28 de junio de 2020

Documental "Monstruos Marinos: Una Aventura Prehistórica"

Llegó el verano, el tiempo más caluroso del año y por consiguiente, una época en la que muchas personas tienden a darse una escapada al mar para refrescarse y relajarse, pero dadas la situación de la pandemia del COVID-19, este año no parece propicio para darse ese lujo. Por esta razón, El Rincón de un Dinofriki optó por traer el mar a ustedes con el documental "Sea Monsters: A Prehistoric Adventure" (Monstruos Marinos: Una Aventura Prehistórica).


Este documental producido por IMAX y National Geographic nos lleva 82 millones de años en el pasado y nos adentra a lo que hoy conocemos como el Mar de Niobrara o Mar Interior Occidental de Norteamérica, el cual, durante gran parte del período cretácico, atravesaba lo que hoy es el continente norteamericano, dividiéndolo en dos masas de tierra: Laramidia al oeste y Appalachia al este. Este mar conformaba el hábitat de una amplia gama de animales, incluyendo peces, moluscos, equinodermos y reptiles marinos, por mencionar algunos ejemplos. 

El largometraje combina un estilo de documental de naturaleza con entrevistas a expertos y dramatización para contar la historia de una Dolichorhynchops hembra desde su nacimiento hasta su muerte. Para hacerlo, recurre a descubrimientos realizados en diversas partes del mundo que desvelan detalles sobre la vida de los reptiles marinos del mesozoico y de las criaturas con las que compartían su hábitat, además de utilizar la especulación basada en lo observable en la naturaleza actualmente para representar cómo habría sido la vida en el océano cretácico. Pese a que la historia de esta Dolichorhynchops en particular es un producto de ficción, con incluso el descubrimiento de sus restos siendo un montaje dramatizado, cabe destacar que está contada de tal manera que se podría considerar una representación decente de cómo habría sido la vida de un Dolichorhynchops real y de lo que hubiéramos visto en el Mar de Niobrara real, hace 82 millones de años atrás. Cabe mencionar, sin embargo, que el documental fue lanzado en 2007 y que muchas cosas han cambiado desde entonces en lo que respecta a nuestro entendimiento sobre las criaturas que protagonizan el largometraje. Por ejemplo, ahora se sabe que los plesiosaurios, como el Dolichorhynchops y los mosasaurios, como el Tylosaurus tenían estructuras en su cola análogas a las aletas caudales vistas en los peces, algo que no se refleja en el documental.

En una nota final, quisiera aclarar como siempre que los derechos de propiedad del documental pertenecen a National Geographic y a IMAX y dar crédito al la página de Facebook, Monstruos Marinos por subir el video.

Con eso dicho, pueden ver el documental aquí.

17 de mayo de 2020

Errores en documentales: Ni con GPS nos encuentran los paleontólogos (Walking with Dinosaurs)

En esta nueva entrada de errores en documentales, hablaremos de otro caso de anacronismos y anatopismos en "Walking with Dinosaurs". Esta vez, en el episodio "Gigante del Cielo", el cual sigue a un ornitoquéirido en su último vuelo.

Las características del ornitoquéirido en cuestión (sobre todo, su tamaño) son un tema al que vale la pena dedicar una entrada aparte, pero esta se enfocará en los lugares que éste recorre durante su viaje y en sus pobladores, comenzando por el propio ornitoquéirido. En el documental, éste es identificado como un Ornithocheirus, la especie tipo de la familia, cuyos fósiles fueron encontrados en el Reino Unido, pero al inicio del programa, éste se encuentra en lo que hoy es Brasil. Al percatarse de que está fuera de lugar, emprende su viaje de regreso a su hogar en Europa.

El Ornithocheirus se pregunta qué hace a 14,000 km de donde debería estar.
Imagen de la BBC

Durante su recorrido, el Ornithocheirus va bordeando las costas de América y en un punto llega a una playa de lo que hoy es Norteamérica, donde divisa a una manada de dinosaurios identificados como miembros del género "Iguandon", acompañados de un nodosaurio modelado como el posteriormente identificado Polacanthus pese a que estos géneros son nativos de Europa y no se han encontrado fósiles de éstos en América.

