el T. rex debió espantar a otros carnívoros que se estuviesen alimentando previamente de los cadáveres con su mal olor y aspecto grotesco, no ahuyentan a sus rivales por su esencia o apariencia, sino porque pueden agredirlos e incluso, matarlos. Del mismo modo, los buitres pueden reaccionar agresivamente si se sienten presionados, especialmente cuando se aglomeran en parvadas (algo que curiosamente, se ve de forma breve en el documental), por lo que tampoco es que espanten por parecer desagradables, lo que nos lleva al mayor problema con la lógica de este argumento: es puramente subjetiva. Y es que la percepción de un animal como grotesco, majestuoso, tierno, repulsivo, etc. depende meramente de una opinión personal y no es para nada un hecho universal. Dicho esto, tal vez para Horner un buitre parezca desagradable, pero no por eso resultará desagradable para el resto del mundo, por lo que no tiene sentido tratar esto como una adaptación natural. Si bien es cierto que hay características que evolucionan como medios de comunicación visual, el punto de las mismas tiende a estar dirigido a mostrar el estado de madurez o de salud del animal, a causar la impresión de que es más grande de lo que es en realidad o a servir como una señal de peligro, por mencionar algunos ejemplos, lo cual poco tiene que ver con que los animales que las presentan sean percibidos como visualmente agradables o no (quizá, con la excepción de aquellas características que evolucionaron para resultar apelativas para el sexo opuesto). A esto cabe agregar que este no parece ser el caso de los animales que Horner utiliza de ejemplo. Por su parte, los buitres, de acuerdo a varios zoólogos, tienen la cabeza desplumada probablemente por razones asociadas a la higiene y a la termorregulación y no necesariamente a la impresión que puedan causar. En el caso de las hienas, la principal característica a destacar al momento de mantener a sus rivales a distancia es su dentadura capaz de causarles heridas serias o inclusive la muerte, siendo efectiva no por parecer desagradable, sino por ser legítimamente amenazante y peligrosa.

Y afortunadamente para mis últimas dos neuronas, con esto termina el programa...

Imágenes de Discovery Channel

Imagen extraída de giphy.com

Hazle caso a tu presidente antes de que provoques otro ataque terrorista, Horner.

Ahora, sí. Se acabó... Por fin.

Y bueno, habiendo presentado mis cuestionamientos sobre los argumentos de Horner a medida que discutía el documental, a continuación procederé a dar una opinión más general y a hacer algunas notas adicionales mientras intento recuperar mis neuronas.

Comenzaré reiterando que el documental no es malo por tratar de vender la idea de que el T. rex fue un carroñero obligado, sino por la forma en que sustenta esa idea. La mitad de los argumentos que utiliza Horner tiene cimientos muy poco sólidos y la otra mitad, parece que ni siquiera los tiene, basándose mayormente en falacias y opiniones. De hecho, Horner parece no terminar de entender la premisa que trata de divulgar, lo cual resalta cuando se tiene en cuenta que casi todos sus argumentos giran en torno a lo que podía o no podía hacer el T. rex. Para empezar, el que un animal sea carroñero no automáticamente se traduce en que sea completamente inapto para cazar. Es sabido por ejemplo, que hasta los buitres ocasionalmente matan a otros animales (usualmente, invertebrados) para alimentarse. De hecho, la línea que separa a un depredador de un carroñero en realidad es muy fina y poco distinguible y no tiene que ver tanto con lo que es capaz o no es capaz de hacer el animal como con el rol que desempeña en su ecosistema. Los depredadores generalmente mantienen la población de las especies que cazan bajo control (propiciando a su vez la estabilidad de las especies vegetales de las que éstas se alimentan), mientras que los carroñeros se encargan mayormente de "limpiar" la biomasa en descomposición (manteniendo bajo control el esparcimiento de enfermedades y ayudando a aminorar el impacto de las fluctuaciones de la disponibilidad de recursos alimentarios). Esto no significa que un carroñero no pueda practicar la depredación activa o que por el contrario, un depredador no pueda practicar la necrofagia seguidamente. Un ejemplo bastante notorio son los chacales, que pese a ser principalmente carroñeros, se sabe que también cazan especies animales usualmente más pequeñas que ellos, aunque quizá no de un modo muy significativo para el control de población del ecosistema. Asimismo, es sabido que los leones, pese a ser depredadores generalistas que contribuyen al control poblacional de varias especies herbívoras de las sabanas de África, con frecuencia tienden a consumir restos de animales no derribados por ellos. Es de tener en cuenta además que los patrones alimentarios de un animal pueden cambiar dependiendo de factores como su etapa de desarrollo, la época del año, el alimento disponible, entre otros. Teniendo estos aspectos en cuenta, lo más probable es que el T. rex haya sido tanto depredador como carroñero y actualmente, es difícil determinar si alguno de estos roles habría tenido más peso que el otro en su vida (y si siempre habría sido así o si variaba de acuerdo a las circunstancias o/y a las etapas de su desarrollo). No sé si lo hizo por desconocimiento, por irse por la vía sensacionalista o por ambas razones, pero es evidente que la noción de carroñero que propone y presenta Horner en este programa no es del todo plausible.

Por otra parte, si siguiéramos la lógica de Horner en cuanto a las características necesarias para un depredador, podríamos descartar a casi todos los terópodos carnívoros de gran tamaño (con la posible excepción del Spinosaurus, ya que parecía estar especializado en un estilo de vida mayormente acuático, presentando por tanto adaptaciones diferentes a las que vemos en las mayoría de los terópodos), pues la mayoría de ellos comparten varias similitudes con el T. rex, las cuales Horner describe como rasgos incompatibles con un estilo de vida predatorio, como por ejemplo, una anatomía de las patas traseras con el fémur más largo que la tibia (que según Horner, es indicativo de un animal lento y posiblemente, incapaz de correr, aunque sabemos que este no necesariamente es el caso) y patas delanteras no aptas para frenar caídas, con algunos de ellos, como los abelisaurios, presentando brazos aún más cortos que los del T. rex (pudiendo incluso haber sido vestigiales). Por si fuera poco, la visión binocular es poco usual fuera del linaje de los coelurosaurios (al cual pertenece el T. rex), con lo que éstos habrían tenido menos características usualmente vistas en depredadores modernos que el T. rex.

Dicho esto, respeto el trabajo del Dr. Horner en otros ámbitos de la paleontología, en los que parece ser más objetivo. Por ejemplo, gracias a él conocemos a dinosaurios como el Maiasaura y tenemos un buen entendimiento de cómo los hadrosaurios y otros dinosaurios cuidaban de sus crías y sabemos que éstos formaban nidadas comunales. También gracias a él sabemos que no todos los dinosaurios crecían igual y que algunos experimentaban cambios notables durante su desarrollo, con los juveniles y los adultos pareciendo especies diferentes en algunos casos, entre los que cabe mencionar al propio T. rex, que aparentemente, comenzaba su vida como un corredor ágil y de complexión esbelta y poco a poco pasaba a ser una mole de alrededor de 6 toneladas, por lo que hasta hace poco, varios ejemplares de T. rex subadultos habían sido identificados como miembros de una especie diferente conocida como Nanotyrannus lancensis, la cual hoy está puesta en duda. No obstante, a la hora de centrarse en el estilo de alimentación del T. rex, es evidente que Horner sólo pretende ser amarillista y llamar la atención. De hecho, en más de una ocasión ha admitido que realmente no cree que el T. rex haya sido exclusivamente carroñero y que su fin principal es incentivar el pensamiento crítico en las personas, intención que se le aplaude, pero no de la forma en la que lo está haciendo, ya que tiende a desinformar más de lo que informa, a lo que cabría agregar que ignorar hallazgos que no sustentan sus argumentos es un descaro hacia sus colegas y hacia su propio campo de estudio.

