28 de marzo de 2020

Serie "Jurassic CSI"

Durante estas fechas, hemos estado viviendo momentos difíciles ante la creciente pandemia del virus COVID-19, pero para sobrellevar y superar esta situación con éxito es importante mantener una actitud positiva y para eso, una de las mejores cosas que podemos hacer es echar un vistazo al pasado y reconocer que si bien es cierto que enfrentamos la pandemia más seria en décadas, tampoco hay que olvidar que la raza humana ya ha confrontado y superado muchas otras con recursos incluso más limitados que ahora. Asimismo, vale la pena echar un vistazo a la historia natural de nuestro planeta para conmemorar lo resistente que es la vida. Y de eso, nuestros admirables amigos, los dinosaurios pueden dar testimonio, habiendo sobrevivido más de 160 millones de años de duras pruebas para la vida y aún así, prevaleciendo incluso hasta el día de hoy en la forma de aves. Por eso, no sería descabellado decir que ellos pueden darnos claves para nuestra propia supervivencia y éxito como especie.

Dicho esto, hoy quisiera compartir en el blog una serie documental de seis episodios lanzada por National Geographic en 2011, titulada "Jurassic CSI" ("CSI Jurásico" traducido literalmente al español o "El CSI de los Dinosaurios" de acuerdo a la traducción oficial).

Imagen de National Geographic

La serie cuenta con el paleontólogo británico Phillip Manning como presentador, quien con sus ocurrencias no sólo ayuda a que la experiencia educativa sea divertida y dinámica, sino que al apelar a nuestro sentido del humor, nos transmite un positivismo muy necesario, especialmente en momentos como los que estamos viviendo actualmente, lo cual a su vez es parte esencial de un estilo de vida saludable.

El Dr. Phillip Manning junto a varios fósiles de mamíferos prehistóricos
Imagen del Colegio de Charleston

En cuanto al contenido de la serie, se trata de un documental que resalta cómo la paleontología asume un rol similar al de las ciencias forences a la hora de estudiar y resolver misterios e interrogantes sobre criaturas que murieron hace millones de años, con lo que lleva sus retos e implicaciones a niveles y escalas mayores. El programa explora investigaciones paleontológicas en las que se recurre a otros campos de estudio para indagar en aspectos determinados sobre la biología de diversos tipos de dinosaurio, denotando la naturaleza multidisciplinaria de esta ciencia, mientras seguimos a Phillip Manning en sus viajes a museos, laboratorios, centros de investigación y también a lugares mucho menos ortodoxos, donde aprovecha el conocimiento y la asistencia de otros paleontólogos y expertos en otras ramas de la ciencia en su búsqueda de información y de respuestas. Ocasionalmente, los fenómenos que investiga son representados mediante recreaciones digitales de escenarios ambientados en el Mesozoico, mas dado que el formato del programa no es el de un documental de naturaleza, es comprensible que su presupuesto no sea el esperable para producir un CGI y animaciones de punta. Cada capítulo explora un aspecto diferente sobre la biología de los dinosaurios. El primero se centra en las capacidades sensoriales y el intelecto del T. rex como uno de los dinosaurios con el cerebro más grande con relación al tamaño de su cuerpo y en cómo le beneficiaba esto en su diario vivir y en su supervivencia. El segundo episodio explora los mecanismos y formas de locomoción de algunos dinosaurios y de otros arcosaurios extintos, poniendo a prueba sus capacidades mediante el uso de tecnología moderna. El tercer episodio indaga en la coloración de varios dinosaurios y en cómo éstos pudieron haberse valido de la misma en su día a día, además de explorar técnicas aplicadas en tiempos recientes al estudio de organismos fósiles a fin de determinar cómo era la pigmentación de éstos en vida. El cuarto episodio trata un tema bastante relevante para momentos como este al explorar las capacidades naturales de curación de algunos dinosaurios y la efectividad de su sistema inmune, el cual, según parece mostrar el registro fósil, probablemente combinaba lo mejor del de las aves y cocodrilos de hoy. El quinto episodio aborda cómo es que muchos saurópodos llegaron a ser tan monstruosamente enormes y las implicaciones biológicas que conllevaba crecer hasta tan descomunales dimensiones, planteando además los límites de tamaño a los que pudieron haber llegado estos animales. El sexto episodio explora lo que el registro fósil nos dice sobre el integumento de algunos dinosaurios y plantea métodos para facilitar una reconstrucción más precisa de éstos según eran en vida. Si bien es cierto que algunas cosas han cambiado durante los 9 años que han pasado desde el lanzamiento de la serie hasta la publicación de esta entrada gracias al descubrimiento de más material fósil y al desarrollo de nuevas técnicas de investigación, el documental está relativamente actualizado y gran parte de la información provista en el mismo continúa vigente al día de hoy, así como muchos de los métodos utilizados para obtener dicha información.

