2 de abril de 2017

Revolución en el árbol familiar de los dinosaurios

Tarde, pero seguro. Muchos se habrán enterado ya de que el árbol familiar de los dinosaurios al parecer no fue plantado en terreno firme y ahora está tambaleándose, lo que ha dado mucho de qué hablar durante los últimos días.

La base de todo esto es un nuevo estudio publicado por Matthew Baron, David Norman, y Paul Barrett que cuestiona la clasificación tradicional de los dinosaurios utilizada durante los últimos 130 años en la que se divide el grupo Dinosauria en dos grandes ramas: Saurischia y Ornithischia. Puede encontrar más información sobre la clasificación tradicional aquí.

En el nuevo estudio, los paleontólogos investigan las similitudes entre distintos dinosaurios y proponen que los terópodos están más emparentados con los ornitisquios que con los sauropodomorfos tras comparar sobre 457 características diferentes en 74 especies. Como resultado, se ha propuesto el grupo "Ornithoscelida" (término originalmente acuñado por Thomas H. Huxley en 1867) que incluiría a los terópodos y a los ornitisquios, mientras que los sauropodomorfos permanecen en Saurischia, junto con los herrerasáuridos (ahora no considerados terópodos).

 Cladograma diseñado por Darren Naish

La nueva clasificación implica una re-definición del grupo Dinosauria y de Saurischia. Por otra parte, el estudio menciona también la posibilidad de que los dinosaurios se hayan originado en el hemisferio norte, idea opuesta a la concepción actual, según la cual, es probable que los dinosaurios se hayan originado en Sudamérica o África.

No obstante, es de tener en cuenta que las proposiciones de Baron y sus colegas de momento son sólo una hipótesis que todavía no ha sido unánime aceptada por la comunidad científica, mas eso no significa que no pueda serlo. Si otros científicos prueban la hipótesis y sus resultados son consistentes con los de los autores, este hallazgo podría tener importantes implicaciones para nuestra comprensión de la evolución de los dinosaurios.

Fuente del estudio: http://www.nature.com/nature/journal/v543/n7646/full/nature21700.html

Otras fuentes consultadas:
  • https://blogs.scientificamerican.com/tetrapod-zoology/ornithoscelida-rises-a-new-family-tree-for-dinosaurs/
  • http://theropoda.blogspot.com/2017/03/la-tassonomia-dei-dinosauria-e-se.html
  • https://www.sciencedaily.com/releases/2017/03/170322143202.htm

22 de marzo de 2017

Errores en Documentales: Los Invasores de la Formación Chinle (Walking with Dinosaurs)

La serie "Walking with Dinosaurs" (Caminando con Dinosaurios) es reconocida como uno de los documentales más destacados sobre la vida mesozoica. Sin embargo, como ya hemos visto, eso no significa que esté exenta de errores y cuando se trata de discordancias científicas, hay algunos que simplemente son difíciles de pasar por alto. Esto puede verse desde el primer capítulo de la serie, "Sangre Nueva", el cual tiene lugar a finales del Triásico en la Formación Chinle, la cual se encuentra en la colindancia entre Arizona y New Mexico, EE.UU. En este episodio podemos observar parte de la fauna nativa la Formación Chinle, como el Coelophysis (un terópodo primitivo), el Postosuchus (un rauisuquio de gran tamaño) y el Placerias (uno de los últimos dicynodontos), pero también hacen aparición algunas criaturas que no se conocen en dicha formación y cuya presencia en la misma es muy poco probable, estando por lo tanto, fuera de contexto.

Una de esas criaturas es una especie no identificada de cynodonte.

Imagen propiedad de la BBC

También podemos ver al Peteinosaurus, un pterosaurio primitivo encontrado únicamente en la Formación Caliza de Zorzino de Italia.

Imagen propiedad de la BBC

Otra es el Plateosaurus, un sauropodomorfo basal sólo conocido en la Formación Trossingen de Alemania (aunque material referido al género ha sido encontrado en otras partes de Europa). Por si fuera poco, en el documental es representado asumiendo una locomoción cuadrúpeda cuando los expertos piensan que era bípedo.

Imagen propiedad de la BBC

Pero la interrogante es: ¿Por qué el programa pone a estos tres seres a invadir la Formación Chinle?

Pues en el caso del cynodonte, es probablemente debido al hallazgo de un par de dientes fosilizados encontrados en la formación inicialmente atribuidos a un cynodonte desconocido. Posteriormente, se descubriría que éstos no eran atribuibles a un taxón dentro de Cynodontia, por lo que de momento no hay pruebas de que el grupo estuviese presente en dicha formación.