"No sé cómo, muchachos, pero creo que llegamos a América antes que Colón."
Imagen de la BBC

Posteriormente, el Ornithocheirus se ve en la obligación de atravesar el entonces joven Océano Atlántico, donde con frecuencia debe descender en busca de un bocadillo de pescado, pero cuidándose de no terminar siendo el bocadillo de un pliosaurio. En este caso, uno con la misma morfología que el Liopleurodon visto en el capítulo anterior, cuya especie para este punto ya debería estar extinta.

"Soy tan OP que me como a la extinción de desayuno."
Imagen de la BBC

Eventualmente, el Ornithocheirus llega a Europa, donde ve nuevamente al Iguanodon y al Polacanthus, pero esta vez, pese a que técnicamente están en casa, son acechados por un grupo de Utahraptores que de alguna forma vino de Norteamérica sin haber recibido el memorándum de que su especie debió haberse extinguido aproximadamente, 7 millones de años antes.

"Hello there!"
Imagen de la BBC

Para cuando el Ornithocheirus llega a su destino, ya no hay lugar para él, pues el sitio de apareamiento ya está ocupado por muchos otros Ornithocheirus machos compitiendo por la atención de las hembras. Nuestro pterosaurio protagonista termina delirando en la playa mientras intenta hacer sentido de su travesía, preguntándose cómo esos dinosaurios atravesaron el Atlántico antes que él sin alas ni aletas y en el proceso se percata de que en realidad, no llegó demasiado tarde, sino demasiado temprano, pues el episodio transcurre hace 127 millones de años y su especie data de aproximadamente 110 millones de años, con lo que finalmente tiene una concusión ocasionada por la crisis existencial y muere.

El Ornithocheirus muere 17 millones de años antes de que debiese existir.
Imagen de la BBC

Pero la verdadera pregunta es: ¿Por qué estas criaturas están mal ubicadas en el documental?

Pues en el caso del Ornithocheirus al inicio del episodio, es probable que se deba a que para la fecha en que se estrenó el documental, algunos fósiles de pterosaurio encontrados en el grupo de formaciones de Santana en Brasil eran tentativamente referidos a este género. Sin embargo, siempre hubo dificultad a la hora de llegar a un consenso sobre la clasificación de este material y hoy el mismo es referido a otros géneros como Tropeognathus, con lo que el único material actualmente referido al género Ornithocheirus consiste en restos fragmentarios del pico encontrados en la formación Cambridge Greensand del Reino Unido.

Un caso similar ocurre con el Iguanodon y el Polacanthus. Es probable que el ornitópodo norteamericano al que el documental se refiere como "Iguanodon" sea en realidad la especie hoy conocida como Dakotadon lakotaensis, que en ese momento era considerada una especie de Iguanodon (Iguanodon lakotaensis) y había quien incluso lo clasificaba dentro de I. bernissartensis (la especie tipo, encontrada en Europa). En el caso del Polacanthus, el ejemplar visto en lo que según el documental, se supone que es Norteamérica podría en realidad tratarse de un miembro del género Hoplitosaurus, que alguna vez incluso fue tentativamente considerado sinónimo de Polacanthus. Aún así, la narración indica que estos dinosaurios se encontraban en el extremo sur del continente norteamericano, que colindaba con el aún joven Océano Atlántico, pero los fósiles de éstos fueron hallados en lo que hoy es Dakota del Sur, que aún entonces estaba muy lejos del Atlántico. No obstante, también se han encontrado fósiles de iguanodóntidos y nodosaurios, como el Iguanacolossus y el Gastonia en yacimientos más cercanos al sur de Norteamérica, como la formación de Cedar Mountain en Utah, EE.UU.