Antes de compartir los enlaces a la serie, aclaro como de costumbre que el material original y los derechos de propiedad pertenecen a National Geographic, mientras que los videos son accesibles gracias al usuario Machineto de DocumaiaTV. Yo sólo soy un intermediario no oficial. Sin más preámbulos, que disfrute del CSI de los Dinosaurios.

Episodio 1: Secretos del Tiranosaurio
Episodio 2: Caminar como un dinosaurio
Episodio 3: A todo color
Episodio 4: La resistencia del Tiranosaurio
Episodio 5: Dinosaurios Gigantes
Episodio 6: Bajo la piel

21 de febrero de 2020

Desmintiendo Dino-mitos: ¿Tenía el Tyrannosaurus rex una mordida séptica?

En esta nueva entrada de la serie "Desmintiendo Dino-mitos", estudiaremos una hipótesis que alguna vez fue considerada en la comunidad científica y que aún tiende a resonar en algunos rincones informales pese a que se demostró que era falsa. Se trata de la idea de que el Tyrannosaurus rex y sus parientes hayan tenido lo que conocemos como una "mordida séptica". Es decir, que mataran a sus víctimas causándoles septicemia al morderlas gracias a un agente infeccioso en su saliva.

Esta hipótesis consistía en que los dentículos en los dientes del T. rex facilitaban la incrustación y acumulación de pequeños trozos de carne que se descomponían con el tiempo, dando lugar al desarrollo de colonias de bacterias en la saliva. A la hora de derribar a una presa potencial, dichas bacterias podrían provocar una infección letal en una herida significativa, con lo que el T. rex sólo necesitaría morderla una vez y esperar a que las bacterias hicieran su trabajo.

El T. rex probablemente no tenía una buena higiene bucal, siendo posible que restos de algunas de sus comidas quedaran incrustados entre su dentadura durante un tiempo prolongado durante el que se iban descomponiendo.
Arte de Damir G. Martin

Esta idea fue expuesta en 1992 por el paleontólogo William Abler, pero no se hizo tan popular hasta 2008, cuando fue presentada a las masas por el documental "Jurassic Fight Club", emitido originalmente por The History Channel. Sin embargo, su popularidad llegó tarde, pues la hipótesis estaba moribunda al haber sido cimentada sobre una base inestable.

El argumento principal de la hipótesis de Abler era que la estructura de los dientes del T. rex era muy similar a la de los dientes del actual dragón de Komodo, por lo que debió de haber empleado la misma estrategia de caza que éstos o una similar. Y es que para cuando Abler propuso esta hipótesis, se pensaba que los dragones de Komodo mataban a sus presas de la manera arriba descrita. Es decir, infectándolas con bacterias que se desarrollaban en su saliva gracias al alimento que quedaba incrustado en su dentadura y se descomponía en su boca. Sin embargo, en 2009 se descubrió que los dragones de Komodo en realidad no tienen un mordisco séptico como se pensaba hasta entonces, sino que tienen glándulas venenosas en su boca. En otras palabras, resulta que éstos no matan a sus víctimas por infestación, sino por envenenamiento, invalidando la teoría de la mordida séptica.

El dragón de Komodo alguna vez fue considerado el poseedor de una mordida séptica y la similitud de sus dientes con los del T. rex condujo a la hipótesis de que éste último también tendría una, mas ésta perdió solidez al revelarse que el dragón de Komodo lo que tiene en realidad son glándulas venenosas.
Fotografía por Cezary Stanislawski

Con esto, la idea de que el T. rex mataba a sus presas dando un mordisco y esperando a que éstas sucumbieran a la infección causada por el mismo fue falsificada al carecer de análogos en el mundo moderno que permitan sustentar tal estrategia de caza. No obstante, es de tener en cuenta que el T. rex se caracteriza por poseer la mordedura más potente registrada hasta ahora para un dinosaurio, siendo capaz de ejercer una fuerza de sobre 30 kilonewtons al morder, lo que le habría permitido no sólo atravesar la carne, sino también triturar huesos, por lo que un agente infeccioso tendría poco que aportar a sus ya letales fauces.

Aún así, cabe mencionar que hay algo de cierto en la hipótesis de Abler, pues todos los animales carnívoros son susceptibles a quedarse con algún trozo de carne incrustado entre sus dientes luego de una comida (los dinosaurios, como el T. rex no tienen por qué ser la excepción), el cual eventualmente puede ir descomponiéndose, propiciando el desarrollo de bacterias en la boca y pudiendo llevar a causar infecciones en sus víctimas posteriores al morderlas, lo cual dependiendo de la gravedad de la infección, de la ubicación y seriedad de la herida, así como del estado de salud y de qué tan potente sea sistema inmune de la víctima, podría o no llevarlas a la muerte.