Con eso dicho, pese a que me remito bastante a la explicación de Carpenter sobre la herida en el ejemplar de Edmontosaurus DMNH 1493, estoy consciente de que en 2014 se publicó un estudio que sugiere que las vértebras de este Edmontosaurus pudieron haber sido pisoteadas por otro miembro de su especie mientras éste estaba recostado y de que en 2020 se propuso que la lesión pudo simplemente haber sido causada por movimientos inapropiados de la cola, añadiendo otras posibilidades para el origen de la herida. Pese a que para entonces no se habían sugerido estas alternativas, en el documental Horner pudo simplemente haber sugerido que la herida en este Edmontosaurus no necesariamente fue causada por un ataque de T. rex, pudiendo haber otras posibilidades en lugar de simplemente omitir toda referencia al fósil. Sólo esto hubiese hecho que el documental tuviese al menos, un poco más de sentido. Es de tener en cuenta sin embargo, un detalle interesante que podría explicar por qué no se alude al fósil de ninguna forma en el programa y es que todos los ejemplares referenciados y todos los hallazgos presentados o mencionados fueron realizados por personal del Museum of the Rockies (Museo de las Rocosas), del cual Horner era miembro entonces, así que en cierto sentido, el documental es un comercial largo para dicho museo. Considerando esto, parece acertado referirse a este programa como un trabajo de propaganda. Más criticable sin embargo, es el hecho de que Horner es el único asesor científico del documental, lo que denota un sesgo de confirmación que dificulta aún más tomarlo en serio como medio de divulgación.

Quizá como resultado de eso, en parte se siente que la visión transmitida en el programa está incompleta, pues el Dr. Horner nunca alude por ejemplo, a cómo habría interactuado el Tyrannosaurus con otros miembros de su misma especie ni a aspectos como la competencia intraespecífica por el alimento, haciendo eco de ello el hecho de que en los segmentos animados, siempre se suele ver un solo T. rex. Esto es especialmente curioso cuando se tiene en cuenta la tendencia de Horner a compararlo con los buitres, los cuales con frecuencia se aglomeran en grandes cantidades cuando la comida es abundante y comparten el botín, aunque sin dejar de establecer ciertos límites, reaccionando agresivamente entre sí si es necesario. Tratándose de un programa en el que aparentemente se procura recrear el estilo de vida del T. rex, desconsiderar u omitir estos aspectos de su comportamiento resulta contraproducente a la hora de reconstruir un escenario lo más completo posible. A eso cabe agregar que sólo se habla del T. rex en su etapa adulta y no se consideran las implicaciones de la especialización alimentaria propuesta en el programa de acuerdo a las etapas de desarrollo del T. rex, particularmente en los individuos juveniles. Si bien es cierto que en ese entonces no se tenía mucho conocimiento de la ontogenia del T. rex, ya se habían recuperado fósiles de tiranosáuridos subadultos que ofrecían pistas de que éstos eran más ágiles que los adultos, aunque no tan robustos ni tan fuertes, sugiriendo la posibilidad de que habrían tenido un estilo de vida y una alimentación diferentes (algo que parece más probable con cada descubrimiento que se realiza y se publica). El documental sin embargo, sólo se limita a rascar la superficie aludiendo a la rareza de los fósiles de individuos subadultos, sin molestarse en profundizar en lo que revelan los pocos especímenes recuperados en ese entonces, pareciendo incluso evadir el tema intencionalmente.

Fuera de eso, mentiría si dijera que el documental no tiene nada de bueno. Hay cosas que están bien hechas y aunque no compensan lo demás, hay que darle al programa mérito donde lo lleva.

Para empezar, he de admitir que me gusta la estructura del programa. Particularmente, cómo empieza mostrando una noción un tanto estandarizada que va evolucionando conforme se presenta información que parece desafiarla hasta culminar con una visión completamente diferente y no del todo popular. Se me ocurren casos en los que habría funcionado mucho mejor siendo sustentada por argumentos mucho más sólidos y mejor respaldados. De hecho, puedo imaginar una versión más plausible del programa adoptando un acercamiento más centrado en aspectos de índole ecológica para sustentar la premisa de que el T. rex pudo haber sido carroñero, como lo hicieron Graeme Ruxton y David Houston en un estudio publicado en 2003 en el que básicamente se propone que si el hábitat del T. rex proporcionaba una cantidad de carroña similar a la que proporciona el Serengueti actual, éste no tendría mucha necesidad de cazar, pues probablemente habría suficiente carroña disponible para sustentarlo. El estudio no pretende probar que el T. rex fuese exclusivamente carroñero, sino que no necesariamente tenía que ocupar un rol primario de depredador. Si "El Valle del T. rex" hubiese adoptado una premisa por esta línea probablemente habría salido un documental con una mayor calidad informativa y quizá le hubiese hecho justicia a la estructura del programa, pero la forma en que es implementada en la versión que tenemos en realidad lleva a que pierda mucho de su potencial. No obstante, se le da mérito por intentarlo.

Por otra parte, la excavación de nuevos fósiles siempre es fascinante de presenciar y la forma en que "El Valle del T. rex" nos lo presenta, es como si tuviésemos acceso exclusivo a una expedición a Hell Creek, ya que muestra casi todo el proceso de excavación, aparte de que podemos atestiguar la recuperación de varios especímenes valiosos (algunos de los cuales están decentemente preservados) como lo es por ejemplo, el apodado "G Rex", tratándose del ejemplar de Tyrannosaurus rex más antiguo conocido.

Y desde luego, los efectos visuales de los segmentos animados mostrando la vida en el Maastrichtiano en lo que hoy es la formación Hell Creek son de lo mejor que se ha visto en un documental de vida prehistórica. Pese a que el diseño de los dinosaurios está desactualizado (lo cual es comprensible, excepto por aspectos como las manos pronadas en los terópodos), los efectos y la animación recreados por la hoy clausurada Meteor Studios superan a los de muchos de los documentales que salieron en esa época e incluso rivalizan con algunos de los de ahora.