El caso del modelo de Liopleurodon puede simplemente ser una cuestión de restricción de recursos, siendo probable que la producción haya decidido reutilizar un corto clip del Liopleurodon del capítulo anterior para denotar que los pliosaurios aún prosperaban en el Cretácico, pero quizá debido a restricciones monetarias, de tiempo o puede que incluso a una combinación de ambas, no hayan podido diseñar otro modelo. De cualquier forma, el programa nunca alude al pliosaurio visto en esta escena por su nombre genérico y en medios alternos, es identificado como un Plesiopleurodon, aunque es de tener en cuenta que aún así, estaría fuera de lugar... o más bien, fuera de tiempo, ya que este género data de alrededor de 30 millones de años después del plazo durante el que transcurre el episodio. No obstante, se ha encontrado material de pliosaurios en rocas del cretácico temprano, por lo que no es nada descabellado que se muestre a uno aquí. Sin embargo, es importante tener claro que para el tiempo en que transcurre el programa, el Liopleurodon ya llevaba extinto aproximadamente, unos 45 millones de años.

Finalmente, tenemos al Utahraptor. De momento, no enfatizaré en la ausencia de plumaje porque para ese tiempo, la idea de dromeosaurios emplumados no era tan popular y era una noción más teórica que empírica, ni tampoco aludiré a las inconsistencias anatómicas de los modelos porque para entonces no teníamos el material fósil que tenemos ahora, aparte de que ese no es el enfoque de esta entrada. Lo que sí cuestionaré es qué hace cazando iguanodóntidos y nodosaurios en Europa cuando hasta donde se sabe gracias al registro fósil, era endémico de Norteamérica. De hecho, su propio nombre indica que sus fósiles fueron encontrados en el estado de Utah, EE.UU. Entonces, ¿por qué en el episodio aparece en Europa pese a que no se ha encontrado material de esta especie ahí? Pues el documental toma en cuenta el hallazgo de posibles dientes de dromaeosaurios similares en tamaño en la formación Wessex del Reino Unido y en un segmento de la transmisión original, se explica que gracias a la deriva continental, los descendientes de muchos dinosaurios de Norteamérica "colonizaron" Europa y Asia. Los dientes encontrados en la formación Wessex indican que entre éstos, había dromeosaurios similares al Utahraptor. Sin embargo, el material no es suficiente para referirlos a un género en específico y es poco probable que sean de la misma especie encontrada en Norteamérica, pues el aislamiento probablemente los habría llevado por caminos evolutivos separados.

Con eso dicho, concluyo como siempre diciendo que seamos críticos e investiguemos antes de dar por sentada la información que se nos provee en los documentales.

Referencias:
Libro: "The Princeton Field Guide to Dinosaurs" de Gregory S. Paul
http://dinowight.org.uk/the-dinosaurs/other-dinosaurs/
http://www.prehistoric-wildlife.com/species/d/dakotadon.html
http://www.prehistoric-wildlife.com/species/h/hoplitosaurus.html
https://www.pteros.com/pterosaurs/tropeognathus.html
https://researchportal.port.ac.uk/portal/files/6060514/Appendix_b.pdf
https://walkingwith.fandom.com/wiki/Plesiopleurodon

20 de abril de 2020

Pterosaurios y dinosaurios alados: Nuevas claves para el futuro de la aeronáutica

En la primera entrada de este blog dije que el estudio de la vida prehistórica puede ayudarnos a encontrar aplicaciones útiles para el futuro. En esta ocasión, exploramos un ejemplo de eso.