Aunque sus mordidas no necesariamente provocasen una septicemia severa, es evidente que las fauces del T. rex estaban perfectamente diseñadas para someter a sus presas y contrarrestar sus defensas.
Arte de Vlad Konstantinov

Referencias:
https://www.jstor.org/stable/2400997?seq=1#metadata_info_tab_contents
https://www.pnas.org/content/106/22/8969

20 de enero de 2020

Ahora puede contactar al autor por correo electrónico

Esta entrada no tratará de nada relacionado a los dinosaurios o la paleontología, pero quisiera aprovechar esta primera entrada del año para hacer algo que francamente, debí haber hecho hace mucho tiempo. Y es que en vista a varios comentarios de personas solicitando hacerme un acercamiento por vía privada, he decidido abrir un correo electrónico específicamente para los lectores del blog que deseen contactarme directamente. Dicho esto, si tiene alguna pregunta o consulta personal para mí, ahora puede escribirme a dinofrikimega@gmail.com.

El propósito de este medio es discutir asuntos relacionados al blog o a la paleontología y el estudio de los dinosaurios (desde ya, pido por favor que no utilice esta herramienta para tratar temas de carácter personal y aviso que todo mensaje de esa índole será ignorado y el emisor será bloqueado). Es decir, si por ejemplo, usted está trabajando en un proyecto sobre dinosaurios y necesita la opinión de un dinofriki, con la mayor confianza puede escribirme y yo estaré encantado de ayudar. Sólo tenga en cuenta que tengo una vida fuera de este blog, por lo que puede que no responda inmediatamente, mas haré lo que esté en mi poder para atenderlo lo más pronto posible. Del mismo modo, recuerde que yo no soy un experto ni un paleontólogo. Sólo soy un entusiasta obsesionado con el tema al que le gusta leer e informarse del mismo, por lo que no soy muy diferente a muchos de ustedes.

Dicho esto, la dirección de correo electrónico estará disponible en mi perfil y en la parte derecha del blog. Espero sea de utilidad para los interesados.

31 de diciembre de 2019

Las 5 "Dinoticias" más Relevantes del 2019

Una vez más, cerramos un año en el blog y quisiera hacerlo, como es mi costumbre, conmemorando cinco de los descubrimientos más impactantes del año en cuanto a paleontología de dinosaurios se refiere. Pero antes, enfatizo como siempre que las noticias alistadas a continuación fueron seleccionadas entre muchos otros descubrimientos igualmente interesantes e importantes para nuestro entendimiento sobre los dinosaurios y en vista a que no puedo cubrirlos todos en esta entrada, simplemente opto por centrarme en los cinco que me llamaron más la atención. Dicho esto, les exhorto a buscar información sobre otros grandes descubrimientos realizados en el 2019. Habiendo aclarado esto, comencemos.

1. Recobra fuerza la teoría del origen austral de los dinosaurios


Diversos dinosauromorfos de fines del Triásico
Arte de Donna Braginetz

En 2017, durante la reexaminación del linaje de los dinosaurios, la evaluación de las relaciones filogenéticas de éstos con algunos de sus parientes más cercanos dio lugar a la hipótesis de que los dinosaurios se originaron en el hemisferio norte, contrario a lo que se había propuesto hasta entonces. No obstante, nuevos estudios publicados formalmente este año llevaron al cuestionamiento de dicha hipótesis y a determinar que ésta en realidad es poco probable de momento. Uno de esos estudios, realizado por un equipo encabezado por Júlio César A. Marsola se vale del muestreo de material fósil extraído durante los últimos 20 años y analiza los resultados comprando el registro fósil de las zonas geográficas de las que éste proviene. Sus resultados sugieren que no sólo los dinosaurios, sino los dinosauromorfos en general se originaron en el sur de Gondwana, donde la diversidad de éstos parecía ser mayor a finales del Triásico. Esto llevó a la conclusión de que el hemisferio Sur alberga el lugar ancestral de los dinosaurios y así lo sustenta un segundo estudio conducido por el equipo de investigación que en su tiempo sostuvo que los dinosaurios pudieron haberse originado en el hemisferio norte. Este estudio fue realizado utilizando un enfoque estadístico para examinar las relaciones filogenéticas de los primeros dinosaurios considerando no sólo la edad y la localidad de sus fósiles, sino también la conectividad de las zonas donde fueron encontrados teniendo en cuenta fenómenos como el movimiento de las placas tectónicas y los cambios en el nivel del mar en diferentes intervalos de tiempo. Los resultados arrojaron una alta probabilidad de que los dinosauromorfos y los dinosaurios propiamente dichos se hayan originado en el sur de lo que hoy es Sudamérica y que desde ahí hayan ido diseminándose por los demás continentes a medida que se lo posibilitaran los cambios tectónicos y del nivel del mar.