En una nota similar, cabe mencionar que la versión del T. rex cabezirojo de Horner tiene su gracia. Pese a que no está hecho para lucir del todo realista, hay puntos en los que supera a varios diseños utilizados en otros medios. Entre esos puntos, cabe resaltar que no peca de lo que en inglés se conoce como "shrink-wrapping". Es decir, no es una mera aplicación de piel sobre el esqueleto en la que se ignoran elementos como músculos, tendones, grasa, etc. Si bien es cierto que parece exagerar un poco en ese aspecto (ya que pretende transmitir una notable sensación de peso), tiene puntos por dar un paso que muchos diseñadores tendían a omitir en aquel entonces. No obstante, en mi opinión, este diseño no parece del todo propicio para un medio presuntamente educativo, pues nuevamente, no pretende ser del todo realista, sino grotesco, por lo que probablemente sería más apropiadamente implementado en un trabajo de ficción. Dicho eso, cabe agregar que verlo caminar entre un grupo de Edmontosaurus sin atacarlos es una escena que se siente de lo más natural en mi opinión. Después de todo, es de tener en cuenta que aún en el mundo actual, los animales carnívoros no están constantemente aterrorizando a todo organismo a su alrededor ni los herbívoros siempre huyen impulsivamente apenas ven a un depredador. De modo que aunque fuese depredador, el T. rex no necesariamente reaccionaría violentamente tan presto viera otro dinosaurio y los herbívoros con los que coexistía no necesariamente echarían a correr tan pronto lo interceptaran como usualmente se muestra en los medios. Dicho eso, aunque esté hecha desde un contexto cuestionable, se agradece que el documental muestre una escena que rompa ese esquema.

En conclusión, "El Valle del T. rex" es un documental estructural y visualmente decente, pero con una premisa sensacionalista tan pésimamente respaldada que impide que lo poco que tiene de bueno pueda compensar la mediocre calidad de la información presentada.

En una escala del 1 al 10, le doy un 3.

Referencias:

  1. https://archosaurmusings.wordpress.com/2011/10/19/guest-post-love-the-tyrant-not-the-hype/
  2. https://doi.org/10.2110/palo.2019.079
  3. https://www.myfossil.org/featured-fossil-triceratops-vs-tyrannosaurus/
  4. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3732924/
  5. https://www.researchgate.net/publication/290310286_Paleopathology_in_Late_Cretaceous_Hadrosauridae_from_Alberta_Canada
  6. https://www.researchgate.net/publication/40661585_Evidence_of_predatory_behavior_by_carnivorous_dinosaurs
  7. https://www.sciencenews.org/article/was-t-rex-just-big-freeloader
  8. https://www.smithsonianmag.com/science-nature/caught-in-the-act-scientists-find-a-t-rex-tooth-stuck-in-a-hadrosaur-tail-11569193/

21 de junio de 2021

Actualización sobre el Blog

Saludos.

Si sigue el blog, habrá notado la falta de publicaciones durante los últimos cuatro meses. Por ello quisiera pedir disculpas e informar que la razón es sencillamente que de momento estoy atendiendo algunas prioridades en mi vida personal. No obstante, no pienso dejar el blog abandonado y tengo algunas entradas pendientes que ya he comenzado a redactar, las cuales espero poder publicar más adelante. Aún así, me veo en el deber de comunicarles a los interesados que por el momento, la periodicidad de las publicaciones no será mensual como había procurado que fuese hasta ahora.

Por otra parte, estoy considerando enfocar el blog más hacia la línea de los dinosaurios en la cultura popular, ya que es el tipo de entradas que tiende a recibir más atención por parte de los lectores. Eso por supuesto no significa que las entradas sobre temas de carácter científico no vayan a continuar. Simplemente, estoy pensando darle más énfasis a las entradas sobre la noción y representación cultural de los dinosaurios con el fin de darle más dinamismo al blog.

Sin nada más que agregar, hasta la próxima y cuídense mucho en estos tiempos difíciles.

14 de febrero de 2021

¿Amamos a los dinosaurios con el corazón o con la razón?

Ah, el Día de San Valentín, día en el que se conmemora todo lo que tiene que ver con el amor y la confraternidad. La mayoría de la gente lo celebra compartiendo dulces, regalos, una cena o algún gesto especial con su ser o seres más allegados como muestra de las expresiones de su corazón. Aquí lo celebraremos indagando en nuestra afición por los dinosaurios y por el estudio de la vida prehistórica, pues lo que define a un dinofriki es precisamente una palpable y profunda apreciación por estos seres que sólo podemos conocer a través de la paleontología, apreciación que se ha desarrollado hasta el punto en que podríamos decir que éstos, de cierto modo, son el amor de la vida de un dinofriki (por eso somos frikis... y también por eso muchos de nosotros seguimos solteros). No obstante, los dinosaurios y la vida prehistórica han cautivado nuestro corazón y nuestra mente de diferentes formas y hay quien los ama con el corazón y piensa en ellos con la mente y quien los ama con la mente y piensa en ellos con el corazón. Y, como ya habrán visto en el título, es de esto que se trata la entrada de hoy, pero antes de entrar de lleno al tema, quiero dar crédito al paleontólogo Andrea Cau por la idea para esta entrada, pues la misma está inspirada en un artículo que él publicó hace unos años en su blog, Theropoda, titulada "Deja de mirar al Tyrannosaurus con el corazón". Esta entrada parte de la misma corriente, pero podría considerarse una bifurcación que va por una vía distinta, pues pretende ahondar más en los aspectos psicológicos y culturales de nuestra percepción de los dinosaurios, aunque sin dejar de tocar cuestiones estrictamente científicas, aparte de explorar el fenómeno desde una perspectiva más general.

Dicho esto, de más está decir que ante los ojos de nuestra cultura, los dinosaurios han trascendido su definición biológica y se han convertido en un fenómeno no sólo de interés científico, sino también en uno popular, habiendo cautivado a la humanidad desde que se empezó a estudiar a los fósiles a través de los ojos de la ciencia moderna, nutriendo nuestra imaginación y nuestra percepción de la historia natural de la Tierra. Y con razones de sobra. Después de todo, ¿quién no sentiría fascinación por una criatura que combina características de ave y de reptil y que verdaderamente existió en este planeta muchísimo antes de que nuestra especie apareciera? No es de extrañarse que hoy, teniendo conocimiento de que conformaban un grupo más diverso y exitoso de lo que podemos imaginar, sean admirados por las masas y ocupen un lugar especial en el corazón y la mente de muchos.

¿Cómo no amar a los dinosaurios?
Arte de Nika Rupar

Sin embargo, cabe resaltar que esto lo hacen de diferentes formas y de más está decir que los dinofrikis no nos "enamoramos" de estas criaturas del mismo modo. Cada cual tiene sus propias experiencias en torno al tema y su admiración y apreciación por estos seres se desarrolla de manera individual y por consiguiente, distinta. No obstante, comúnmente nuestro primer contacto suele ocurrir en algún punto de nuestra infancia y por lo general, es a través de un medio gráfico, como un libro, una película o programa televisivo o incluso, una mera imagen.