El pasado 15 de abril se publicó un estudio encabezado por la paleontóloga Elizabeth Martin-Silverstone en el que se explora la capacidad de vuelo de varios tipos de vertebrados fósiles y se propone considerar su fisiología, así como sus estrategias y tácticas de vuelo y tomar ejemplo de ellos a la hora de buscar ideas y soluciones a problemas presentados en la aeronáutica moderna, planteamiento que no parece descabellado teniendo en cuenta que desde el comienzo, los seres humanos nos hemos inspirado en animales voladores para idear y desarrollar nuestros propios medios para desafiar la gravedad y surcar los cielos. De hecho, es lógico suponer que todos nuestros avances en la aviación se los debamos a los mismísimos dinosaurios. Particularmente, a los dinosaurios avianos, pues es probable que nuestros ancestros se hayan inspirado al observarlos volando para conseguir alimento que de otra forma sería inalcanzable, para escapar de los depredadores y para evadir múltiples obstáculos y desplazarse eficientemente de un lugar a otro, lo cual no habría podido ocurrir si un dinosaurio coelurosauriano no hubiese echado plumas tras varios millones de años de evolución y eventualmente sus descendientes desarrollaran alas aptas para el vuelo y continuaran evolucionando hasta dar origen a un linaje con las adaptaciones idóneas para sobrevivir a las condiciones surgidas tras el impacto de un asteroide en las circunstancias precisas para erradicar al 75% de todas las especies vivientes. Si es posible que desarrolláramos nuestras propias maneras de volar gracias a ese exitoso grupo de dinosaurios al que llamamos "aves", ¿por qué no podemos aprender algo de los primeros vertebrados en cruzar los cielos? Hablamos, por supuesto, de los pterosaurios.

Los pterosaurios fueron los primeros vertebrados en emplear el vuelo propulsado para surcar los cielos, además de los más grandes, siendo desde cierta perspectiva la invención de la naturaleza más parecida a nuestras aeronaves actuales pese a que irónicamente no suelen servir de inspiración a la hora de desarrollar tecnología aeronaval.
Izquierda: Arte de Julio Lacerda; Derecha: Foto de Hawker Beechcraft Corp.

Los autores del estudio señalan que la fisiología de los pterosaurios podría proporcionar soluciones antiguas a problemas de aeronáutica moderna, soluciones que usualmente son ignoradas debido a que por lo general no se suele mirar a los organismos fósiles en busca de inspiración, con lo que se podría estar desaprovechando una amplia gama de oportunidades y alternativas para mejorar nuestra tecnología.

Por ejemplo, se sabe que algunas de las aves voladoras más pesadas deben ganar suficiente impulso a fin de poder elevarse en vuelo, para lo cual primero deben desplazarse en tierra y alcanzar una velocidad determinada antes de despegar, algo replicado en los aviones. Los pterosaurios, en cambio, probablemente podían despegar desde una posición estacionaria sin necesidad de correr para ganar momentum a pesar de que algunos alcanzaban un peso de alrededor de 300 kg (siendo así tan pesado como los drones modernos más grandes). Esto debido a que la membrana de sus alas y su robusta musculatura les permitían impulsarse con gran potencia utilizando sus codos y muñecas, así como sus extremidades traseras (las cuales estaban conectadas a las delanteras por la membrana de las alas) para realizar un salto que les permitiese alcanzar el momentum necesario para alzar el vuelo, lo que habría implicado un menor gasto energético del que supondría correr para ganar impulso.

Un Quetzalcoatlus despegando con un salto para emprender el vuelo.
Clip extraído de la serie "Clash of the Dinosaurs" de Discovery Channel

Del mismo modo, es sabido que a diferencia de la mayoría de nuestras aeronaves y dispositivos aéreos, que requieren un terreno plano y estable para poder despegar, los pterosaurios eran capaces de despegar desde diversas superficies dependiendo de sus adaptaciones. Desde suelos planos hasta terrenos empinados y posiblemente, incluso estructuras casi o completamente perpendiculares al suelo y no del todo estables, como acantilados, troncos de árboles y hasta el cuerpo de algunos dinosaurios.