El caso del Peteinosaurus y del Plateosaurus ya es un poco más difícil de justificar, pero es posible que los productores hayan querido explorar la presencia de pterosaurios y sauropodomorfos en ese ecosistema, lo cual no es del todo erróneo, ya que se han encontrado fósiles de pterosaurios (que irónicamente, muestran una mayor similitud con el Eudimorphodon que con el Peteinosaurus) y huellas atribuidas a sauropodomorfos basales en la Formación Chinle, pero ese material no ha sido estudiado tan exhaustivamente como para asignarlo a un taxón específico. De modo que donde erra el programa es en la asignación de un nombre genérico al pterosaurio y al sauropodomorfo mostrados en este episodio y especialmente, en asignarlos a taxones sólo encontrados en Europa, ya que no hay nada que respalde la presencia de éstos en la Formación Chinle y es poco probable que el material mencionado sea asignado a estos géneros en particular.

Así que como siempre, seamos cuidadosos y críticos con la información que se nos ofrece en los documentales.

Libro "The Princeton Field Guide to Dinosaurs" de Gregory S. Paul
Libro "Dinosaurs: The Grand Tour" de Keiron Pim
http://chinleana.fieldofscience.com/2009/09/enigmatic-triassic-taxa.html
http://dipbsf.uninsubria.it/paleo/dvecchia.htm
https://www.researchgate.net/publication/281625871_Eosauropus_a_new_name_for_a_Late_Triassic_track_Further_observations_on_the_Late_Triassic_ichnogenus_Tetrasauropus_and_related_forms_with_notes_on_the_limits_of_interpretation

24 de febrero de 2017

¿Cómo sonaban los dinosaurios?

Este es un tema que discutí recientemente con unos amigos en un foro y me parece apropiado tratarlo aquí también. Y es que durante años, los medios han alimentado nuestra imaginación y nuestros temores mostrándonos a los dinosaurios emitiendo aterradores rugidos con efectos de sonido muy bien trabajados, pero ¿qué tan cerca está eso de la realidad?

Cierra el pico, "Rexy" porque probablemente, no está tan cerca. El asunto es que hoy mucha gente está tan acostumbrada a escuchar a los dinosaurios rugir en los medios que hasta se suele pensar que es natural que estos animales hubiesen rugido cuando la realidad posiblemente fue muy distinta.

Antes que nada, aclaremos que "rugido" es un término de uso amplio que no siempre se emplea de la forma correcta. Lo que se conoce formalmente como un rugido consiste en un tipo de vocalización producido gracias en gran parte a las cuerdas vocales vistas en la laringe mamífera. De modo que sólo algunos mamíferos cuentan con las adaptaciones necesarias para producir este tipo de vocalización (particularmente, los grandes felinos). Lo mismo ocurre con los bramidos, gruñidos, bufidos, aullidos, barritos, berridos, etc. Todos estos son sonidos que diversos tipos de mamíferos pueden producir gracias a las cuerdas vocales presentes en su laringe. Ahora bien, sabemos que los dinosaurios no son nada parecido a los mamíferos. Pertenecen a un grupo muy distinto conocido como arcosaurios, que hoy está representado por los cocodrilianos y las aves (sin olvidar que éstas últimas son dinosaurios). Hasta donde se ha visto, la laringe de los arcosaurios no contiene cuerdas vocales, lo que los inhibe de la capacidad de rugir, bramar, gruñir y emitir los sonidos que solemos escuchar en los mamíferos. Y partiendo de la premisa del horquillado filogenético, lo más lógico es que los dinosaurios tampoco pudieran emitir este tipo de vocalizaciones.

Sin embargo, sabemos que en el caso de los dinosaurios avianos (es decir, las aves), éstos pueden emitir una amplia variedad de sonidos, desde graznidos hasta silbidos. La gran mayoría debe esto a un órgano conocido como la siringe, el cual depende de un sistema de sacos aéreos en lugar de cuerdas vocales. Cabe resaltar que hay pruebas de que los dinosaurios no avianos también poseían un sistema de sacos aéreos. Entonces, ¿es posible que los dinosaurios no avianos cantaran y grajearan como las aves actuales? Pues probablemente no. Resulta que la estructura conocida más antigua y primitiva que sugiere la presencia de una siringe se encuentra en el Vegavis iaai, un ave similar a un ganso que vivió en la Antártida hace poco más de 65 millones de años (eso es justo después del final del Mesozoico, luego de los eventos que llevarían a los dinosaurios no avianos a la extinción). En otras palabras, lo más probable es que las aves más primitivas y los dinosaurios no avianos carecieran de una siringe, por lo que no habrían podido emitir sonidos de la misma forma en la que lo hace la inmensa mayoría de las aves actuales. Además, aún si los dinosaurios no avianos hubiesen tenido una siringe, es posible que su función no estuviese del todo relacionada con la vocalización, pues para que ésta vibre y produzca sonido, debe recibir presión y flujo de aire de un saco clavicular y lo que se ha encontrado del sistema de sacos aéreos no incluye un saco clavicular homólogo al de las aves (sí es cierto que el Aerosteón riocoloradensis muestra una estructura consistente con lo que podríamos llamar un saco clavicular, pero su configuración sugiere que tuvo un origen distinto y probablemente, una función diferente al del de las aves, tratándose de un caso de evolución convergente).