A falta de un ejemplo mejor que pueda describir con lujo de detalle, procedo a compartir mi historia personal, comenzando por decir que fue hace muchos años, cuando ni siquiera había empezado a estudiar en la escuela y la vida aún parecía simple. Me encontraba sentado frente a una pantalla de televisión que restregaba en mis pupilas algo que cambiaría el curso de mi existencia y frustraría para siempre los esfuerzos de mis padres por criar a un ser humano íntegro y mentalmente sano. Lo que se veía en la pantalla era un escenario muy peculiar en el que unas personas con sombrero montaban a caballo y lanzaban sogas al cuello de una enorme bestia con aspecto de lagarto, pero que contrario a éstos, caminaba a dos patas de un modo parecido al de un pájaro, al mismo tiempo que emitía atemorizantes rugidos. Como si el solo aspecto de aquella criatura no fuese suficiente para cautivarme, no pude evitar quedar impresionado por su poder. Los intentos de esas valientes personas por capturarlo parecían ser fútiles. Por si fuera poco, eventualmente apareció una segunda bestia aún más bizarra que no parecía nada que hubiese visto antes. Su cuerpo era como el de un elefante, mientras que su cabeza se asemejaba a la de una tortuga, pero estaba cubierta de cuernos. Pronto, ambas bestias se abalanzaron una contra la otra mientras los humanos abandonaban la escena impotentes. Tras un corto, pero intenso choque de poderes, la primera bestia derrotó a la segunda, tras lo cual fue en persecución del grupo de personas que trató de capturarlo, alcanzando a uno y devorándolo como si fuese no más que una golosina. La bestia parecía invencible y desde entonces, no he dejado de sentir admiración por ella. "¿Qué es eso?", le pregunte a mi madre, que estaba sentada junto a mí contemplando aquel espectáculo, aunque con un interés menos notorio. "Es un dinosaurio.", contestó, inconsciente del error que estaba cometiendo y de que a partir de entonces, su hijo perdería la cordura y se convertiría en un dinofriki obsesionado sin que hubiera marcha atrás.

La imagen que cambió mi vida al introducirme al concepto de los dinosaurios.
Imagen propiedad de Warner Bros. Pictures

Hoy sé que la revelación mística que tuve aquel día fue en realidad una película titulada "El Valle de Gwangi", dirigida por Jim O'Connolly, con Ray Harryhausen (uno de los animadores más importantes en la historia del cine) a la cabeza de los efectos especiales (que si bien para los estándares de hoy son algo anticuados, para la época de su filmación estaban a la vanguardia). La verdad, mis recuerdos de aquel momento son vagos y sólo he podido mantenerlo vivo con la ayuda de mi pobre madre (que fue la que estuvo ahí para atestiguar cómo sus esfuerzos por convertirme en un integrante sano de la sociedad se empezarían a desmoronar por completo), pero la impresión que me dejó la majestuosidad de la criatura titular, un Allosaurus al que llaman "Gwangi" (que para los curiosos, es un vocablo de la lengua de los indígenas norteamericanos que significa "lagarto") sigue fresca y latente, como si lo hubiese vivido segundos antes de escribir esta entrada. Si bien la película no ha envejecido muy bien y podría perfectamente categorizarse como una cinta de serie B o incluso, como una parodia de King Kong, no deja de ocupar un lugar especial en mi corazón y cada vez que la veo, me envuelve una profunda nostalgia.

Cartel promocional de "El Valle de Gwangi"
Imagen propiedad de Warner Bros. Pictures

A medida que avanzaba mi infancia, seguía consumiendo más y más material tematizado en dinosaurios, incluyendo más películas, programas de televisión, libros y un largo etcétera, con lo que poco a poco fui comprendiendo varias cosas sobre los dinosaurios, como por ejemplo, que éstos no caminaban arrastrando la cola por el suelo, como lo hacían en lo que ante mis ojos fue su manifestación inicial. Asimismo, aprendí que aquellos que eran bípedos en realidad no asumían una postura casi erguida, similar a la de un canguro, sino una en la que su lomo quedaba más o menos paralelo al suelo (Gwangi, por ejemplo, asumía la postura de los terópodos según eran representados en las obras del paleoartista Charles Knight). Aprendí que eran más ágiles y dinámicos y posiblemente, más coloridos de lo que se veía usualmente en los medios. Y más importante, al adentrarme un poco en la historia de la paleontología, aprendí que nuestra visión de ellos había cambiado mucho desde que empezaron a ser comprendidos por la ciencia y eventualmente aprendería que ésta seguía e iba a seguir cambiando. Hoy sé que "El Valle de Gwangi" está lejos de ostentar una representación fiel de los dinosaurios, mas eso no supone ningún problema para que pueda seguir disfrutándola ni la desacredita por ser el detonante de mi actual interés por la paleontología. Aún con su diseño desactualizado y con todas sus inconsistencias, Gwangi es un personaje al que no puedo sino querer con el corazón, mas debo agregar que no por eso pienso en él con el corazón y por consiguiente, el cariño que le tengo no me impide en lo absoluto reconocer que la realidad no es como lo que se ve en pantalla. Y es que usualmente, lo que vemos de los dinosaurios en los medios son personificaciones retocadas para apelar a la audiencia (o más propiamente, a sus emociones) que, como lo pone un buen amigo mío que trabaja en ese ámbito, están hechas de tal manera que entren por los ojos. Es decir, que cumplan con nuestras expectativas. Para esto, se saca provecho de las características psicológicas del público (lo que en mercadotecnia se conoce como psicografía). A la hora de representar a los dinosaurios, la industria mediática por ejemplo se vale de factores como nuestra curiosidad por lo exótico, nuestra admiración y temor por animales de gran tamaño o de apariencia imponente, nuestro miedo ancestral por los depredadores y de la percepción popular de los reptiles como criaturas indómitas, frías, escurridizas y usualmente repugnantes. De modo que las representaciones de los dinosaurios que solemos ver en los medios se rigen más por los principios de oferta y demanda que por motivaciones didácticas y como tal, sólo pretenden apelar a nuestros ideales para darnos el entretenimiento y la estética que esperamos y demandamos, valiéndose de lo que en mercadeo se conoce como el modelo AIDA (siglas compuestas por las iniciales de Atención, Interés, Deseo y Acción). Es decir, buscan llamar la atención del espectador para así despertar su interés en el producto ofrecido a fin de provocar el deseo que conduzca a la acción de poseerlo, consumirlo o disfrutarlo de una manera que resulte rentable.

Por supuesto, no hay daño en disfrutar de la ficción ni de estas representaciones tergiversadas de los dinosaurios o incluso de encariñarse de ellas, pero no debemos olvidar que no son más que personajes ficticios y consiguientemente, como sugiere la propia palabra "ficción", se trata de algo que se finge y no es real. Personalmente, lo veo como algo similar a una dinámica de personajes y actores. En este caso, se podría decir que Gwangi es un personaje adherido al maquillaje y al guión, mientras que el verdadero Allosaurus es el actor que lo interpreta, tratándose de una situación comparable a lo que ocurre con actores conocidos por protagonizar cintas de acción, como por ejemplo, Keanu Reeves, reconocido por interpretar a personajes heroicos a los que se les atribuyen hazañas épicas y extraordinarias, tales como Neo en la franquicia de "The Matrix" o John Wick en la saga cinematográfica homónima. Sin embargo, sabemos que en la vida real, es una persona ordinaria con sus necesidades y limitaciones, mas no por eso menos digno de estima ni su trabajo, menos reconocible. Al fin y al cabo, Keanu Reeves tiene más potencial para inspirar a la gente que los personajes a los que interpreta al ser una persona más asimilable, identificable y sobre todo, real, sin mencionar que sin él no hay Neo ni John Wick (o al menos, no como los conocemos y apreciamos hoy). En este caso, Gwangi tal vez sea un personaje regio en una historia épica y entretenida, pero es poco o nada parecido al "actor" que lo interpreta (es decir, al verdadero Allosaurus), que no es ni por asomo menos digno de aprecio y admiración, sobre todo cuando se tiene en cuenta que su historia no es una obra de ficción, sino una de hechos que habiendo quedado escrita en las páginas geológicas de nuestro planeta por más de 150 millones de años, ponen de manifiesto la versatilidad de la naturaleza, la vida y la evolución, así como su éxito.

