Nota: Esta entrada será un poco distinta a las anteriores en términos del tono utilizado, ya que como autor del blog, quisiera explorar varios acercamientos a la hora de divulgar información en este espacio para darle variedad y dinamismo. Dicho esto, procedamos con el tema.
Ah, los ornitisquios. Ese grupo de dinosaurios tan diverso cuya evolución llevó a colosos con placas, como el Stegosaurus, a tanques vivientes, como el Ankylosaurus, a gigantes con golas y cuernos, como el Triceratops y a exhibicionistas crestados, como el Lambeosaurus. ¿Pero cómo fue que ese grupo se diversificó tanto? ¿Cuáles son sus orígenes?
Durante mucho tiempo, se ha pensado que las respuestas a estas interrogantes las pueden ofrecer dinosaurios como el Pisanosaurus, un pequeño animal encontrado en la Formación Ischigualasto (donde también se encontró al Eoraptor, al Herrerasaurus, al Panphagia, al Eodromaeus, entre otros), datando de aproximadamente, 230 millones de años y habiendo por tanto, vivido a finales del Triásico, período en el que se originaron los dinosaurios. Por si fuera poco, su edad lo convierte en el ornitisquio más antiguo conocido.
Reconstrucción hipotética del Pisanosaurus por Michael B. H.
De modo que tenemos un ornitisquio en lo que algunos llaman "la cuna de los dinosaurios" (aunque hay que tener en cuenta que se han descubierto posibles fósiles de dinosaurios en rocas un tanto más antiguas). ¿Y quién puede negar que esto es una pieza clave en el rompecabezas de la evolución de este grupo y de los dinosaurios en general?
Oh... Pues al parecer, el paleontólogo Federico L. Agnolín lo puede negar. Y eso es lo que pasa cuando el único material de Pisanosaurus encontrado es un ejemplar en un pobre estado de preservación, el cual para completar, se ha degradado aún más debido a descuidos durante el proceso de preparación del fósil. Esto ha hecho que la clasificación del Pisanosaurus sea todo menos sencilla. Tan drástico es el caso que, como nos demostró Agnolín, ahora inclusive hay dudas de que sea un dinosaurio.
Con el Pisanosaurus en estado de clasificación dudoso, el próximo ornitisquio más antiguo que se conoce es el Eocursor, encontrado en la Formación Elliot al sur de África. Aunque también está incompleto, gracias a su mayor grado de preservación, podemos ver que sus caderas y su pelvis indican que se trata claramente de un ornitisquio. De modo que podríamos decir que el Eocursor es el que responderá nuestras preguntas sobre el origen y diversificación del grupo. No es tan antiguo como el Pisanosaurus, pero habiendo sido encontrado al sur de la Formación Elliot, sabemos que es de edad triásica y siendo tan antiguo, puede ayudarnos a encontrar algunas respuestas, ¿verdad?
Mejor me trago mis palabras. Como menciona el Dr. Thomas Holtz en su Twitter, resulta que contrario a lo que se pensaba originalmente, el Eocursor fue encontrado en la parte superior de la Formación Elliot, la cual data de principios del Jurásico, no en la inferior, que es de edad triásica.
Pero bueno, aún tenemos una última esperanza: el heterodontosáurido no identificado de la Formación Laguna Colorada de Argentina, descrito por Ana M. Báez y Claudia A. Marsicano. No será tan basal y ya estará algo diversificado, pero sigue siendo uno de los primeros ornitisquios y al ser de edad trásica...
Y con lo que nos dice aquí la Dra. Laura Porro, damas y caballeros, parece que ahora no tenemos registro definitivo de ornitisquios en el Triásico. En su lugar, lo que tenemos es lo que en paleontología se conoce como un linaje fantasma en la misma base evolutiva de los ornitisquios.
No obstante, hay que aclarar que esto no significa que no hubiese ornitisquios en el Triásico. Es sólo que no se han encontrado aún (o mejor dicho, los pocos que se han encontrado hasta ahora están en duda) y dado lo difícil que es conseguir buen material de dinosaurios de este período y el pobre estado de preservación en el que tiende a encontrarse, ¿quién sabe cuándo surgirá un hallazgo que nos permita conocer cómo eran y cómo se diversificaron los primeros ornitisquios? Por otro lado, siendo más optimista, ¿será posible que ya se haya descubierto alguno, pero que aún no se haya descrito? O dada la forma en que se ha estado tambaleando el árbol familiar de los dinosaurios últimamente, ¿será posible que nos llevemos una sorpresa con alguna pista que aún no se haya estudiado tan a fondo? Sólo el tiempo lo dirá.