Eso, sin embargo, no significa que los dinosaurios no avianos fuesen "mudos". Los dinosaurios han sido uno de los grupos de animales más exitosos del planeta, habiendo sido capaces de habitarlo durante más de 225 millones de años de evolución (eso es muchísimo más de lo que llevamos los primates en él). Además, hay pruebas de que algunos asumían un comportamiento social complejo. Todo esto está ligado a una capacidad de comunicación sofisticada y efectiva. En adición, si bien existen pruebas de que los dinosaurios utilizaban el lenguaje corporal a la hora de comunicarse, se sabe también que algunos tenían un sistema auditivo desarrollado y varios estudios sugieren que en algunos casos, éste era lo suficientemente avanzado como para detectar sonidos imperceptibles para el oído humano. Por si fuera poco, esto se ve aún en las aves actuales. Teniendo en cuenta que la evolución ha mantenido y desarrollado esta adaptación por más de 225 millones de años, lo más probable es que la comunicación sonora haya jugado una función significativa en la supervivencia y en el éxito de los dinosaurios como grupo.

De modo que es probable que al menos, algunos dinosaurios pudieran vocalizar. Tal es el caso de los hadrosaurios lambeosaurinos como el Parasaurolophus, cuya cresta estaba compuesta por "pasadizos" en el interior que pudieron haberle permitido  funcionar como una cámara de resonancia a través de la cual, el flujo de aire podía generar un sonido retumbante de baja frecuencia. Dicho de otra forma, las crestas de los hadrosaurios pudieron haber funcionado de forma similar a un trombón. Por si fuera poco, un patrón similar fue encontrado en los canales nasales de algunos ankylosaurios, como el Euplocephalus, los cuales son ampliamente extensos y forman múltiples giros a lo largo de la parte delantera del cráneo hasta conectar con la garganta, lo cual pudo haber permitido la amplificación de sonidos generados a través de flujo de aire, funcionando de forma parecida a la cresta de los lambeosaurinos. También se ha sugerido que este pudo haber sido el caso de algunos saurópodos (particularmente, de los macronarios), como el Brachiosaurus, teoría sustentada por la forma de sus crestas y cámaras nasales. De hecho, hay quien sugiere que sus largos cuellos y tráqueas contribuían en la amplificación y profundización sonora, como ocurre actualmente con los gansos, cisnes y avestruces.

Por otra parte, en un estudio publicado en julio de 2016, un equipo de investigadores encabezado por el biólogo Tobias Riede explora otra forma de emisión sonora que pudo haber sido empleado por los dinosaurios. Dicha forma de generación de sonido es la vocalización por boca cerrada, la cual consiste en canalizar el aire a lo largo de una especie de bolsa que rodea el esófago mientras la boca se mantiene cerrada, lo que permite la filtración de sonidos a través de la piel del área del cuello. Esto es algo que los ratites, tales como los avestruces, casuarios y emúes hacen con frecuencia, valiéndose sólo del saco cervical (sin utilizar la siringe).


Asimismo, este medio de vocalización también es empleado por el otro linaje de arcosaurios que persiste en la actualidad, los cocodrilianos (cocodrilos, caimanes y gaviales). El estudio concluyó que este mecanismo evolucionó al menos, 16 veces en la rama de los arcosaurios, lo que aumenta las probabilidades de que este fuera el caso de muchos dinosaurios no avianos.


Otra posibilidad de la que se ha hablado es de la presencia de bolsas inflables en la nariz que también funcionarían como un estilo de vocalización por boca cerrada (algo parecido a los sacos inflables de los sapos y las ranas), hipótesis sustentada por las grandes cavidades nasales vistas en algunos dinosaurios. Esta idea puede apreciarse en el Muttaburrasaurus de "Walking with Dinosaurs".



No obstante, la vocalización por boca cerrada no es la única posibilidad que se tiene en cuenta a la hora de considerar la forma en que se comunicaban los dinosaurios en el Mesozoico. Después de todo, algunos fósiles de dinosaurios incluyen huesos hioides, los cuales juegan un papel importante en la vocalización bocal.

Teniendo eso en cuenta, es de considerar que la laringe de los cocodrilianos no contiene cuerdas vocales y a pesar de eso, éstos pueden emitir de su boca ronquidos, siseos y lloridos controlando el flujo de aire en sus sacos aéreos.