Allosaurus como es representado en "El Valle de Gwangi"
Imagen propiedad de Warner Bros. Pictures

Representación realista y más actualizada de un Allosaurus 
Arte de Bob Walters y Tess Kissinger

Dicho esto, es comprensible el que una representación determinada de un dinosaurio en algún medio gráfico nos inspire admiración y se gane un lugar especial en nuestra memoria debido a las emociones que genera en nuestro corazón. Un ejemplo bastante notorio (si no es que el más notorio) es el caso de la Tyrannosaurus de Jurassic Park. Y no es para menos, pues tras que forma parte de la propiedad intelectual más reconocida e influyente en lo que a dinosaurios se refiere en la cultura popular, se caracteriza por haber contribuido a una revolución en la industria de efectos especiales, habiendo sido diseñada por el difunto Stan Winston y su equipo de tal manera que luciera virtualmente creíble en todos los aspectos. En adición, fue perpetuada de tal modo que logra despertar en el espectador una auténtica sensación de miedo, impotencia, respeto, admiración y prácticamente, todas las emociones que esperaríamos tener si nos encontráramos cara a cara con un auténtico Tyrannosaurus rex. Todo esto ha hecho que esta T. rex se haya convertido en un personaje muy aclamado y apreciado por muchos, pareciendo incluso ser considerada en la cultura popular como "el Tyrannosaurus modelo" al establecer una especie de estándar a la hora de conceptualizar a esta especie en múltiples y diversos medios, cosa que no es de extrañarse debido al funcionamiento del ya mencionado modelo AIDA, el cual explota la efectividad de este tipo de estándar para aprovechar nuestra susceptibilidad a fenómenos como la nostalgia. Sin embargo, debemos tener siempre presente que la paleontología, como toda ciencia, es progresiva y se actualiza con cada nuevo descubrimiento, lo que implica que nuestra percepción de los dinosaurios y otros animales extintos cambia constantemente, razón por la que no es conveniente aferrarse a una idea específica plasmada en un medio gráfico sobre cómo luciría uno de estos seres en vida.

T. rex como aparece en Jurassic Park
Imagen de Universal Pictures

Teniendo esto en mente, si bien para la época en que fue diseñada, la T. rex de Jurassic Park lucía conforme a la percepción de entonces salvo por algunas libertades artísticas (tales como un hocico más robusto y menos alargado, pómulos más pronunciados y puntiagudos y manos posicionadas en pronación, por mencionar algunos ejemplos), hemos aprendido mucho más del Tyrannosaurus desde aquellos días y con estos nuevos conocimientos, nuestra imagen de él se ha vuelto más compleja y dinámica. Ejemplo de esto es que en tiempos recientes ha resonado la posibilidad de que éste tuviese algún tipo de plumaje, deducción a la que se ha llegado mediante la aplicación de técnicas como la del horquillado filogenético pese a la falta de evidencia física directa. De acuerdo a esta premisa, si dos organismos emparentados presentan una característica en común, lo más probable es que dicha característica estuviese presente de alguna forma en su ancestro común, así como en todos los descendientes del mismo. El expositor de este sistema, el Dr. Lawrence Witmer usa de ejemplo al Hesperornis regalis, un ave nadadora del Cretácico superior de la cual se han encontrado parientes cercanos con rastros de escamas, mas no de plumaje (o al menos, no distinguibles, ya que se aprecian estructuras en los fósiles que algunos interpretan como posibles impresiones de plumaje, mientras que otros las interpretan como posibles pliegues de piel). Witmer analiza la posible presencia de plumaje como un rasgo ancestral en el Hesperornis considerando sus relaciones de parentesco con el Archeopteryx lithographica (un ave del Jurásico tardío de la cual sí se tiene rastros de plumas) y las aves modernas. Dado que el Hesperornis comparte el mismo ancestro común que el Archeopteryx y las aves modernas (formando parte de un mismo linaje) y dado que las plumas son un rasgo anatómico presente en ambos grupos (sugiriendo que es una característica heredada del ancestro común de ambos antes de que siguieran caminos evolutivos separados), lo más probable es que el Hesperornis también las tuviese, lo cual no debería resultar extraño considerando que también es un ave. El mismo procedimiento puede aplicarse reemplazando al Hesperornis con el T. rex y al Archaeopteryx, con el Sciurumimus (un terópodo posiblemente coelurosauriano de edad jurásica y menos diversificado del que se tiene evidencia directa de plumaje), lo que daría para el T. rex el mismo resultado que dio para el Hesperornis, siendo esto a su vez sustentado por el hallazgo de coelurosaurios más avanzados con evidencia directa de plumaje, incluyendo parientes del propio T. rex, como el Dilong y el Yutyrannus. Esto, por supuesto, no es prueba irrefutable de que el T. rex haya tenido plumas, pero sí indica que hay una probabilidad de que este haya sido el caso.

Representación artística del T. rex con un revestimiento de plumaje simple y siguiendo más de cerca la visión científica actual
Arte de Todd Marshall

Esta idea, sin embargo, no ha sido muy bien recibida por muchas personas pese a lo mucho que aparentan querer al T. rex y de hecho, hay a quien parece romperle el corazón considerar esta posibilidad, con algunas incluso llegando a asumir actitudes de negación. Si bien es cierto que no hay evidencia directa que permita determinar conclusivamente cómo habría sido el integumento del T. rex y que hay material fósil de esta especie con indicios de lo que parecen ser escamas (aunque hay quien considera que en lugar de escamas, podría tratarse en realidad de protuberancias producidas por fenómenos tafonómicos), lo que sumado a la premisa de que a mayor masa corporal, mayor retención calorífica ha levantado razones válidas para cuestionar la idea de que un animal del tamaño del T. rex estuviese cubierto de plumas o protoplumas, la realidad es que hay debate entre los expertos sobre este asunto, habiendo quien sostiene que es una cuestión más compleja de lo que se suele pensar y que hay otros factores a considerar aparte del tamaño y la masa del animal y de lo que se aprecia a simple vista (especialmente dado lo fragmentario que es el material de piel fosilizada de T. rex recuperado hasta ahora), razonamiento sustentado por lo que se puede ver en otros dinosaurios similares en tamaño al T. rex, como el Deinocheirus, que pese a estimársele unos 12 metros de largo y una masa de entre 6 y 7 toneladas aproximadamente, presenta una estructura comparable al pigóstilo visto en la cola de las aves de hoy y de otros dinosaurios maniraptoriformes, sugiriendo que pudo haber tenido una especie de abanico de plumas similar al de éstos al final de su cola, lo que a su vez da paso a la posibilidad de que tuviese plumas al menos, en algunas partes de su cuerpo o bien, de que su cuerpo entero estuviese recubierto de algún tipo de plumaje. Un caso parecido es el del Therizinosaurus, que pese a que se le estima una masa comparable a la del T. rex, hay quien sostiene que probablemente tuvo plumas al provenir de un linaje de dinosaurios del que se sabe que las tenía (como se evidencia en el caso del Beipiaosaurus).