Tarde, pero seguro. Muchos se habrán enterado ya de que el árbol familiar de los dinosaurios al parecer no fue plantado en terreno firme y ahora está tambaleándose, lo que ha dado mucho de qué hablar durante los últimos días.
La base de todo esto es un nuevo estudio publicado por Matthew Baron, David Norman, y Paul Barrett que cuestiona la clasificación tradicional de los dinosaurios utilizada durante los últimos 130 años en la que se divide el grupo Dinosauria en dos grandes ramas: Saurischia y Ornithischia. Puede encontrar más información sobre la clasificación tradicional aquí.
En el nuevo estudio, los paleontólogos investigan las similitudes entre distintos dinosaurios y proponen que los terópodos están más emparentados con los ornitisquios que con los sauropodomorfos tras comparar sobre 457 características diferentes en 74 especies. Como resultado, se ha propuesto el grupo "Ornithoscelida" (término originalmente acuñado por Thomas H. Huxley en 1867) que incluiría a los terópodos y a los ornitisquios, mientras que los sauropodomorfos permanecen en Saurischia, junto con los herrerasáuridos (ahora no considerados terópodos).
Cladograma diseñado por Darren Naish
La nueva clasificación implica una re-definición del grupo Dinosauria y de Saurischia. Por otra parte, el estudio menciona también la posibilidad de que los dinosaurios se hayan originado en el hemisferio norte, idea opuesta a la concepción actual, según la cual, es probable que los dinosaurios se hayan originado en Sudamérica o África.
No obstante, es de tener en cuenta que las proposiciones de Baron y sus colegas de momento son sólo una hipótesis que todavía no ha sido unánime aceptada por la comunidad científica, mas eso no significa que no pueda serlo. Si otros científicos prueban la hipótesis y sus resultados son consistentes con los de los autores, este hallazgo podría tener importantes implicaciones para nuestra comprensión de la evolución de los dinosaurios.
Fuente del estudio: http://www.nature.com/nature/journal/v543/n7646/full/nature21700.html
La serie "Walking with Dinosaurs" (Caminando con Dinosaurios) es reconocida como uno de los documentales más destacados sobre la vida mesozoica. Sin embargo, como ya hemos visto, eso no significa que esté exenta de errores y cuando se trata de discordancias científicas, hay algunos que simplemente son difíciles de pasar por alto. Esto puede verse desde el primer capítulo de la serie, "Sangre Nueva", el cual tiene lugar a finales del Triásico en la Formación Chinle, la cual se encuentra en la colindancia entre Arizona y New Mexico, EE.UU. En este episodio podemos observar parte de la fauna nativa la Formación Chinle, como el Coelophysis (un terópodo primitivo), el Postosuchus (un rauisuquio de gran tamaño) y el Placerias (uno de los últimos dicynodontos), pero también hacen aparición algunas criaturas que no se conocen en dicha formación y cuya presencia en la misma es muy poco probable, estando por lo tanto, fuera de contexto.
Una de esas criaturas es una especie no identificada de cynodonte.
Imagen propiedad de la BBC
También podemos ver al Peteinosaurus, un pterosaurio primitivo encontrado únicamente en la Formación Caliza de Zorzino de Italia.
Imagen propiedad de la BBC
Otra es el Plateosaurus, un sauropodomorfo basal sólo conocido en la Formación Trossingen de Alemania (aunque material referido al género ha sido encontrado en otras partes de Europa). Por si fuera poco, en el documental es representado asumiendo una locomoción cuadrúpeda cuando los expertos piensan que era bípedo.
Imagen propiedad de la BBC
Pero la interrogante es: ¿Por qué el programa pone a estos tres seres a invadir la Formación Chinle?
Pues en el caso del cynodonte, es probablemente debido al hallazgo de un par de dientes fosilizados encontrados en la formación inicialmente atribuidos a un cynodonte desconocido. Posteriormente, se descubriría que éstos no eran atribuibles a un taxón dentro de Cynodontia, por lo que de momento no hay pruebas de que el grupo estuviese presente en dicha formación.