Pterosaurios primitivos despegando, volando y aterrizando en lo que podría considerarse un entorno complicado.
Arte de Mark Witton

Teniendo esto en cuenta, los autores de esta investigación señalan que actualmente, la eficiencia de los sistemas de despegue de muchos de nuestros aparatos aéreos palidece en comparación con estas máquinas naturales que la evolución forjó por más de 160 millones de años. No obstante, añaden que la fisiología única de los pterosaurios y sus adaptaciones para el despegue podría ayudar a resolver algunos de los problemas que experimentan actualmente los ingenieros aeronáuticos, pudiendo propiciar ideas para el diseño de drones y aeroplanos capaces de despegar sin necesidad de gastar energía en un recorrido previo para ganar momentum y que no necesiten hacerlo estrictamente desde una superficie plana o completamente estable. De hecho, es posible que el día en que veamos drones y aeronaves con características y funcionalidades inspiradas en pterosaurios esté más cerca de lo que imaginamos. Actualmente, el paleontólogo y coautor del estudio Michael B. Habib, motivado por el potencial de estas aplicaciones de los conocimientos paleontológicos, está realizando negociaciones y colaborando con el Departamento de Defensa de EE.UU con el fin de desarrollar una aeronave con un sistema de lanzamiento "cuadrúpedo" capaz de efectuar un despegue vertical  instantáneo que requiera poco combustible, siendo análogo al salto de despegue de los pterosaurios.

Pero los organismos fósiles pueden proporcionar información útil no sólo en lo referente al despegue, sino también en cuanto al vuelo en sí. Por ejemplo, se sabe que las alas de los pterosaurios estaban compuestas de una extensa membrana llamada patagio, la cual era lo suficientemente flexible como para permitir a estos animales cambiar la forma y doblez de sus alas o de secciones de las mismas durante el vuelo para mejorar el control o el rendimiento. Al mismo tiempo, según indica el registro fósil, el patagio estaba reforzado por múltiples fibras que le permitían resistir las presiones del aire durante el aleteo y el planeo. Cada una de estas fibras se movía independientemente bajo la presión de las ráfagas de aire, pero en el proceso, vibraban con frecuencias opuestas que eran anuladas al combinarse, con lo que se mantenían balanceadas y le daban firmeza y estabilidad a las alas. Los expertos deducen que esta combinación de características le daba a los pterosaurios la capacidad de mantener la estabilidad en el aire, permitiéndoles responder a condiciones variables y aliviando el impacto de las ráfagas de viento, razón por la que los autores de este estudio señalan que conocer estas estructuras puede darnos pistas valiosas para prevenir la inestabilidad durante el vuelo, algo especialmente útil a la hora de considerar el diseño de nuevos aeroplanos e incluso, de trajes aéreos, los cuales actualmente enfrentan dificultades para resistir las presiones ejercidas en el vuelo, por lo que la implementación de un sistema inspirado en las alas de los pterosaurios podría contribuir a minimizar el riesgo. De hecho, según Michael Habib, el personal de la Fuerza Aérea de EE.UU. ya ha mostrado interés en implementar un sistema que incorpore alas adaptables semejantes a las de los pterosaurios para mejorar la estabilidad de los aviones ante vientos fuertes, así como en un diseño de tela para carpas basado en fibras que actúe de forma similar a las alas de los pterosaurios con el fin de contrarrestar la inestabilidad y reducir el ruido producido por las corrientes de aire en los paracaídas durante el descenso.

No obstante, los pterosaurios conforman sólo una de las direcciones a las que deberíamos mirar en busca de maneras de mejorar nuestra tecnología aeronáutica. Los autores también proponen dirigir la mirada hacia los dinosaurios alados, como los escansoriopterígidos. Éstos últimos son los únicos animales conocidos que combinan plumas con alas membranosas. Según los autores, la idea de diseñar estructuras aladas que utilicen una combinación de superficies rígidas y superficies flexibles de una forma parecida a como estos dinosaurios combinaban el plumaje con un patagio similar al de los pterosaurios abre una nueva gama de opciones biomiméticas que podrían ofrecer posibles soluciones a varios problemas de aeronáutica una vez estas estructuras sean comprendidas más a fondo, pues es de tener en cuenta que las mismas no fueron descubiertas hasta hace apenas media década. Aún así, dichas características no debieron sino constituir una adaptación evolutiva formidable que de algún modo u otro habría ayudado a estos dinosaurios a desempeñarse efectivamente en el aire, por lo que no es de extrañarse que su potencial tecnológico ya esté en la mira de la comunidad científica.