Representaciones artísticas del Deinocheirus (izquierda) y el Therizinosaurus (derecha). Nótese la cobertura de plumaje.
Arte de sphenaphinae, de Deviantart

Como ocurre con el T. rex, la evidencia disponible para deducir que estos dinosaurios tenían un integumento filamentoso no es directa, pero la evidencia indirecta, como la ya mencionada estructura ósea similar a un pigóstilo en el caso del Deinocheirus y la presencia de estructuras filamentosas en fósiles tanto de parientes del Deinocheirus como del Therizinosaurus, sugiere que ese es el escenario más plausible. Sin embargo, casi nadie parece tener problemas con eso, mas sí cuando se aplica esta lógica al caso del T. rex. Esto, probablemente debido al aferramiento emocional a nociones obsoletas sobre este afamado dinosaurio que usualmente siguen siendo popularizadas por los medios precisamente para apelar a la nostalgia y a los sentimientos. No obstante, lo mismo puede ocurrir en el caso contrario y pese a que la idea de que el T. rex haya tenido plumas es poco popular y sólo ha sido explorada en medios minoritarios, no falta quien la acepta como un hecho axiomático a pesar de la falta de evidencia directa que así permita concluirlo y de que el asunto es aún objeto de debate en la comunidad científica, siendo ambos casos repercusión de cuando se ama a los dinosaurios con la mente y se piensa en ellos con el corazón.

Es aquí donde cobran relevancia las palabras del paleontólogo Andrea Cau al decir que "cuando estamos enamorados, tendemos a ser irracionales y mientras dicha irracionalidad mitigue los defectos de un ser querido, puede ser tolerable, mas cuando ésta distorsione el razonamiento científico, entonces es grave". Teniendo en cuenta que el único medio para en verdad conocer a los dinosaurios es la ciencia y particularmente, la paleontología (pues de no ser por los hallazgos paleontológicos, tampoco habría dinosaurios en los medios) y que, como decía el filósofo Raimon Panikkar, "sólo se conoce de verdad lo que se ama y sólo puede amarse lo que se conoce", cabe preguntarnos: ¿Apreciamos verdaderamente a los dinosaurios o sólo nos gusta la versión acondicionada por los medios para apelar a nuestras expectativas? ¿Estamos genuinamente interesados en ellos hasta el punto de conocerlos lo mejor posible y de aceptarlos tal cual eran, aunque haya aspectos de ellos que no coincidan con nuestros ideales o sólo nos gustan cuando se nos presentan de forma apelativa? ¿Pensamos en ellos con la mente y los queremos con el corazón o por el contrario, los queremos con la mente y pensamos en ellos con el corazón?

Si bien, como decía el filósofo Blaise Pascal, "el corazón tiene razones que la razón desconoce", cuando verdaderamente nos interesa la paleontología y queremos conocer, apreciar y comprender a fondo a los dinosaurios, no podemos sino pensar en ellos con la mente, aplicando el razonamiento científico, pues el corazón se aferra emocionalmente a las cosas y al hacerlo, compromete nuestra percepción, creándonos convicciones que no siempre conducen por vías objetivas o veraces, pues por lo general, el corazón es parcial. Es decir, adopta posturas en favor de lo que quiere o le gusta y en contra de lo que no quiere o no le gusta. Es por esto que, como dice Andrea Cau, es normal que nos pongamos irracionales cuando seguimos las razones del corazón, llegando incluso a mitigar las cosas que no nos gustan de alguien a quien amamos por muy obvias que sean, pero cuando entramos en un ámbito de carácter científico, como el de la paleontología, no hay cabida para eso. A fin de cuentas, pensar que algo es como queremos que sea y tratar de ignorar las cosas que no nos gustan no cambiará lo que se observa o se demuestra a través de medios empíricos. Sólo los datos objetivos y verificables pueden sustentar o validar un punto de vista científico, razonable y certero, el cual podría cambiar conforme se obtengan nuevos datos, haciendo inútil y absurda la adopción de estándares y visiones idealistas de cómo debería ser un dinosaurio (o cualquier organismo prehistórico) como si se tratase de un producto hecho para satisfacer nuestras necesidades y expectativas, como ocurre con sus contrapartes artificiales.

Nuestra cabeza se encarga de procesar información lógica, mientras que el corazón se especializa más en aspectos sentimentales y estéticos, lo que ocasiona que a veces discrepen en cuanto a la percepción de la realidad. Mientras la cabeza entiende que no importa si algo es apelativo o no a la hora de enfrentar los hechos, el corazón tiende a negarse a aceptarlo y a no hacer caso.
Viñeta de artista desconocido

De modo que si bien no hay problema con que las percepciones antiguas y las representaciones mediáticas de los dinosaurios nos inspiren una amplia gama de emociones, a la hora de incursionar en el ámbito de la paleontología debemos procurar que estas emociones no comprometan nuestra racionalidad. A fin de cuentas, si por ejemplo, parece razonable concebir al Hesperornis, al Deinocheirus o al Therizinosaurus con plumaje, ¿por qué no puede parecerlo también concebir al Tyrannosaurus rex de esta manera, tratándose de un caso similar al que se puede aplicar la misma lógica siguiendo el método científico?

Y como este, hay muchos otros casos, como por ejemplo, el del famoso Liopleurodon tratándose de un animal que no parecía superar por mucho los 6 metros de largo, contrario a la idea popularizada por medios como el documental "Walking with Dinosaurs" de que alcanzaba una longitud de 25 metros. También está el caso del Spinosaurus siendo un animal semiacuático que pasaba la mayor parte del tiempo cerca o dentro del agua, alimentándose mayormente de peces, contrario a la creencia popular difundida en medios, como la franquicia de Jurassic Park de que era un macrodepredador que destruía todo lo que se le cruzara en frente y de igual manera, está el caso de la "garra asesina" de los dromeosaurios, que tal parece que no era tan "asesina" como se pensaba y como se suele representar en el ámbito mediático. De cierto modo, parecería lógico pensar que estos cambios en nuestra visión de dichas criaturas sean el objeto del descontento de varias personas, mas lo cierto es que la razón de dicho descontento parece radicar más bien en nuestro arraigo a lo que nos transmiten e inculcan los medios gráficos, lo cual no debería resultar extraño considerando la apelación de éstos a la psique del público. De hecho, se puede decir que son los propios medios los que incitan a la controversia, cosa que se puede apreciar en el hecho de que ésta no necesariamente se limita a casos en los que nuestra nostalgia y la imagen de estos seres a la que nos hemos adherido se ven comprometidas.