Pero no son los únicos. Cabe resaltar que no todas las aves poseen una siringe y sin embargo, cuando abren el pico, pueden llegar a ser muy ruidosas. Este es el caso de los buitres. Éstos, a pesar de carecer de siringe, no son para nada mudos y no necesariamente practican la vocalización por boca cerrada, sino que de la misma manera que los cocodrilianos, pueden controlar el flujo de aire en sus sacos aéreos para emitir una variedad de graznidos y siseos.
Así que, ¿cómo sonaban los dinosaurios?

Pues los dinosaurios pudieron haber empleado diversos tipos de vocalizaciones por boca cerrada o bien, es posible que hubiesen emitido sonidos que sólo requirieran flujo de aire en lugar de cuerdas vocales, consistiendo mayormente en ronquidos, lloridos o siseos de forma similar a los cocodrilianos, graznidos como los de los buitres o incluso, una combinación de ambos. Un buen ejemplo en el que se puede apreciar a un dinosaurio emitiendo este tipo de vocalizaciones es en las pruebas de efectos sonoros del Tyrannosaurus del videojuego "Saurian".
Por otra parte, también está la posibilidad de que el saco clavicular visto en el Aerosteón sustentara la presencia de un órgano similar a la siringe de las aves que no necesariamente funcionaría igual a ésta. Después de todo, el que esta estructura no sugiera la presencia de una siringe aviana no significa que no pueda estar relacionada con otro mecanismo de vocalización que simplemente desconocemos. De igual modo, es posible que los dinosaurios no avianos poseyeran algún otro tipo de órgano fónico que no requiriera cuerdas vocales o la función que juega el saco clavicular en muchas aves. Después de todo, si las aves pudieron desarrollar su propio sistema de vocalización, ¿quién sabe si los demás dinosaurios no avianos desarrollaron el suyo? De hecho, ¿quién sabe si las diversas ramas del linaje Dinosauria desarrollaron su propio órgano fónico de forma independiente a medida que evolucionaban? Por otro lado, otra posibilidad que tampoco hay que descartar es que la laringe de los dinosaurios no avianos fuese más sofisticada o que incluso contuviera cuerdas vocales (después de todo, éstas están presentes y han evolucionado de forma independiente en varios grupos de amniotas) y les permitiera producir un mayor rango de vocalizaciones, pasando eventualmente a ser una característica vestigial. El problema con estas líneas de pensamiento, sin embargo, es que no hay suficientes pruebas ni material que sustente que alguno de éstos haya sido el caso, razón por la que enfrentan mucha oposición y de momento, entran en el territorio de lo poco probable.

En resumen, es cierto que contrario a lo que suelen mostrar los medios, los dinosaurios probablemente no rugían, pero eso no necesariamente los privaba de otras formas y vías de vocalización. Simplemente, no sabemos con certeza en qué consistían esas vocalizaciones y a falta de pruebas directas, sólo podemos deducir y especular.

Fuentes:
http://io9.gizmodo.com/what-sound-did-t-rex-actually-make-1591173199
https://www.quora.com/How-do-we-know-that-therapod-dinosaurs-didnt-squawk
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/07/160711121517.htm
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/10/161012134216.htm
http://albertonykus.blogspot.com/2011/03/singing-raptors-addendum.html

27 de enero de 2017

Sauroficha: Stegosaurus

Nombre genérico: Stegosaurus
Especies: S. stenops (tipo), S. ungulatus y posiblemente, S. armatus y S. sulcatus
Castellanización: Estegosaurio
Significado del nombre: “lagarto tejado”
Clasificación: Ornitisquio, Tyeróforo, Estegosáurido
Período en que vivió: Etapas Kimmeridgiense y Titoniense del Jurásico superior (155 a 150 millones de años)
Localidad de sus fósiles: La Formación Morrison en el oeste de Estados Unidos (Norteamérica) Material encontrado: Sobre 80 ejemplares en diferentes estados de preservación (su anatomía es bastante conocida)
Alimentación: Herbívoro

Arte de Yamamoto Seiji

Información General
Alcanzando una longitud de hasta 9 metros, una altura de poco más de 3 metros y un peso aproximado de 4.5 toneladas, el Stegosaurus es hasta ahora el miembro más grande conocido del clado Thyerophora. Como la mayoría de los miembros de este grupo, es cuadrúpedo y sus patas delanteras son considerablemente más cortas que las traseras, lo que en conjunto con el diseño de su macizo cuerpo, sugiere que era de andar lento. Pese a su gran tamaño, el Stegosaurus presenta una cabeza proporcionalmente pequeña. Su cráneo es estrecho y alargado y presenta una fenestra antorbital pequeña en comparación con la de otros dinosaurios. Sus mandíbulas están provistas de dientes pequeños y con forma de hoja, mientras que la punta del hocico termina en un pico desdentado, diseño consistente con una alimentación herbívora. La característica más distintiva del Stegosaurus, sin embargo, son las grandes placas en su lomo y púas en la cola, estructuras comunes en la familia de los estegosáuridos, pero raras en otros linajes de dinosaurios.