2. El fósil que nos insta a no quedarnos con la fachada

Foto y diagrama de una pata de enantiornita preservada en ámbar
Imágenes de Xing et al.

Desde hace unos años, las minas de ámbar de Birmania han provisto a la ciencia de fósiles excepcionales, como la cola de un coelurosaurio y un ave enantiornita entera de 99 millones de años de antigüedad preservadas en ámbar. El pasado 30 de enero, otro de estos fósiles fue descrito por un equipo internacional de paleontólogos encabezado por Lida Xing. Se trata de la pata trasera derecha de otra enantiornita preservada en un trozo de ámbar. Los investigadores reportan fracturas irregulares que sugieren que ésta ya se había roto antes de quedar atrapada en lo que entonces era resina fresca, por lo que teorizan que fue desprendida del resto del cuerpo por un animal carnívoro de mayor tamaño mientras se alimentaba del ejemplar, dejándola caer a la resina en el proceso. Sin embargo, lo que más resalta del fósil son sus características integumentarias, las cuales se conservaron en condiciones prístinas gracias a la resina que las ha cubierto durante todo el proceso de fosilización. Éstas indican que el plumaje de contorno se extendía a lo largo de los metatarsos y continuaba en el tercer y cuarto dedo hasta las uñas, mientras que el primer y segundo dedo estaban completamente cubiertos de retícula (las "escamas" que cubren las patas de las aves) con algunos filamentos simples sobresaliendo de ésta, los cuales son muy finos y apenas pueden apreciarse a simple vista en el fósil. Irónicamente, estos filamentos simples que sobresalen de la retícula suponen implicaciones macroscópicas. Y es que según señalan los investigadores, es probable que estructuras como estas sólo se pudiesen fosilizar en contextos excepcionales, como lo es propiamente el ámbar. Esto significa que encontrar piel de dinosaurio fosilizada compuesta mayormente por escamas reticuladas no se traduce automáticamente en la ausencia total de plumaje en el cuerpo del animal. Especialmente cuando se trata de uno proveniente de un linaje ancestralmente emplumado, reafirmando así la importancia de tener en cuenta factores como la tafonomía (todo lo que pasa con el cuerpo de un organismo una vez éste muere y las circunstancias en las que esto ocurre) a la hora de determinar cómo era su integumento en vida.

3. ¿Extinción súbita o paulatina?

Una biósfera próspera en la Norteamérica cretácica segundos antes de la caída del asteroide
Arte de Davide Bonadonna

Hace exactamente dos años, hablamos de un estudio realizado por un equipo internacional de geólogos encabezado por el Dr. Wolfgang Stinnesbeck en el que se presentaban pruebas que parecían reforzar la idea de que la extinción de los dinosaurios no avianos fue un fenómeno gradual y que para cuando el famoso asteroide que formó lo que hoy es el cráter de Chicxulub, éstos ya estaban experimentando un decaimiento. Sin embargo, el pasado 6 de marzo, un segundo equipo de investigación encabezado por Alessandro Chiarenza publicó un nuevo estudio donde se propone lo contrario, poniendo de manifiesto la versatilidad de la ciencia. Según este nuevo estudio, la razón por la que los fósiles de dinosaurios no avianos parecen ser más escasos en los sedimentos más cercanos al límite K-T (Cretácico-Terciario) es porque muchos de los potenciales yacimientos que datan de esta época no parecen haber contado con las condiciones más adecuadas para la fosilización, siendo muy pocas las localidades que propiciaron la preservación de los restos de sus antiguos habitantes una vez morían. Para llegar a esta conclusión, el equipo empleó modelos de nicho ecológico, los cuales permiten deducir las condiciones ambientales propicias para sustentar determinados ecosistemas en lugar de concentrarse sólo en localidades donde se han encontrado fósiles. Aplicando estos modelos a lo que hoy es Norteamérica, los investigadores pudieron hacer un mapa de dónde se daban estas condiciones en el continente y de cómo iban cambiando a lo largo del Cretácico tardío, descubriendo así que varios hábitats sustentables para determinados grupos de dinosaurios eran más comunes en el Maastrichtiense de lo que se pensaba, pero muchos de ellos se encontraban en áreas poco o nada propicias para la fosilización de los organismos que allí habitaban. Esto da paso a una reinterpretación del escenario al final del Mesozoico en la que cabe cuestionarse si el reinado de los dinosaurios verdaderamente estaba en declive o si continuó siendo próspero hasta la caída del asteroide.