Representación artística del Liopleurodon con un tamaño realista.
Arte de Joschua Knüppe

Representación artística según la noción actual del Spinosaurus como un depredador principalmente acuático.
Arte de Mohamad Haghani

Izquierda: Representación desactualizada del Deinonychus como un depredador gregario capaz de cazar criaturas mucho más grandes que él. Arte de Alain Bénéteau
Derecha: Deinonychus representado de una manera más acorde a la visión actual, actuando como un depredador solitario que utiliza sus garras para inmovilizar presas más pequeñas que él. Arte de Emily Willoughby

Quizá el ejemplo más notorio de esto es la famosa escena del combate entre el Tyrannosaurus y el Spinosaurus en Jurassic Park 3, donde el Spinosaurus emerge victorioso, ante lo que comenzó a ganar fama como una bestia capaz de destronar al T. rex como "el nuevo rey de los dinosaurios", mientras que muchos fanáticos de éste último quedaron desconsolados por la derrota de su ídolo, despertando así una intensa controversia que aún hoy se ve en varios medios interactivos en los que los fanáticos del T. rex tienden a cuestionar la veracidad de dicha escena, mientras que los del Spinosaurus suelen considerarla realista, lo que denota que esta polémica es impulsada primariamente por la parcialidad. Si bien no falta quien lleva el asunto al ámbito paleontológico y analiza esta escena aplicando la lógica y los conocimientos científicos (cosa que no tiene nada de malo), lo cierto es que esto poca utilidad tiene, pues el asunto en cuestión no se trata sino de un producto de la imaginación humana que gira en torno a dos personajes que no hacen nada que no esté estipulado en un guión a fin de mantener la narrativa de una historia de ficción fluyendo, por lo que la ciencia poco o nada tiene que ver en discusiones de este tipo. De modo que aunque se puede analizar la escena desde una perspectiva fundamentada en la ciencia, el antedicho enfrentamiento no puede tratarse como un tema de índole científica y por consiguiente, poca o ninguna relación guarda con la paleontología y con los dinosaurios de carne y hueso que respiraron y vagaron por nuestro mundo durante el Mesozoico, pues se trata simplemente de un fenómeno de la cultura popular que nunca pudo darse en el mundo real y que por consiguiente, no puede estudiarse con la debida precisión, por lo que todo lo que resulte de un análisis de esta escena es puramente de carácter especulativo.

El Spinosaurus emerge triunfante tras una batalla a muerte contra un T. rex en Jurassic Park 3
Imagen de Universal Pictures y Winston Studio

Casos como este parecen apoyar la idea de que los propios medios circunstancialmente establecen las bases para el estallido de controversias entre el público al crear y difundir una imagen sobrenatural de los dinosaurios que hace que éste tienda a asociarlos con personajes épicos a manera de héroes, antihéroes, villanos, monstruos o musas de leyenda al suscitar cierta identificación con lo mostrado, lo que consecuentemente crea una inclinación parcial hacia estos personajes o hacia una minoría subjetivamente seleccionada de acuerdo a la impresión que causen o dejen en el espectador. En este caso, por ejemplo, la controversia en torno a la batalla del Tyrannosaurus rex contra el Spinosaurus en Jurassic Park 3 podría atribuirse al hecho de que el T. rex es posiblemente el dinosaurio más célebre y aclamado de todos los conocidos hasta ahora, habiéndose convertido en un ícono de la cultura popular y recibido el título de "rey de los dinosaurios" tanto por los medios como por fanáticos en todo el mundo que lo han adoptado como su dinosaurio favorito. En parte esto podría atribuirse al hecho de que el título de “rey” está adherido a su nombre científico ("rex" significa rey en latín), mas es de tener en cuenta que el nombre no hace a la cosa. De modo que aunque se le llame al T. rex "el rey de los dinosaurios" y se le trate como una estrella, una leyenda o incluso como una especie de deidad, al final esto es fútil y sólo tiene utilidad en el ámbito publicitario, pues lo cierto es que no era nada de eso. Era un animal con sus respectivas adaptaciones, limitaciones y debilidades que sólo procuraba sobrevivir en su entorno y al que le valía un bledo si 66 millones de años después de extinto iba a ser elogiado por un montón de primates ruidosos esmerados en concebirlo como algo que nunca fue.

Lo mismo ocurre con el Spinosaurus. Su victoria sobre el T. rex y su sucesión como antagonista en la franquicia tematizada en dinosaurios más notoria del mundo moderno llevaron a que este dinosaurio tuviera una recepción dividida en la cultura popular. Por un lado, ganó el aprecio de algunos fanáticos que lo llegaron a anteponer sobre el T. rex como el nuevo y verdadero "rey de los dinosaurios", incluso llegando a expresar repudio hacia éste último. Por otro, recibió también un gran desprecio por una parte significativa del público, habiendo quien lo considera la cosa más infame y lo repulsa como un vil y patético usurpador. Naturalmente, es normal que un personaje ficticio inspire diversas emociones y que sea aceptado o repulsado conforme a las acciones que realiza, pero el que el actor que interpreta a ese personaje sea percibido y tratado como si fuese el personaje al que interpreta ya deja de ser plausible y tal parece ser el caso del Spinosaurus, pues el impacto causado por su enfrentamiento con el T. rex en Jurassic Park 3 parece haber influido marcadamente en la forma en que se percibe a esta especie en general hasta el punto de que incluso la asimilación de información de origen y carácter científico se ha visto comprometida. Ejemplo de esto ha sido la recepción que han tenido las recientes publicaciones de nuevo material referido a Spinosaurus indicando que éste era probablemente un animal de hábitos semiacuáticos cuya dieta consistía mayormente en peces y fauna acuícola, tras lo que se ha visto cómo muchos de sus presuntos fanáticos han adoptado una actitud de negación al ver que su supuesto dinosaurio favorito no era como lo concebían (posiblemente debido al acogimiento de una determinada representación gráfica de este dinosaurio sin tener en cuenta que el mismo es conocido sólo por restos incompletos, por lo que toda reconstrucción de éste está sujeta a revisión conforme se obtenga más información) y se ha visto también cómo los detractores del enfrentamiento apreciado en Jurassic Park 3 se han valido de lo que sugieren estos descubrimientos para alegar que el Spinosaurus era inferior al T. rex, dando a relucir que hay una tendencia a no pensar en este dinosaurio si no es a raíz de la imagen difundida en Jurassic Park 3 y concretada en su enfrentamiento con el T. rex. De modo que el motor de esta controversia y del malestar inherente a la misma parece radicar en el hecho de que se ha utilizado al Spinosaurus como una herramienta comercial con el fin de intentar superar o reemplazar al T. rex como el favorito de las masas (lo que irónicamente sólo ha conseguido el efecto contrario al hacer que difícilmente brille fuera de la sombra de éste). No obstante, independientemente de lo que se opine de él, el Spinosaurus no es ni superior ni inferior al T. rex y exaltarlo o denigrarlo es igualmente fútil, pues lo cierto es que al igual que éste último, era simplemente un animal con sus capacidades y debilidades naturales especializado en hacer lo que necesitaba hacer para sobrevivir en el ambiente donde habitaba. Lo último que se le pasaba por la cabeza era si 93 millones de años después de extinto un grupo de primates estrepitosos lo compararía con otra criatura de cuya existencia nunca supo y si esos primates estarían a gusto o no con su apariencia y estilo de vida y con la forma en que lo representarían en medios que ellos mismos inventarían y mucho menos, si sería aclamado o despreciado por ellos (y aún si esas ideas se le hubiesen pasado por la cabeza, probablemente estaría demasiado esmerado en intentar sobrevivir y prosperar en su hábitat como para darles la más mínima importancia).