El caso del Peteinosaurus y del Plateosaurus ya es un poco más difícil de justificar, pero es posible que los productores hayan querido explorar la presencia de pterosaurios y sauropodomorfos en ese ecosistema, lo cual no es del todo erróneo, ya que se han encontrado fósiles de pterosaurios (que irónicamente, muestran una mayor similitud con el Eudimorphodon que con el Peteinosaurus) y huellas atribuidas a sauropodomorfos basales en la Formación Chinle, pero ese material no ha sido estudiado tan exhaustivamente como para asignarlo a un taxón específico previamente descrito. De modo que donde erra el programa es en la asignación de un nombre genérico al pterosaurio y al sauropodomorfo mostrados en este episodio y especialmente, en asignarlos a taxones sólo encontrados en Europa, ya que no hay nada que respalde la presencia de éstos en la Formación Chinle y es poco probable que el material mencionado sea asignado a estos géneros en particular.
Así que como siempre, seamos cuidadosos y críticos con la información que se nos ofrece en los documentales.
Referencias:
Libro "The Princeton Field Guide to Dinosaurs" de Gregory S. Paul
Libro "Dinosaurs: The Grand Tour" de Keiron Pim
http://chinleana.fieldofscience.com/2009/09/enigmatic-triassic-taxa.html
http://dipbsf.uninsubria.it/paleo/dvecchia.htm
https://www.researchgate.net/publication/281625871_Eosauropus_a_new_name_for_a_Late_Triassic_track_Further_observations_on_the_Late_Triassic_ichnogenus_Tetrasauropus_and_related_forms_with_notes_on_the_limits_of_interpretation
Este es un tema que discutí recientemente con unos amigos
en un foro y me parece apropiado tratarlo aquí también. Y es que durante
años, los medios han alimentado nuestra imaginación y nuestros temores
mostrándonos a los dinosaurios emitiendo aterradores rugidos con efectos de
sonido muy bien trabajados, pero ¿qué tan cerca está eso de la realidad?
Clip de Jurassic Park, propiedad de Universal Pictures
Cierra el pico, "Rexy" porque probablemente, no está tan cerca. El asunto es que hoy mucha gente está tan acostumbrada a escuchar
a los dinosaurios rugir en los medios que hasta se suele pensar que es natural
que estos animales hubiesen rugido cuando
la realidad posiblemente fue muy distinta.
Antes que nada, aclaremos que "rugido" es un
término de uso amplio que no siempre se emplea de la forma correcta. Lo que se
conoce formalmente como un rugido consiste en un tipo de vocalización producido
gracias en gran parte a las cuerdas vocales vistas en la laringe mamífera. De
modo que sólo algunos mamíferos cuentan con las adaptaciones necesarias para
producir este tipo de vocalización (particularmente, los grandes felinos). Lo
mismo ocurre con los bramidos, gruñidos, bufidos, aullidos, barritos, berridos,
etc. Todos estos son sonidos que diversos tipos de mamíferos pueden producir
gracias a las cuerdas vocales presentes en su laringe. Ahora bien, sabemos que
los dinosaurios no son nada parecido a los mamíferos. Pertenecen a un grupo muy
distinto conocido como arcosaurios, que hoy está representado por los
cocodrilianos y las aves (sin olvidar que éstas últimas son dinosaurios). Hasta
donde se ha visto, la laringe de los arcosaurios no contiene cuerdas vocales,
lo que los inhibe de la capacidad de rugir, bramar, gruñir y emitir los sonidos
que solemos escuchar en los mamíferos. Y partiendo de la premisa del
horquillado filogenético, lo más lógico es que los dinosaurios tampoco pudieran
emitir este tipo de vocalizaciones.