Nota Histórica
El Stegosaurus fue descrito en 1877 por Othniel Charles Marsh, quien inicialmente pensó que los huesos, desenterrados en la Formación Morrison en Colorado, EE.UU, pertenecían a un reptil acuático. Marsh lo llamó "Stegosaurus ", que significa "lagarto tejado" porque conceptuó las placas posicionadas horizontalmente, quedando aplanadas sobre el lomo, como azulejos de techo. Especímenes más completos luego revelarían que esta configuración era errónea, llevando a múltiples interpretaciones sobre la disposición de las placas. Desde que los primeros fósiles de Stegosaurus fueron descubiertos, más de 80 ejemplares han sido encontrados, siendo así uno de los dinosaurios más comunes en el registro fósil.

Datos Curiosos
  • Desde el descubrimiento del primer ejemplar de Stegosaurus, la disposición de sus placas ha sido objeto de polémica. Inicialmente, Othniel C. Marsh pensó que éstas estaban posicionadas horizontalmente, quedando aplanadas sobre el lomo. Luego, gracias a un espécimen mejor conservado, entendió que éstas estaban posicionadas de forma vertical y lateral, pero supuso que formaban una sola fila en el lomo del animal, visión que cambió a principios del Siglo XX, cuando se descubrió que esta configuración era poco probable debido a que las placas se sobrepondrían unas con otras. Fue entonces cuando se entendió que el Stegosaurus tenía dos filas de placas en su lomo. En un principio, se interpretó que las placas se posicionaban de forma paralela unas con otras, pero en la década de 1960 se dedujo que esta configuración era improbable debido a que el tamaño y la forma de cada placa difería, impidiendo que hubiese pares perfectos. Fue entonces cuando se propuso el arreglo aceptado en la actualidad, que consiste en dos filas de placas en configuración alternada, que sería posteriormente validada con el hallazgo de ejemplares articulados.

  • La cantidad de placas parece variar entre individuos, con algunos especímenes mostrando un mínimo de 17 placas y otros, hasta 22 placas. El tamaño de las placas también parece variar entre ejemplares, aunque esto en la actualidad es mayormente considerado como un cambio ontogénico, ya que en 2009, un estudio basado en la comparación de especímenes de diversas edades reveló que las placas del Stegosaurus crecen desproporcionalmente con el cuerpo del animal y que éstas mantenían su ritmo de crecimiento aún cuando el resto del esqueleto mostraba un crecimiento más lento.

  • La función de las placas ha sido ampliamente debatida durante años. En un principio, se pensó que eran utilizadas como defensa ante los depredadores, sirviendo como una especie de escudo que protegía al animal. Sin embargo, algunos expertos consideran que esta línea de pensamiento es altamente cuestionable debido a la ubicación de éstas sólo protegerían el lomo del animal, dejando a los flancos vulnerables. Una teoría más reciente indica que éstas funcionaban como un medio de termorregulación corporal, línea de pensamiento sustentada por el hecho de que las placas tenían vasos sanguíneos que corrían a través de ranuras presentes en éstas, lo que apunta a la posibilidad de que el aire que fluía alrededor de las placas hubiera enfriado la sangre. No obstante, estudios más recientes han llevado a los paleontólogos a teorizar que los vasos sanguíneos pueden atribuirse a la necesidad de transportar nutrientes para el rápido crecimiento de la placa. Además, la estructura vista en otros estegosáuridos, como el Kentrosaurus (el cual presenta un número reducido de placas proporcionalmente más pequeñas que las del Stegosaurus), sugiere que la termorregulación no jugaba un papel tan importante en la biología de estos animales como para requerir la presencia de placas en todo el lomo. Una de las teorías más aceptadas actualmente es que las placas pudieron haber sido utilizadas como un medio de comunicación corporal, sirviendo para atraer parejas o ahuyentar rivales y depredadores potenciales. Algunos expertos incluso plantean hipótesis sobre la posibilidad de que los vasos sanguíneos pudieran distribuir sangre por las placas, haciendo que éstas se enrojecieran, resultando ser más llamativas para el sexo opuesto o más intimidantes para sus depredadores y rivales.

  • Aparte de sus placas, el Stegosaurus presenta también cuatro púas de entre 60 y 90 cm de largo que se extendían hacia los lados desde la punta de su cola. Como la de las placas, la función de estas estructuras es objeto de debate. Mientras algunos expertos indican que pudieron haber sido para exhibición y comunicación, una gran mayoría sostiene que pudieron haber sido utilizadas como arma. Esta última línea de pensamiento es respaldada por la falta de tendones osificados en la cola (lo que la haría más flexible) y por el hallazgo de una vértebra de la cola de un Allosaurus que presenta un orificio en el que las púas dermales del Stegosaurus encajan perfectamente.