Pese a lo notorio que se ha vuelto el Spinosaurus, lo cierto es que conocemos muy poco de él debido a que actualmente sólo se dispone de restos parciales asignados al género, a lo que se suma que el material original fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y sólo quedan fotografías como esta, por lo que mucho de lo que creemos saber sobre este dinosaurio podría estar errado.
Fotografía extraída del Journal of Paleontology

Por supuesto, no hay problema con tener un dinosaurio favorito ni con aclamarlo. El problema viene cuando la parcialidad sesga nuestra percepción de la realidad. Después de todo, nuestros dinosaurios favoritos no necesitan que protejamos el estatus que nosotros mismos les hemos dado y mucho menos, de lo que la ciencia revela sobre ellos como si se tratase de defender a nuestra pareja de un ataque personal. Eso más bien es contraproducente, pues al fin y al cabo, promulgar dictámenes no verificables, más que una defensa, es una calumnia.

De modo que si por ejemplo, creció con un Tyrannosaurus como su juguete favorito, si se maravilló por la extravagancia del Triceratops en un libro, si le impactó el Spinosaurus en Jurassic Park 3 o en algún otro medio, si fue cautivado por la majestuosidad del Brachiosaurus u otro saurópodo enorme en las reconstrucciones de un museo o parque de diversiones o si es de Argentina y le gusta el Giganotosaurus porque sus restos fueron encontrados en su país, eso está muy bien, mas no hay que dejarse llevar por la parcialidad y llegar al extremo de idolatrar a su especie favorita y de menospreciar a otras al compararlas con ésta, imaginando cómo las superaba en tal o cual aspecto o cómo las habría derrotado en un enfrentamiento hipotético y en última instancia, proclamándola como el mejor dinosaurio de todos, pues lo cierto es que no existe tal cosa. Y es que para empezar, cabe señalar que "mejor" es un concepto de carácter subjetivo que utilizamos para emitir un juicio sobre dos o más opciones en función de los atributos de cada una analizados bajo nuestros criterios personales a fin de determinar la que presente las cualidades que nos resulten más convenientes o preferibles. Debido a la subjetividad inherente al concepto, es de tener en cuenta que lo que es mejor para una persona no necesariamente es mejor para otra, lo que puede dificultar (por no decir "imposibilitar") llegar a un acuerdo definitivo. Por tal razón, cualificar algo como "mejor" no define la verdadera naturaleza de las cosas; simplemente se basa en nuestra percepción de ellas, siendo por tanto una opinión y no un hecho. Cuando se tiene esto en cuenta es fácil entender que desde un punto de vista objetivo, en la naturaleza ningún organismo es mejor que otro, por lo que aplicar criterios humanos para valorar a una especie sobre otra es algo puramente ilusorio, pues cada especie posee adaptaciones que otras no necesitan o bien, compensan con otras a fin de hacer lo necesario para sobrevivir y prosperar en su hábitat y cada organismo es eficaz a su manera a la hora de desempeñar su rol específico en el ecosistema del que forma parte. En otras palabras, cada organismo es "el mejor" haciendo lo que hace, por lo que la denigración o devaluación de una especie en favor de otra al final es algo absurdo. Cada especie es un ejemplo de éxito que fue puesto a prueba por el proceso evolutivo y de adaptación y los dinosaurios, habiendo prosperado en este planeta por más de 160 millones de años (y más de 230 si incluimos a las aves), no son la excepción.

Dicho esto, cabe preguntarnos: ¿Nuestro dinosaurio favorito es un animal real que alguna vez vivió y anduvo en nuestro planeta o una versión tergiversada del mismo que sólo existe como un producto de la imaginación y de la explotación comercial? ¿De verdad nos gustan los dinosaurios o lo que realmente nos gusta es una interpretación idealizada o romantizada de ellos?

Queda en manos de cada uno de nosotros por individual responder estas preguntas, pues si bien está en los medios el mostrarnos o no una imagen de los dinosaurios fiel a lo que nos dice la ciencia y el registro fósil, no es su responsabilidad determinar cómo el público los percibe y los asimila. Nosotros somos quienes debemos determinar si los amamos con el corazón y pensamos en ellos con la mente o si los amamos con la mente y pensamos en ellos con el corazón.

Referencias:

  1. http://dinogoss.blogspot.com/2013/03/who-cares-about-dinosaurs.html
  2. http://palaeos-blog.blogspot.com/2014/08/dinosaurios-superheroes-o-animales.html
  3. http://theropoda.blogspot.com/2019/02/smettete-di-guardare-tyrannosaurus-col.html
  4. https://www.ionos.es/digitalguide/online-marketing/analisis-web/el-modelo-aida-la-formula-del-exito/

17 de enero de 2021

Documental: The Ballad of Big Al (La Balada de Big Al)

"Walking with Dinosaurs" es posiblemente el documental sobre la vida en el Mesozoico más reconocido que se haya producido hasta la fecha. Fue tan exitoso de hecho, que dio origen a toda una franquicia tematizada en la vida prehistórica, hoy conocida como la franquicia "Walking with Prehistoric Life". Como parte de la misma, se filmó una serie de "spin-offs" que exploran otros organismos y ecosistemas no cubiertos en el programa original o bien, indaga más en algunos que el mismo sólo explora de una manera más superficial. Hoy veremos uno de estos "spin-offs", titulado "The Ballad of Big Al" (La Balada de Big Al).

Imagen de la BBC

Pudiendo considerarse una extensión de la serie original, este documental se centra en los aspectos biológicos de un espécimen de la especie Allosaurus jimmadseni conocido informalmente como "Big Al" (Gran Al), famoso por su nivel de preservación y por su destacable cantidad de paleopatologías (evidencia de heridas, enfermedades o infecciones en los huesos fosilizados).

El documental se divide en dos partes. La primera consiste en una recreación especulativa de la vida de Big Al desde su nacimiento hasta su muerte en un estilo de documental de naturaleza, explorando las hazañas que le produjeron las heridas y cicatrices que aún hoy se aprecian en sus fósiles. La segunda parte, por otro lado, se centra en el estudio científico en el que se fundamenta la primera parte a través de entrevistas, hallazgos paleontológicos y experimentos en diversas áreas de la ciencia, mostrando cómo los expertos pueden descifrar varios aspectos de la biología del Allosaurus e interpretar cómo fue el mundo en el que vivió.

Antes de dejar los enlaces a los videos, quisiera aclarar como de costumbre que los derechos de propiedad del documental pertenecen a la BBC y a su vez, dar el correspondiente crédito al canal de Anderson Montoya, de Dailomotion y a la página de Facebook "Dinosaurios", de Gabrieltiranosaurio por subir la versión en español de los videos a internet. Sin más preámbulos, disfrute de la balada y la ciencia de Big Al:

Parte 1 - La Balada de Big Al

Parte 2 - Big Al: La Ciencia