4. Finalmente expuestos los dromaeosaurios y su garra no tan asesina

Un Deinonychus inmoviliza a su presa mientras la devora viva
Arte de Emily Willoughby

Desde hace medio siglo, la uña en el falange distal del segundo dedo de los dromeosaurios ha cautivado a muchos al ser representada en vida como un arma letal diseñada para tajar y destripar a sus víctimas, habiendo incluso sido llamada "la garra asesina" de forma coloquial. No obstante, la misma no había sido estudiada de manera exhaustiva hasta recientemente y en el proceso, se descubrió que ésta en realidad no era un arma tajante, sino punzante, lo que condujo a la realización de múltiples estudios que poco a poco fueron llevando a los expertos a reinterpretar su función. Mientras que inicialmente se concibió a los dromeosaurios como cazadores gregarios que se amotinaban contra presas que los superaban en tamaño utilizando sus garras retráctiles para perforar su piel y provocar que se desangraran, las nuevas investigaciones llevan a vislumbrar un escenario cada vez más distante de esta idea. El pasado 28 de agosto una de esas investigaciones, publicada por el paleobiólogo Peter J. Bishop, dio otro paso en la dirección opuesta a la interpretación original al utilizar un modelo músculo-esquelético digital de una pata de Deinonychus con el fin de estudiar la transmisión de fuerza de las patas a través de la punta de la garra, revelando que ésta no ejerce demasiada fuerza y no transmite una proporción significativa del peso corporal del animal, lo que contrasta con la teoría de que era utilizada para infringir un daño significativo a sus víctimas. No obstante, el estudio también indica que el animal podía ejercer más fuerza con la garra al asumir una postura agachada. Esto llevó a la conclusión de que los dromeosaurios utilizaban esta garra para inmovilizar animales más pequeños que ellos, lo que va a tono con el llamado "modelo de restricción de presa", según el cual estos dinosaurios empleaban estrategias de caza similares a las de las aves de rapiña de hoy, pudiendo haberse abalanzado contra presas de menor peso, utilizando sus garras y su peso corporal para impedir que éstas escaparan y valiéndose de sus alas para balancearse sobre ellas (en algunas ocasiones, mientras probablemente empezaban a comérselas vivas). Hay quien ha presentado objeción a esta idea teniendo en cuenta el fósil de Velociraptor implicado en combate contra un Protoceratops, sobre el cual los expertos se han estado planteando dudas durante los últimos años acerca de si verdaderamente se trata de un caso directo de depredación en vista a la falta de pruebas adicionales que sustenten que este sea el caso (se han encontrado múltiples fósiles bastante bien preservados de Protoceratops, pero ninguno aparte de éste muestra indicios de ataques provocados por un Velociraptor), lo que ha llevado a la consideración de otras posibilidades como que el Protoceratops estuviese protegiendo a su prole del Velociraptor o viceversa. Independientemente de cuál haya sido el escenario correcto, estudios como este nos proveen una imagen cada vez más precisa de los dromeosaurios y mientras más clara se hace la misma, más semejantes resultan ser éstos a sus parientes modernos, las aves rapaces, ratificando así el que solamos llamarlos "raptores".

5. La coloración de los dinosaurios podría dejar de ser un misterio en los próximos años

Diferentes esquemas de color propuestos para el Aquilops
Arte de Brian Engh

El pasado 19 de septiembre, un equipo internacional de paleontólogos encabezado por el Dr. Arindam Roy publicó un estudio en el que se proponen nuevas técnicas y el uso de tecnologías modernas para comprender mejor la coloración de diversos organismos fósiles. Investigaciones previas han podido ayudar a descifrar la coloración de sobre 30 animales extintos, incluyendo dinosaurios, como el Archaeopteryx y el Borealopelta, así como de algunos reptiles marinos del Mesozoico, como mosasaurios e ichtyosaurios. Esto, gracias al hallazgo e identificación de estructuras microscópicas presentes en el integumento fosilizado de estos animales llamadas melanosomas (debido a su contenido de melanina, un polímero responsable de la pigmentación encontrado en la piel, el pelo y las plumas de determinados animales). Sin embargo, poco más se ha podido descubrir fuera de ahí debido en gran parte a que los mismos no son fáciles de encontrar y de momento, no ha sido posible identificar ni analizar químicamente otros posibles orgánulos pigmentarios. La investigación de Roy y sus colegas busca cambiar eso al proponer un marco de estudio consistente en cuatro pasos no sólo para descifrar la coloración de organismos extintos, sino también para determinar qué rol jugaba ésta en su vida. El primer paso propuesto en el estudio es mapear la extensión conocida o sospechada de los pigmentos preservados en muestras de piel fosilizadas. El segundo consiste en buscar microestructuras pigmentarias utilizando microscopía electrónica. De no detectarse coloración a base de melanina, el tercer paso consistiría en utilizar técnicas de análisis químicos de alta gama para detectar biomarcadores de otros orgánulos pigmentarios. De identificarse con éxito orgánulos pigmentarios, se procedería al cuarto paso, el cual consiste en la utilización de colores y patrones reconstruidos para probar hipótesis relacionadas a la fisiología, ecología y comportamiento del animal. Es decir, identificar qué funciones jugaba el color del animal en su vida y en su entorno, tales como el potencial de que le sirviera para camuflarse o de que fuese una herramienta de comunicación visual. Este nuevo marco de estudio apunta a superar los desafíos que dificultaban descifrar la coloración de animales extintos y a recopilar más información de lo que se pensaba que era posible extraer al considerar rastros químicos de diferentes pigmentos, detalles anatómicos de los fósiles a pequeña y gran escala y el potencial de fosilización de diferentes orgánulos pigmentarios aparte de los melanosomas, sin mencionar que es aplicable a otros organismos fósiles además de los dinosaurios.