  • Las púas han recibido el nombre informal de "thagomizer", término adjudicado por el Dr. Kenneth Carpenter a partir de una tira cómica hecha por Gary Larson en la que un cavernícola le explica a sus alumnos que las estructuras recibieron se nombre en honor al difunto Thag Simmons, quien presuntamente había muerto atravesado por las púas (es de notar, desde luego, que el Stegosaurus y los homínidos nunca coexistieron, estando separados por 150 millones de años).

  • El Stegosaurus tenía una cabeza proporcionalmente muy pequeña con respecto al tamaño de su cuerpo. Aún más curioso es el hecho de que el endocasto (la cavidad donde se ubicaría el cerebro) parece indicar que el cerebro era diminuto con relación al tamaño del animal. Mientras un Stegosaurus adulto pudo haber alcanzado un peso de aproximadamente 4.5 toneladas, su cerebro sólo pesaba 0.08 kg. La forma exacta en la que cómo un órgano proporcionalmente tan pequeño hacía funcionar un cuerpo tan grande no es muy bien comprendida, pero sí se sabe que esto no era impedimento para que el dinosaurio se desempeñara eficazmente en su entorno. Prueba de ello es lo exitoso que parece haber sido el Stegosaurus a finales del Jurásico, siendo uno de los dinosaurios más comunes en su ecosistema.

  • Los fósiles de Stegosaurus contienen una cavidad entre las caderas, la cual sugiere la presencia de lo que los expertos consideran que puede ser un cuerpo de glucógeno 20 veces más grande que el cerebro del animal. Esta estructura se ha encontrado también en dinosaurios saurópodos y en dinosaurios avianos y aunque su función no es muy comprendida, se piensa que sirve para facilitar el suministro de glucógeno al sistema nervioso del animal, jugando un papel importante en la capacidad motora de éste. Antiguamente, se le consideraba como un "segundo cerebro", pero dicha premisa hoy es considerada errónea.

  • Fósiles incompletos de un estegosáurido encontrado en la Formación Alcobaça en Portugal fue asignado a la especie Stegosaurus ungulatus, lo que podría indicar la presencia del género en Europa. Sin embargo, no se ha podido comprobar que los fósiles pertenezcan a esta especie y su asignación a la misma es bastante cuestionada.

Fuentes:
Libro "Dinosaurs: The Grand Tour" de Keiron Pim
http://www.bbcearth.com/walking-with-dinosaurs/modal/stegosaurus/
http://www.prehistoric-wildlife.com/species/s/stegosaurus.html
http://scienceviews.com/dinosaurs/stegosaurus.html

31 de diciembre de 2016

Las 5 "Dinoticias" más Relevantes del 2016

Con el 2016 ya tocando su fin, no se puede negar que este fue un gran año para la paleontología y el estudio de los dinosaurios. Es por eso que me siento animado a hacer mención de algunos de los hallazgos más destacados de este año en lo que respecta a la vida en el Mesozoico. Dicho esto, cabe mencionar que éstos son sólo cinco de los muchos descubrimientos hechos durante el año. La razón por la que me limito a estos cinco es porque en mi humilde opinión, fueron los más impactantes debido a lo que aportan a nuestra comprensión sobre los dinosaurios, sin dejar de lado que al tratarse de una opinión, esto es subjetivo. Además, tratar todos los descubrimientos hechos en 2016 me tomaría más de una entrada y más tiempo del que dispongo. Dicho esto, pasemos a las noticias.

1. Primeras pruebas de rituales de cortejo en los dinosaurios

 Arte de Lida Xing y Yujiang Han

A principios de 2015, un equipo internacional de investigadores liderados por el paleontólogo Martin Lockley descubrió un yacimiento de huellas en el oeste de Colorado, EE.UU. En el sitio de excavación, se identificaron cerca de 50 huellas de terópodos que vivieron a principios del período cretácico. Algunas de estas huellas, a diferencia de otras previamente encontradas, no muestran indicios de que los dinosaurios que las dejaron estuviesen caminando o corriendo, sino que parecen estar a una distancia considerablemente corta una de la otra y en algunos casos, incluso se puede ver una huella justo encima de otra. Además, algunas de las huellas muestran lo que aparenta ser una pisada parcial y otras incluso denotan que el responsable parece haber rascado la tierra. Los investigadores indican que los patrones apreciados en las huellas sugieren que los dinosaurios responsables estaban empleando una danza de cortejo, comportamiento que se puede apreciar hoy en muchas especies de aves. De ser cierto, este hallazgo sería el primero en indicar un ritual de apareamiento en dinosaurios no avianos, cosa que hasta ahora sólo se había especulado. La importancia de este descubrimiento radica en que éste representa un paso significativo en nuestra comprensión del comportamiento social de los dinosaurios.