Sin embargo, sabemos que en el caso de los dinosaurios
avianos (es decir, las aves), éstos pueden emitir una amplia variedad de
sonidos, desde graznidos hasta silbidos. La gran mayoría debe esto a un órgano
conocido como la siringe, el cual depende de un sistema de sacos aéreos en
lugar de cuerdas vocales. Cabe resaltar que hay pruebas de que los dinosaurios
no avianos también poseían un sistema de sacos aéreos. Entonces, ¿es posible
que los dinosaurios no avianos cantaran y grajearan como las aves actuales? Pues
probablemente no. Resulta que la estructura conocida más primitiva
que sugiere la presencia de una siringe se encuentra en el Vegavis iaai, un ave
similar a un ganso que vivió en la Antártida hace poco más de 65 millones de años
(eso es justo después del final del Mesozoico, luego de los eventos que
llevarían a los dinosaurios no avianos a la extinción). En otras palabras, lo
más probable es que las aves más primitivas y los dinosaurios no avianos
carecieran de una siringe, por lo que no habrían podido emitir sonidos de la
misma forma en la que lo hace la inmensa mayoría de las aves actuales. Además,
aún si los dinosaurios no avianos hubiesen tenido una siringe, es posible que
su función no estuviese del todo relacionada con la vocalización, pues para que
ésta vibre y produzca sonido, debe recibir presión y flujo de aire de un saco
clavicular y lo que se ha encontrado del sistema de sacos aéreos no incluye un
saco clavicular homólogo al de las aves (sí es cierto que el Aerosteón
riocoloradensis muestra una estructura consistente con lo que podríamos llamar
un saco clavicular, pero su configuración sugiere que tuvo un origen distinto y
probablemente, una función diferente al de las aves, tratándose de un caso
de evolución convergente).
Eso, sin embargo, no significa que los dinosaurios no
avianos fuesen "mudos". Los dinosaurios han sido uno de los grupos de
animales más exitosos del planeta, habiendo sido capaces de habitarlo durante
más de 225 millones de años de evolución (eso es muchísimo más de lo que
llevamos los primates en él). Además, hay pruebas de que algunos asumían un
comportamiento social complejo. Todo esto está ligado a una capacidad de comunicación
sofisticada y efectiva. En adición, si bien existen pruebas de que los
dinosaurios utilizaban el lenguaje corporal a la hora de comunicarse, se sabe
también que algunos tenían un sistema auditivo altamente desarrollado y varios estudios
sugieren que en algunos casos, éste permitía la detección de sonidos imperceptibles para el oído humano. Por si fuera poco, esto se
ve aún en las aves actuales. Teniendo en cuenta que la evolución ha mantenido y
desarrollado esta adaptación por más de 225 millones de años, lo más probable
es que la comunicación sonora haya jugado una función significativa en la
supervivencia y en el éxito de los dinosaurios como grupo.
De modo que es probable que al menos, algunos dinosaurios
pudieran vocalizar. Tal es el caso de los hadrosaurios lambeosaurinos como el
Parasaurolophus, cuya cresta estaba compuesta por "pasadizos" en el
interior que pudieron haberle permitido
funcionar como una cámara de resonancia a través de la cual, el flujo de
aire podía generar un sonido retumbante de baja frecuencia. Dicho de otra
forma, las crestas de los hadrosaurios pudieron haber funcionado de forma
similar a un trombón. Por si fuera poco, un patrón similar fue encontrado en
los canales nasales de algunos ankylosaurios, como el Euplocephalus, los cuales
son ampliamente extensos y forman múltiples giros a lo largo de la parte
delantera del cráneo hasta conectar con la garganta, lo cual pudo haber
permitido la amplificación de sonidos generados a través de flujo de aire, funcionando
de forma parecida a la cresta de los lambeosaurinos. También se ha sugerido que
este pudo haber sido el caso de algunos saurópodos (particularmente, de los
macronarios), como el Brachiosaurus, teoría sustentada por la forma de sus
crestas y cámaras nasales. De hecho, hay quien sugiere que sus largos cuellos y
tráqueas contribuían en la amplificación y profundización de sonido, como ocurre
actualmente con los gansos, cisnes y avestruces.
Por otra parte, en un estudio publicado en julio
de 2016, un equipo de investigadores encabezado por el biólogo Tobias Riede
explora otra forma de emisión sonora que pudo haber sido empleado por los
dinosaurios. Dicha forma de generación de sonido es la vocalización por boca
cerrada, la cual consiste en canalizar el aire a lo largo de una especie de
bolsa que rodea el esófago mientras la boca se mantiene cerrada, lo que permite
la filtración de sonidos a través de la piel del área del cuello. Esto es algo
que los ratites, tales como los avestruces, casuarios y emúes hacen con
frecuencia, valiéndose sólo del saco cervical (sin utilizar la siringe).
Video suministado por Ryan
Asimismo, este medio de vocalización también es empleado por el otro linaje de arcosaurios que persiste en la actualidad, los cocodrilianos (cocodrilos, caimanes y gaviales). El estudio concluyó que este mecanismo evolucionó al menos, 16 veces en la rama de los arcosaurios, lo que aumenta las probabilidades de que este fuera el caso de muchos dinosaurios no avianos.