Fuentes:
  1. https://www.cambridge.org/core/journals/earth-and-environmental-science-transactions-of-royal-society-of-edinburgh/article/dynamic-biogeographic-models-and-dinosaur-origins/EB6646C8F473BF6353E429BEF32304A1
  2. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/pala.12411
  3. https://www.researchgate.net/publication/330732544_A_fully_feathered_enantiornithine_foot_and_wing_fragment_preserved_in_mid-Cretaceous_Burmese_amber
  4. http://theropoda.blogspot.com/2019/01/piedino-piumato-nellambra-vs-lo.html
  5. https://www.sciencedaily.com/releases/2019/03/190306081711.htm
  6. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6403247/
  7. https://peerj.com/articles/7577/
  8. https://www.youtube.com/watch?v=vNinGTKzsL0
  9. https://www.sciencedaily.com/releases/2019/09/190924101436.htm
  10. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/brv.12552

27 de noviembre de 2019

Dinosaurios Fantásticos y Dónde Encontrarlos - Parte 4: Formación Wessex

En la primera entrada de esta serie, exploramos la formación del Ischigualasto en Argentina, la cual algunos llaman "La Cuna de los Dinosaurios". Esta vez, viajaremos a la cuna de la paleontología como ciencia: Inglaterra. Específicamente, exploraremos la Formación Wessex, tierra que de acuerdo a los estudios estratigráficos, data de 145 a 125 millones de años de antigüedad, habiendo así sido testigo en su tiempo de cómo los dinosaurios continuaban definiendo su éxito y adaptabilidad más de 85 millones de años después de su surgimiento al haber entrado en la etapa cretácica, la cual supuso numerosos cambios ecológicos que parecieron catalizar la diversificación de estos animales. No obstante, es de tener en cuenta que la misma cuenta con diferentes niveles de estratos, por lo que mucha de la flora y la fauna fósil ahí encontrada bien pudo no haber sido contemporánea. Aún así, análisis geoquímicos sugieren que esta región mantuvo un clima subtropical poco variable durante las diferentes etapas del cretácico temprano, siendo probablemente una región húmeda y pantanosa en aquellos entonces. Algunos de los dinosaurios aquí encontrados incluyen:

Aristosuchus
Arte de Michael B. H.

Un posible compsognátido de pequeño tamaño (aunque relativamente grande en comparación con la mayoría de los miembros de esta familia) conocido por escaso material postcraneal. Probablemente se alimentaba de carroña y de vertebrados pequeños y escurridizos, incluyendo peces y mamíferos primitivos.

Baryonyx
Arte de Robinson Kuns y Rebecca Slater

Un espinosáurido de mediano tamaño conocido por restos de varios individuos. Algunos de sus fósiles parecen mostrar indicios de adaptaciones a un estilo de vida semiacuático, lo cual es reforzado por el descubrimiento de fósiles de peces digeridos en el área estomacal del holotipo (el espécimen utilizado para describir y nombrar a la especie), siendo probable que se mantuviera constantemente cerca de los cuerpos de agua y que una parte importante de su alimentación consistiese en fauna acuática, aunque el hallazgo de huesos de dinosaurios ornitisquios en el área estomacal del mismo espécimen sugiere que su dieta no era exclusivamente piscívora.

Calamosaurus
 Arte de Ashley Patch

Al igual que el Aristosuchus, es posiblemente un compsognátido, aunque de mayor tamaño. No obstante, el material disponible es muy escaso, lo que ha dificultado clasificarlo con precisión, habiendo quien cuestiona si en verdad se trata de un terópodo. Sin embargo, de ser correcta su clasificación como un compsognátido, lo más probable es que fuese un depredador ágil y que cazara animales más pequeños que él, aparte de alimentarse de las sobras de presas de otros depredadores más grandes cuando tuviera la oportunidad.

Calamospondylus
Arte de Katarena Darpole

Un terópodo coelurosauriano de pequeño tamaño. Algunos paleontólogos actualmente piensan que es un oviraptorosaurio basal, aunque debido a la escasez de material, su clasificación ha sido objeto de polémica desde hace varios años y hay quien sugiere que podría tratarse de un compsognátido o incluso, de un espécimen de Aristosuchus o de Calamosaurus (pese a que algunos expertos señalan que los restos de Calamospondylus parecen indicar que se trata de un género separado). Siendo un carnívoro pequeño, es probable que se haya alimentado de animales aún más pequeños que él y que fuese un oportunista que aprovechara los restos dejados por otros depredadores.