2. Teyujagua paradoxa, la nueva pieza en el rompecabezas del origen de los dinosaurios

Imagen de la Universidade Federal do Pampa

A principios de 2015, un equipo de la Universidade Federal do Pampa desenterró el fósil de una criatura de quizá 1 ó 1.5 metros de largo similar a un cocodrilo, la cual data de 250 millones de años de antigüedad. El fósil consiste en un cráneo bien preservado, el cual fue encontrado en las cercanías de la ciudad de São Francisco de Assis, en Brasil. Los investigadores lo llamaron "Teyujagua paradoxa" en alusión a Teyú Yaguá, un lagarto de la mitología guaraní que tenía una cabeza similar a la de un perro. El Teyujagua no es un dinosaurio, pero está estrechamente emparentado con ellos. Es un arcosauriforme primitivo, grupo del que eventualmente surgirían los arcosaurios, que incluyen a los dinosaurios (entre los cuales se encuentran las aves), pterosaurios y cocodrilomorfos. Lo que hace tan importante a este descubrimiento es que se trata de una criatura que vivió justo después de la Extinción Pérmico-Triásica, un evento que tuvo lugar hace aproximadamente 252 millones de años y eliminó el 90% de todas las especies entonces vivas, razón por la que se le considera la extinción masiva más fatídica ocurrida en el planeta. Animales como el Teyujagua no sólo conforman la minoría de organismos que prevaleció, sino que también ofrecen pistas de cómo los ecosistemas terrestres se recuperaron del evento y de cómo continuaron desarrollándose luego de éste. En el caso de los arcosauriformes, es probable que éstos hayan prosperado gracias a la escasez de depredadores tras la Extinción Pérmico-Triásica, eventualmente pasando a ser el grupo de animales dominante y las características vistas en el Teyujagua pueden contener la clave de cómo este grupo fue tan exitoso en el Mesozoico.

3. Los dinosaurios quizá "hablaban" con su boca cerrada, aunque no podían cantar

Arte de Nicole Fuller

El hecho de que los dinosaurios no rugían, bramaban ni gruñían como lo hacen en los medios ha llevado a muchos a preguntarse cómo se comunicaban estos animales. En un estudio publicado el pasado mes de julio, investigadores de diversas universidades encabezados por el biólogo Tobias Riede exploraron la posibilidad de que los dinosaurios emplearan lo que conocemos como "vocalización por boca cerrada" a la hora de comunicarse. Este tipo de vocalización consiste en canalizar el aire a lo largo de una especie de bolsa que rodea el esófago mientras la boca se mantiene cerrada, lo que permite la filtración de sonidos a través de la piel del área del cuello. El estudio indica que este sistema de vocalización sólo se ve en aves del tamaño de una paloma o mayores, lo que según Reide, se debe a que la presión pulmonar necesaria para inflar la bolsa alrededor de esófago depende de la tensión en la pared de esta cavidad, tensión que aumenta a medida que los cuerpos son más pequeños. No es de extrañarse entonces que la vocalización por boca cerrada sea algo que los ratites, tales como los avestruces, casuarios y emúes realicen con frecuencia y que también sea comúnmente practicada por los cocodrilianos (cocodrilos, caimanes y gaviales), el otro grupo de arcosaurios que persiste en la actualidad. De hecho, el estudio concluyó que este mecanismo evolucionó al menos, 16 veces en la rama de los arcosaurios, aumentando las probabilidades de que este fuera el caso de muchos dinosaurios no avianos.

Sin embargo, este descubrimiento no termina con este estudio. Más tarde, en el mes de octubre, la paleontóloga Julia A. Clarke, quien también trabajó en el estudio publicado en julio, realizó otra investigación en la que examinó lo que parece ser la siringe (el órgano fónico de las aves) más antigua y primitiva conocida. El fósil consiste en un ejemplar de Vegavis iaai, un ave similar a un ganso que vivió en la Antártida hace casi 66 millones de años. Este descubrimiento indica que lo más probable es que las aves más primitivas y los dinosaurios no avianos carecieran de una siringe, por lo que no habrían podido emitir sonidos de la misma forma en la que lo hace la inmensa mayoría de las aves actuales. Esto, sin embargo, no los hace mudos, ya que algunas aves, tales como los buitres carecen de este órgano y aún así pueden emitir diversos sonidos. Lo mismo ocurre con los cocodrilianos. Estos descubrimientos son importantes porque son los primeros pasos en nuestro entendimiento sobre cómo se comunicaban los dinosaurios en el Mesozoico.