Video suministado por snook201
Otra
posibilidad de la que se ha hablado es de la presencia de bolsas inflables en
la nariz que también funcionarían como un estilo de vocalización por boca
cerrada (algo parecido a los sacos inflables de los sapos y las ranas),
hipótesis sustentada por las grandes cavidades nasales vistas en algunos
dinosaurios. Esta idea puede apreciarse en el Muttaburrasaurus de "Walking
with Dinosaurs".
Clip de Walking with Dinosaurs, propiedad de la BBC
No obstante, la vocalización por boca cerrada no es la
única posibilidad que se tiene en cuenta a la hora de considerar la forma en
que se comunicaban los dinosaurios en el Mesozoico. Después de todo, algunos
fósiles de dinosaurios incluyen huesos hioides, los cuales juegan un papel
importante en la vocalización bocal.
Teniendo eso en cuenta, es de considerar que la
laringe de los cocodrilianos no contiene cuerdas vocales y a pesar de eso,
éstos pueden emitir de su boca ronquidos, siseos y lloridos controlando el
flujo de aire en sus sacos aéreos.
Video suministado por Nicole M.
Pero
no son los únicos. Cabe resaltar que no todas las aves poseen una siringe y sin
embargo, cuando abren el pico, pueden llegar a ser muy ruidosas. Este es el
caso de los buitres. Éstos, a pesar de carecer de siringe, no son para nada
mudos y no necesariamente practican la vocalización por boca cerrada, sino que
de la misma manera que los cocodrilianos, pueden controlar el flujo de aire en
sus sacos aéreos para emitir una variedad de graznidos y siseos.
Video suministado por Love Knysna
Así que, ¿cómo
sonaban los dinosaurios?
Pues los dinosaurios pudieron haber empleado
diversos tipos de vocalizaciones por boca cerrada o bien, es posible que
hubiesen emitido sonidos que sólo requirieran flujo de aire en lugar de cuerdas
vocales, consistiendo mayormente en ronquidos, lloridos o siseos de forma
similar a los cocodrilianos, graznidos como los de los buitres o incluso, una
combinación de ambos. Un buen ejemplo en el que se puede apreciar a un
dinosaurio emitiendo este tipo de vocalizaciones es en las pruebas de efectos
sonoros del Tyrannosaurus del videojuego "Saurian".
Video suministado por los desarrolladores de Saurian
Por otra parte, también está la posibilidad de que el
saco clavicular visto en el Aerosteón sustentara la presencia de un órgano
similar a la siringe de las aves que no necesariamente funcionaría igual a
ésta. Después de todo, el que esta estructura no sugiera la presencia de una
siringe aviana no significa que no pueda estar relacionada con otro mecanismo
de vocalización que simplemente desconocemos. De igual modo, es posible que los
dinosaurios no avianos poseyeran algún otro tipo de órgano fónico que no
requiriera cuerdas vocales o la función que juega el saco clavicular en muchas
aves. Después de todo, si las aves pudieron desarrollar su propio sistema de
vocalización, ¿quién sabe si los demás dinosaurios no avianos desarrollaron el
suyo? De hecho, ¿quién sabe si las diversas ramas del linaje Dinosauria
desarrollaron su propio órgano fónico de forma independiente a medida que
evolucionaban? Por otro lado, otra posibilidad que tampoco hay que descartar es
que la laringe de los dinosaurios no avianos fuese más sofisticada o que
incluso contuviera cuerdas vocales (después de todo, éstas están presentes y
han evolucionado de forma independiente en varios grupos de amniotas) y les
permitiera producir un mayor rango de vocalizaciones, pasando eventualmente a
ser una característica vestigial. El problema con estas líneas de pensamiento,
sin embargo, es que no hay suficientes pruebas ni material que sustente que
alguno de éstos haya sido el caso, razón por la que enfrentan mucha oposición y
de momento, entran en el territorio de lo poco probable.
En resumen, es cierto que contrario a lo que suelen
mostrar los medios, los dinosaurios probablemente no rugían, pero eso no
necesariamente los privaba de otras formas y vías de vocalización. Simplemente,
no sabemos con certeza en qué consistían esas vocalizaciones y a falta de
pruebas directas, sólo podemos deducir y especular.