Chondrosteosaurus
Arte de Jack Wood

Un saurópodo de afinidades desconocidas del que sólo se ha encontrado un par de vértebras cervicales. Su tamaño exacto es desconocido, aunque algunas reconstrucciones basadas en la idea de que se trate de un macronario (fundamentadas en la premisa de que este parecía ser el grupo de saurópodos más común en esas circunstancias) indican que no parecía diferir mucho en tamaño con un elefante actual (aunque cabe tener en cuenta que aún de ser correctas estas estimaciones, podría tratarse de un ejemplar sub-adulto).

Eotyrannus
Arte de Gabriel Ugueto

Un tiranosauroide primitivo de pequeño tamaño conocido por un esqueleto parcial perteneciente a un espécimen sub-adulto (aunque dientes aislados atribuidos al género pudieron haber pertenecido a un ejemplar adulto, con una longitud cercana a los 6 metros). El material disponible sugiere que se trataba de un animal bastante ágil, siendo probable que se especializara en cazar presas formidablemente adaptadas para correr.

Eucamerotus
Arte de Cisiopurple de Deviantart

Un saurópodo posiblemente titanosauriforme conocido por poco material postcraneal. Los pocos fósiles encontrados indican que era de mediano tamaño para los estándares de un saurópodo, siendo posible que se alimentara de vegetación relativamente alta.

Hypsilophodon
Arte de Jack Wood

Un ornitisquio pequeño conocido por múltiples especímenes, algunos de ellos, bien preservados. Usualmente es considerado un ornitópodo, aunque recientemente se ha sugerido que pudo haber pertenecido a un grupo hermano de los cerápodos (linaje del que derivan los ornitópodos y los marginocéfalos, como el Pachycephalosaurus y el Triceratops). Probablemente se alimentaba de vegetación baja y sus fósiles indican que pudo haber sido un corredor ágil, lo cual pudo haberle brindado una ventaja a la hora de evadir ataques de los depredadores.

Iguanodon
Arte de Raul Martin

Un iguanodóntido de gran tamaño conocido por múltiples especímenes en diferentes etapas ontogénicas (se han encontrado fósiles de individuos adultos y sub-adultos) y estados de preservación, el cual destaca por ser el primer dinosaurio no aviano herbívoro descubierto. Es posible que fuese un bípedo facultativo, pudiendo pararse y moverse utilizando sus cuatro patas y ocasionalmente, sólo sus patas traseras. Esto probablemente le ayudaba a alimentarse tanto de vegetación baja como de árboles de mediana altura.

Iuticosaurus
Arte de Satoshi Kawasaki

Un saurópodo conocido por tres vértebras de la cola incompletas, aunque suficientes para indicar que se trataba de un animal relativamente grande (probablemente, rondando entre los 15 y los 20 metros de largo). Debido a la escasez de material, su clasificación es complicada y algunos paleontólogos incluso cuestionan si en verdad debería ser tratado como un género válido. Como saurópodo medianamente grande, es probable que se alimentara de las hojas de árboles no muy altos.

Mantellisaurus
Arte de Jack Wood

Un iguanodóntido de mediano tamaño conocido por múltiples ejemplares, estando algunos de ellos bastante completos. Su anatomía es bastante similar a la del Iguanodon (tanto, que hasta hace poco se pensó que pertenecía al mismo género), aunque resalta por presentar extremidades delanteras más cortas. Era probablemente un bípedo facultativo, pudiendo pasar la mayor parte del tiempo apoyándose sobre sus cuatro patas, aunque es posible que corriera dependiendo sólo de sus patas traseras. Probablemente se alimentaba de vegetación baja y árboles de altura mediana.

Neovenator
Arte de Fred Wierum

Un allosauroide neovenatórido de gran tamaño conocido por material correspondiente a cerca de un 70% del esqueleto. Era probablemente un depredador generalista y la forma en que está estructurado su esqueleto sugiere que era un animal relativamente ágil, lo que le habría ayudado a cazar presas rápidas.

Polacanthus
Imagen del Institut Català de Paleontología Miquel Crusafont

Un nodosáurido de mediano tamaño conocido por material postcraneal. Probablemente se alimentaba de vegetación baja y al contar con una armadura ósea sobre la pelvis complementada con púas que se extendían por su lomo, es posible que tuviese pocos depredadores naturales.

Oplosaurus 
Paleontografía extraída de Paleofile.com

Un saurópodo macronario conocido sólo por un diente. No ha sido posible determinar de qué tipo de macronario se trata, pero las dimensiones del diente sugieren que era un animal de gran tamaño, siendo posible que se alimentara de árboles altos y que tuviera pocos o ningún depredador natural una vez alcanzaba su tamaño adulto.