4. Primer fragmento fosilizado del cerebro de un dinosaurio

Imagen compartida por la Universidad de Cambridge

A finales del pasado mes de octubre anunciaron el hallazgo del primer fósil de tejido cerebral de un dinosaurio. El fósil fue descubierto en Sussex, Inglaterra por el co-autor del estudio, Jamie Hiscocks y pertenece a una especie hasta hora no identificada, pero se sabe que está emparentada con el Iguanodon. Los investigadores piensan que el fragmento de cerebro se preservó debido a que el dinosaurio cayó en un cuerpo de agua estancada con un alto nivel de componentes ácidos y de baja oxigenación al momento de su muerte o instantes después de ésta, con lo que los tejidos se mineralizarían antes de descomponerse, pudiendo así fosilizarse. Pero eso no es todo. Al examinar el fósil, el equipo compuesto por investigadores la Universidad de Cambridge y de la Universidad del Oeste de Australia, pudieron estudiar el fósil utilizando un microscopio de electrones, logrando identificar membranas duras o meninges, que rodeaban el cerebro, así como hilos de colágeno y vasos sanguíneos, además de lo que parecen ser tejidos de la corteza cerebral (específicamente, tejido neural) entrelazados con capilares finas. Lo que encontraron fue que la estructura del cerebro fosilizado (particularmente, la de las meninges) muestra similitudes con los cerebros de las aves y cocodrilos, lo cual no es de extrañarse considerando que éstos son sus parientes vivos más cercanos. Lo que sí es sorprendente es que el tejido del cerebro fosilizado parece haber sido presionado contra el cráneo, lo que sugiere una de dos cosas:

a) Que algunos dinosaurios hayan tenido cerebros lo suficientemente grandes como para ocupar toda la cavidad craneal.

b) Que durante la muerte y el entierro del dinosaurio, su cabeza se haya volcado, haciendo que cuando el cerebro comenzara a descomponerse, la gravedad lo haya hecho colapsar y presionarse contra el techo óseo de la cavidad.

Hasta ahora, no hay forma de precisar cuál de las dos deducciones es la más probable, pero sea cual sea, a pesar de su imperfecto estado de conservación, este fósil es importante porque nos puede ayudar a entender más a fondo cómo funcionaba el cerebro de los dinosaurios, así como su desempeño sensorial, su estilo de vida y su comportamiento.

5. Primer material de dinosaurio preservado en ámbar

Foto compartida por Lida Xing y su equipo

A principios de diciembre, el reconocido investigador de la Universidad China de Geociencias, Lida Xing vio un raro fósil consistente en una pieza de ámbar con una peculiar estructura en su interior en un mercadillo y lo adquirió antes de que se vendiera como una pieza de joyería. Luego, en conjunto con su equipo y con otros paleontólogos de Canadá y el Reino Unido, Xing estudió el fósil más a fondo determinó que lo que estaba enclaustrado en el ámbar era parte de una cola emplumada de 99 millones de años de antigüedad. El fragmento de cola conserva ocho vértebras y tejido blando, mide 3.7 centímetros, es de color marrón castaño en la parte superior y blanca en la parte inferior. Además, preserva las plumas y su distribución en condiciones prístinas, lo que facilita y hace más significativo su análisis. Tras examinar el espécimen, los investigadores indicaron que el fragmento de cola pudo ser de un terópodo juvenil no aviano perteneciente al linaje de los coelurosaurios, además de que el tipo de plumas presentes en este fósil no son las mismas que se ven en las aves y no parecen tratarse de las plumas vistas en un animal apto para el vuelo. Si bien este descubrimiento no implica que ahora se pueda extraer ADN del fósil para clonar dinosaurios a lo Jurassic Park (ya que contrario a lo que se ve en la película, el ámbar no preserva el ADN), no por eso deja de tener potencial para el futuro. Estudios más minuciosos pueden revelar mucho sobre la evolución de las plumas, su diversificación y su función en los orígenes del vuelo, además de que podrían revelar información relevante sobre por ejemplo, el sistema inmunológico del dinosaurio, cosa que a largo plazo podría resultar beneficiosa para la medicina de alguna u otra forma.

Y con eso cerramos la entrada y el año. Esperemos que el 2017 traiga descubrimientos igual de interesantes. Feliz Año Nuevo a todos.

Fuentes:
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/01/160107094108.htm
http://www.nature.com/articles/srep18952#f1
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/03/160311083926.htm
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/07/160711121517.htm
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/10/161012134216.htm
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/10/161027175858.htm
http://news.nationalgeographic.com/2016/10/dinosaur-fossil-brain-tissue-paleontology-animals-science/
http://primeraplananoticias.mx/portal/encuentran-cola-de-dinosaurio-con-plumas-conservada-en-ambar/
http://news.nationalgeographic.com/2016/12/feathered-dinosaur-tail-amber-theropod-myanmar-burma-cretaceous/
https://www.sciencedaily.com/releases/2016/12/161208141637.htm