Período en que vivió: Etapas Kimmeridgiense y Titoniense
del Jurásico superior (155 a 150 millones de años)
Localidad de sus fósiles: La Formación Morrison en el
oeste de Estados Unidos (Norteamérica) Material encontrado: Sobre 80 ejemplares
en diferentes estados de preservación (su anatomía es bastante conocida)
Alimentación: Herbívoro
Arte de Yamamoto Seiji
Información General
Alcanzando una longitud de hasta 9 metros, una altura de
poco más de 3 metros y un peso aproximado de 4.5 toneladas, el Stegosaurus es
hasta ahora el miembro más grande conocido del clado Thyerophora. Como la
mayoría de los miembros de este grupo, es cuadrúpedo y sus patas delanteras son
considerablemente más cortas que las traseras, lo que en conjunto con el diseño
de su macizo cuerpo, sugiere que era de andar lento. Pese a su gran tamaño, el
Stegosaurus presenta una cabeza proporcionalmente pequeña. Su cráneo es
estrecho y alargado y presenta una fenestra antorbital pequeña en comparación
con la de otros dinosaurios. Sus mandíbulas están provistas de dientes pequeños
y con forma de hoja, mientras que la punta del hocico termina en un pico
desdentado, diseño consistente con una alimentación herbívora. La característica
más distintiva del Stegosaurus, sin embargo, son las grandes placas en su lomo
y púas en la cola, estructuras comunes en la familia de los estegosáuridos,
pero raras en otros linajes de dinosaurios.
Nota Histórica
El Stegosaurus fue descrito en 1877 por Othniel Charles
Marsh, quien inicialmente pensó que los huesos, desenterrados en la Formación
Morrison en Colorado, EE.UU, pertenecían a un reptil acuático. Marsh lo llamó
"Stegosaurus ", que significa "lagarto tejado" porque conceptuó
las placas posicionadas horizontalmente, quedando aplanadas sobre el lomo, como
azulejos de techo. Especímenes más completos luego revelarían que esta
configuración era errónea, llevando a múltiples interpretaciones sobre la
disposición de las placas. Desde que los primeros fósiles de Stegosaurus fueron
descubiertos, más de 80 ejemplares han sido encontrados, siendo así uno de los
dinosaurios más comunes en el registro fósil.
Datos Curiosos
Desde el descubrimiento del
primer ejemplar de Stegosaurus, la disposición de sus placas ha sido objeto de
polémica. Inicialmente, Othniel C. Marsh pensó que éstas estaban posicionadas horizontalmente,
quedando aplanadas sobre el lomo. Luego, gracias a un espécimen mejor conservado,
entendió que éstas estaban posicionadas de forma vertical y lateral, pero
supuso que formaban una sola fila en el lomo del animal, visión que cambió a
principios del Siglo XX, cuando se descubrió que esta configuración era poco
probable debido a que las placas se sobrepondrían unas con otras. Fue entonces
cuando se entendió que el Stegosaurus tenía dos filas de placas en su lomo. En
un principio, se interpretó que las placas se posicionaban de forma paralela
unas con otras, pero en la década de 1960 se dedujo que esta configuración era improbable
debido a que el tamaño y la forma de cada placa difería, impidiendo que hubiese
pares perfectos. Fue entonces cuando se propuso el arreglo aceptado en la
actualidad, que consiste en dos filas de placas en configuración alternada, que
sería posteriormente validada con el hallazgo de ejemplares articulados.
La cantidad de placas parece
variar entre individuos, con algunos especímenes mostrando un mínimo de 17
placas y otros, hasta 22 placas. El tamaño de las placas también parece variar
entre ejemplares, aunque esto en la actualidad es mayormente considerado como
un cambio ontogénico, ya que en 2009, un estudio basado en la comparación de
especímenes de diversas edades reveló que las placas del Stegosaurus crecen
desproporcionalmente con el cuerpo del animal y que éstas mantenían su ritmo de
crecimiento aún cuando el resto del esqueleto mostraba un crecimiento más
lento.
La función de las placas ha
sido ampliamente debatida durante años. En un principio, se pensó que eran
utilizadas como defensa ante los depredadores, sirviendo como una especie de
escudo que protegía al animal. Sin embargo, algunos expertos consideran que
esta línea de pensamiento es altamente cuestionable debido a la ubicación de
éstas sólo protegerían el lomo del animal, dejando a los flancos vulnerables.