Además de los pterosaurios, dinosaurios alados como estos Ambopteryx de la familia de los escansoriopterígidos podrían proporcionarnos más pistas para mejorar el diseño y los sistemas de nuestros dispositivos y vehículos aéreos.
Arte de Gabriel Ugueto

Investigaciones como esta demuestran que la paleontología  no sólo nos dice de dónde venimos, sino también a donde podríamos llegar, además de que el estudio de la vida prehistórica no tiene por qué quedarse en la teoría y en el ámbito cognitivo y sus aplicaciones no están limitadas a la industria del arte y del entretenimiento. Los fósiles sirven más que para ser admirados en exhibiciones de museos e inspirar historias y representaciones de esos seres que alguna vez estuvieron vivos. Su legado es mucho más amplio y esconde muchos más secretos y beneficios de los que imaginamos. Como hemos visto en este estudio, para los paleontólogos e ingenieros, el futuro de la aeronáutica parece estar en el pasado. Sin embargo, no sólo el de la aeronáutica. Campos como la medicina y la robótica también muestran estar en vías de beneficiarse del estudio de organismos prehistóricos, denotando que éste puede ser muy útil en muchos otros aspectos de nuestra sociedad.

Fuentes:
  • https://www.cell.com/trends/ecology-evolution/fulltext/S0169-5347(20)30080-X
  • https://www.sciencedaily.com/releases/2020/04/200415133640.htm
  • https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/la-vida-en-un-mundo-conectado-607/tecnologa-inspirada-en-los-pterosaurios-12327

28 de marzo de 2020

Serie "Jurassic CSI"

Durante estas fechas, hemos estado viviendo momentos difíciles ante la creciente pandemia del virus COVID-19, pero para sobrellevar y superar esta situación con éxito es importante mantener una actitud positiva y para eso, una de las mejores cosas que podemos hacer es echar un vistazo al pasado y reconocer que si bien es cierto que enfrentamos la pandemia más seria en décadas, tampoco hay que olvidar que la raza humana ya ha confrontado y superado muchas otras con recursos incluso más limitados que ahora. Asimismo, vale la pena echar un vistazo a la historia natural de nuestro planeta para conmemorar lo resistente que es la vida. Y de eso, nuestros admirables amigos, los dinosaurios pueden dar testimonio, habiendo sobrevivido más de 160 millones de años de duras pruebas para la vida y aún así, prevaleciendo incluso hasta el día de hoy en la forma de aves. Por eso, no sería descabellado decir que ellos pueden darnos claves para nuestra propia supervivencia y éxito como especie.

Dicho esto, hoy quisiera compartir en el blog una serie documental de seis episodios lanzada por National Geographic en 2011, titulada "Jurassic CSI" ("CSI Jurásico" traducido literalmente al español o "El CSI de los Dinosaurios" de acuerdo a la traducción oficial).

Imagen de National Geographic

La serie cuenta con el paleontólogo británico Phillip Manning como presentador, quien con sus ocurrencias no sólo ayuda a que la experiencia educativa sea divertida y dinámica, sino que al apelar a nuestro sentido del humor, nos transmite un positivismo muy necesario, especialmente en momentos como los que estamos viviendo actualmente, lo cual a su vez es parte esencial de un estilo de vida saludable.