Ornithopsis
Arte de Cisiopurple de Deviantart

Un saurópodo conocido por restos vertebrales fragmentarios cuya forma sugiere que pudo haberse tratado de un titanosauriforme. Es posible que alcanzara una longitud circulante entre los 10 y 15 metros, aunque es difícil determinarlo con precisión. No obstante, de ser correctas estas estimaciones, es probable que se alimentara de árboles de mediana altura.

Ornithodesmus
Imagen extraída de dinopedia.fandom.com

Un terópodo de pequeño tamaño conocido sólo por una serie de vértebras que han llevado a clasificarlo tentativamente como un dromeosáurido (aunque inicialmente se pensó que el material pertenecía a un género de pterosaurio hoy conocido como Istiodactylus). Pese a que aún existe controversia en cuanto a sus afinidades, de tratarse efectivamente de un dromeosaurio, es probable que fuese un depredador ágil adaptado para cazar presas de menor tamaño.

Thecocoelurus
Imagen de AlternatePrehistory de Deviantart

Un terópodo de pequeño tamaño y de afinidades inciertas conocido por una vértebra fragmentaria del cuello y algunos escasos restos asociados igualmente fragmentarios. La mayoría de los expertos coincide en que se trata de un coelurosaurio, con algunos considerando que pudo haber sido un ornithomimosaurio (siendo ésta hasta ahora la posibilidad más reconocida), otros, un oviraptorosaurio y otros, un therizinosaurio. De ser correcta algunas de estas alternativas, es posible que fuese un animal omnívoro.

Valdoraptor
Arte de Ashley Patch

Un terópodo conocido únicamente por metatarsos (huesos de los dedos) de una de sus patas traseras. La escasez de material ha dificultado una clasificación precisa, mas hay quien sugiere a partir de lo perceptible en el material encontrado que podría tratarse de un ornithomimosaurio primitivo, con algunos incluso proponiendo que podría ser otro ejemplar de Thecocoelurus.

Valdosaurus
Arte de Jack Wood

Un dryosáurido de pequeño tamaño (aunque relativamente grande para los estándares de un dryosaurio) conocido por material postcraneal. Probablemente se alimentaba de vegetación baja y era posiblemente un corredor veloz, lo que le habría facilitado huir de los depredadores.

Yaverlandia 
Arte de Cisiopurple de Deviantart

Siendo conocido sólo por fragmentos del cráneo, antiguamente era considerado un paquicefalosáurido primitivo, aunque estudios recientes sugieren que en realidad pudo haberse tratado de un terópodo, posiblemente maniraptor. En vista a la escasez de material, su clasificación ha sido dificultosa, como también lo ha sido teorizar sobre su estilo de vida.

Asimismo, se han encontrado fósiles de dinosaurios que aún están por ser descritos, entre éstos:

-Un posible braquiosáurido de gran tamaño apodado "Angloposeidon" (cabe mencionar que este no es el nombre científico dado al animal, sino un sustituto utilizado mientras recibe un nombre formal), conocido por un fémur, una vértebra cervical y parte de un húmero (pertenecientes a tres especímenes distintos, con cada hueso correspondiendo a un espécimen). De ser efectivamente un braquiosaurio, es probable que se alimentara de vegetación alta y de haber alcanzado o superado los 20 metros de largo, como indican algunos estimados, es posible que no tuviera depredadores naturales una vez alcanzaba la adultez.

-Un posible rebbachisáurido de pequeño tamaño conocido por una escápula incompleta y una vértebra de la cola (probablemente pertenecientes a dos especímenes distintos) un tanto similares a los del Nigersaurus. De haber estado efectivamente emparentado con éste, es probable que se alimentara de vegetación blanda.

El posible rebbachisáurido con un "Angloposeidon" en el fondo
Arte de Mark Witton

-Un posible terópodo tetanuro conocido por partes de un fémur y de un pubis que parecen indicar que pertenecían a un animal de mediano tamaño, aunque la complexión de los huesos sugiere que se trataba de un individuo sub-adulto, pudiendo haber sido un depredador de gran tamaño una vez culminado su desarrollo.

Imagen de Benson et al., 2009 

-Un posible dromeosáurido velociraptorino de gran tamaño conocido por un puñado de dientes, los cuales sugieren que se trataba de un animal similar en tamaño al Utahraptor de Norteamérica.

Imagen de news.bbc.co.uk

Pese a que los dinosaurios parecían ser el grupo dominante en tierra, el registro fósil indica que la formación Wessex también constituyó el hábitat de una amplia diversidad de mamíferos primitivos, pterosaurios, cocodrilomorfos, peces e invertebrados.