Una teoría más reciente indica que éstas funcionaban como un medio de
termorregulación corporal, línea de pensamiento sustentada por el hecho de que
las placas tenían vasos sanguíneos que corrían a través de ranuras presentes en
éstas, lo que apunta a la posibilidad de que el aire que fluía alrededor de las
placas hubiera enfriado la sangre. No obstante, estudios más recientes han
llevado a los paleontólogos a teorizar que los vasos sanguíneos pueden
atribuirse a la necesidad de transportar nutrientes para el rápido crecimiento
de la placa. Además, la estructura vista en otros estegosáuridos, como el
Kentrosaurus (el cual presenta un número reducido de placas proporcionalmente
más pequeñas que las del Stegosaurus), sugiere que la termorregulación no
jugaba un papel tan importante en la biología de estos animales como para
requerir la presencia de placas en todo el lomo. Una de las teorías más
aceptadas actualmente es que las placas pudieron haber sido utilizadas como un
medio de comunicación corporal, sirviendo para atraer parejas o ahuyentar
rivales y depredadores potenciales. Algunos expertos incluso plantean hipótesis
sobre la posibilidad de que los vasos sanguíneos pudieran distribuir sangre por
las placas, haciendo que éstas se enrojecieran, resultando ser más llamativas
para el sexo opuesto o más intimidantes para sus depredadores y rivales.
Aparte de sus placas, el
Stegosaurus presenta también cuatro púas de entre 60 y 90 cm de largo que se
extendían hacia los lados desde la punta de su cola. Como la de las placas, la
función de estas estructuras es objeto de debate. Mientras algunos expertos
indican que pudieron haber sido para exhibición y comunicación, una gran
mayoría sostiene que pudieron haber sido utilizadas como arma. Esta última línea
de pensamiento es respaldada por la falta de tendones osificados en la cola (lo
que la haría más flexible) y por el hallazgo de una vértebra de la cola de un
Allosaurus que presenta un orificio en el que las púas dermales del Stegosaurus
encajan perfectamente.
Las púas han recibido el
nombre informal de "thagomizer", término adjudicado por el Dr.
Kenneth Carpenter a partir de una tira cómica hecha por Gary Larson en la que
un cavernícola le explica a sus alumnos que las estructuras recibieron se
nombre en honor al difunto Thag Simmons, quien presuntamente había muerto
atravesado por las púas (es de notar, desde luego, que el Stegosaurus y los
homínidos nunca coexistieron, estando separados por 150 millones de años).
El Stegosaurus tenía una
cabeza proporcionalmente muy pequeña con respecto al tamaño de su cuerpo. Aún
más curioso es el hecho de que el endocasto (la cavidad donde se ubicaría el
cerebro) parece indicar que el cerebro era diminuto con relación al tamaño del
animal. Mientras un Stegosaurus adulto pudo haber alcanzado un peso de
aproximadamente 4.5 toneladas, su cerebro sólo pesaba 0.08 kg. La forma exacta
en la que cómo un órgano proporcionalmente tan pequeño hacía funcionar un
cuerpo tan grande no es muy bien comprendida, pero sí se sabe que esto no era
impedimento para que el dinosaurio se desempeñara eficazmente en su entorno.
Prueba de ello es lo exitoso que parece haber sido el Stegosaurus a finales del
Jurásico, siendo uno de los dinosaurios más comunes en su ecosistema.
Los fósiles de Stegosaurus
contienen una cavidad entre las caderas, la cual sugiere la presencia de lo que
los expertos consideran que puede ser un cuerpo de glucógeno 20 veces más
grande que el cerebro del animal. Esta estructura se ha encontrado también en
dinosaurios saurópodos y en dinosaurios avianos y aunque su función no es muy
comprendida, se piensa que sirve para facilitar el suministro de glucógeno al
sistema nervioso del animal, jugando un papel importante en la capacidad motora
de éste. Antiguamente, se le consideraba como un "segundo cerebro", pero dicha premisa hoy es considerada errónea.
Fósiles incompletos de un estegosáurido
encontrado en la Formación Alcobaça en Portugal fue asignado a la especie
Stegosaurus ungulatus, lo que podría indicar la presencia del género en Europa.
Sin embargo, no se ha podido comprobar que los fósiles pertenezcan a esta
especie y su asignación a la misma es bastante cuestionada.
Fuentes:
Libro "Dinosaurs: The Grand Tour" de Keiron Pim
http://www.bbcearth.com/walking-with-dinosaurs/modal/stegosaurus/
http://www.prehistoric-wildlife.com/species/s/stegosaurus.html
http://scienceviews.com/dinosaurs/stegosaurus.html