El Dr. Phillip Manning junto a varios fósiles de mamíferos prehistóricos
Imagen del Colegio de Charleston

En cuanto al contenido de la serie, se trata de un documental que resalta cómo la paleontología asume un rol similar al de las ciencias forences a la hora de estudiar y resolver misterios e interrogantes sobre criaturas que murieron hace millones de años, con lo que lleva sus retos e implicaciones a niveles y escalas mayores. El programa explora investigaciones paleontológicas en las que se recurre a otros campos de estudio para indagar en aspectos determinados sobre la biología de diversos tipos de dinosaurio, denotando la naturaleza multidisciplinaria de esta ciencia, mientras seguimos a Phillip Manning en sus viajes a museos, laboratorios, centros de investigación y también a lugares mucho menos ortodoxos, donde aprovecha el conocimiento y la asistencia de otros paleontólogos y expertos en otras ramas de la ciencia en su búsqueda de información y de respuestas. Ocasionalmente, los fenómenos que investiga son representados mediante recreaciones digitales de escenarios ambientados en el Mesozoico, mas dado que el formato del programa no es el de un documental de naturaleza, es comprensible que su presupuesto no sea el esperable para producir un CGI y animaciones de punta. Cada capítulo explora un aspecto diferente sobre la biología de los dinosaurios. El primero se centra en las capacidades sensoriales y el intelecto del T. rex como uno de los dinosaurios con el cerebro más grande con relación al tamaño de su cuerpo y en cómo le beneficiaba esto en su diario vivir y en su supervivencia. El segundo episodio explora los mecanismos y formas de locomoción de algunos dinosaurios y de otros arcosaurios extintos, poniendo a prueba sus capacidades mediante el uso de tecnología moderna. El tercer episodio indaga en la coloración de varios dinosaurios y en cómo éstos pudieron haberse valido de la misma en su día a día, además de explorar técnicas aplicadas en tiempos recientes al estudio de organismos fósiles a fin de determinar cómo era la pigmentación de éstos en vida. El cuarto episodio trata un tema bastante relevante para momentos como este al explorar las capacidades naturales de curación de algunos dinosaurios y la efectividad de su sistema inmune, el cual, según parece mostrar el registro fósil, probablemente combinaba lo mejor del de las aves y cocodrilos de hoy. El quinto episodio aborda cómo es que muchos saurópodos llegaron a ser tan monstruosamente enormes y las implicaciones biológicas que conllevaba crecer hasta tan descomunales dimensiones, planteando además los límites de tamaño a los que pudieron haber llegado estos animales. El sexto episodio explora lo que el registro fósil nos dice sobre el integumento de algunos dinosaurios y plantea métodos para facilitar una reconstrucción más precisa de éstos según eran en vida. Si bien es cierto que algunas cosas han cambiado durante los 9 años que han pasado desde el lanzamiento de la serie hasta la publicación de esta entrada gracias al descubrimiento de más material fósil y al desarrollo de nuevas técnicas de investigación, el documental está relativamente actualizado y gran parte de la información provista en el mismo continúa vigente al día de hoy, así como muchos de los métodos utilizados para obtener dicha información.

Antes de compartir los enlaces a la serie, aclaro como de costumbre que el material original y los derechos de propiedad pertenecen a National Geographic, mientras que los videos son accesibles gracias al usuario Machineto de DocumaiaTV. Yo sólo soy un intermediario no oficial. Sin más preámbulos, que disfrute del CSI de los Dinosaurios.

Episodio 1: Secretos del Tiranosaurio
Episodio 2: Caminar como un dinosaurio
Episodio 3: A todo color
Episodio 4: La resistencia del Tiranosaurio
Episodio 5: Dinosaurios Gigantes
Episodio 6: Bajo la piel

21 de febrero de 2020

Desmintiendo Dino-mitos: ¿Tenía el Tyrannosaurus rex una mordida séptica?

En esta nueva entrada de la serie "Desmintiendo Dino-mitos", estudiaremos una hipótesis que alguna vez fue considerada en la comunidad científica y que aún tiende a resonar en algunos rincones informales pese a que se demostró que era falsa. Se trata de la idea de que el Tyrannosaurus rex y sus parientes hayan tenido lo que conocemos como una "mordida séptica". Es decir, que mataran a sus víctimas causándoles septicemia al morderlas gracias a un agente infeccioso en su saliva.

Esta hipótesis consistía en que los dentículos en los dientes del T. rex facilitaban la incrustación y acumulación de pequeños trozos de carne que se descomponían con el tiempo, dando lugar al desarrollo de colonias de bacterias en la saliva. A la hora de derribar a una presa potencial, dichas bacterias podrían provocar una infección letal en una herida significativa, con lo que el T. rex sólo necesitaría morderla una vez y esperar a que las bacterias hicieran su trabajo.

El T. rex probablemente no tenía una buena higiene bucal, siendo posible que restos de algunas de sus comidas quedaran incrustados entre su dentadura durante un tiempo prolongado durante el que se iban descomponiendo.
Arte de Damir G. Martin

Esta idea fue expuesta en 1992 por el paleontólogo William Abler, pero no se hizo tan popular hasta 2008, cuando fue presentada a las masas por el documental "Jurassic Fight Club", emitido originalmente por The History Channel. Sin embargo, su popularidad llegó tarde, pues la hipótesis estaba moribunda al haber sido cimentada sobre una base inestable.

El argumento principal de la hipótesis de Abler era que la estructura de los dientes del T. rex era muy similar a la de los dientes del actual dragón de Komodo, por lo que debió de haber empleado la misma estrategia de caza que éstos o una similar. Y es que para cuando Abler propuso esta hipótesis, se pensaba que los dragones de Komodo mataban a sus presas de la manera arriba descrita. Es decir, infectándolas con bacterias que se desarrollaban en su saliva gracias al alimento que quedaba incrustado en su dentadura y se descomponía en su boca. Sin embargo, en 2009 se descubrió que los dragones de Komodo en realidad no tienen un mordisco séptico como se pensaba hasta entonces, sino que tienen glándulas venenosas en su boca. En otras palabras, resulta que éstos no matan a sus víctimas por infestación, sino por envenenamiento, invalidando la teoría de la mordida séptica.

El dragón de Komodo alguna vez fue considerado el poseedor de una mordida séptica y la similitud de sus dientes con los del T. rex condujo a la hipótesis de que éste último también tendría una, mas ésta perdió solidez al revelarse que el dragón de Komodo lo que tiene en realidad son glándulas venenosas.
Fotografía por Cezary Stanislawski

Con esto, la idea de que el T. rex mataba a sus presas dando un mordisco y esperando a que éstas sucumbieran a la infección causada por el mismo fue falsificada al carecer de análogos en el mundo moderno que permitan sustentar tal estrategia de caza. No obstante, es de tener en cuenta que el T. rex se caracteriza por poseer la mordedura más potente registrada hasta ahora para un dinosaurio, siendo capaz de ejercer una fuerza de sobre 30 kilonewtons al morder, lo que le habría permitido no sólo atravesar la carne, sino también triturar huesos, por lo que un agente infeccioso tendría poco que aportar a sus ya letales fauces.

Aún así, cabe mencionar que hay algo de cierto en la hipótesis de Abler, pues todos los animales carnívoros son susceptibles a quedarse con algún trozo de carne incrustado entre sus dientes luego de una comida (los dinosaurios, como el T. rex no tienen por qué ser la excepción), el cual eventualmente puede ir descomponiéndose, propiciando el desarrollo de bacterias en la boca y pudiendo llevar a causar infecciones en sus víctimas posteriores al morderlas, lo cual dependiendo de la gravedad de la infección, de la ubicación y seriedad de la herida, así como del estado de salud y de qué tan potente sea sistema inmune de la víctima, podría o no llevarlas a la muerte.

Aunque sus mordidas no necesariamente provocasen una septicemia severa, es evidente que las fauces del T. rex estaban perfectamente diseñadas para someter a sus presas y contrarrestar sus defensas.
Arte de Vlad Konstantinov

Referencias:
https://www.jstor.org/stable/2400997?seq=1#metadata_info_tab_contents
https://www.pnas.org/content/106/22/8969